«Los Miami» asesinan a un portero, líder de «Los Rompecostillas», y al relaciones públicas de un local de Ópera
EFE El cadáver de Catalin Stefan, ante la puerta de la discoteca en la que trabajaba como portero
«Los Miami», una marca plagiada por los delincuentes como símbolo de poder en el mundo del hampa
Hace 20 años que comenzó a hablarse de «Los Miami» —al igual que de «Los Iraníes», un clan que, por cierto, tienen en sus espaldas un asesinato muy similar, el del portero de la discoteca Amnesia, de la Ronda de Toledo, en 1999»—. El apelativo les venía de que, en un principio, se dedicaban a importar coches desde aquella ciudad de Florida.
Pero ya lo adelantó ABC el pasado 5 de junio. Matones a sueldo se estaban apoderando de la marca «Los Miami», y, con ella, de su historial de palizas, extorsiones, tráfico de todo tipo de drogas y crímenes. Incluso, en los últimos meses, han estado copando hasta horas y espacio en el llamado mundo de la prensa del corazón.
Pero una de las últimas hazañas de los verdaderos «Miami» tuvo lugar en octubre de 2005, con el brutal asesinato, justo al lado del parque de El Retiro, del abogado Rafael Gutiérrez Cobeño, cuando abandonaba su despacho de la calle de Menorca en su coche. Este abogado había sido investigado por la Audiencia Nacional y había pasado unos meses en la cárcel en 2001. Supuestamente, él y la mujer de Juan Carlos Peña, «El Enano» —cabecilla de «Los Miami»—, habían sacado un millón de euros de un banco suizo, pero fueron arrestados. Los integrantes actuales de la banda son, sobre todo, búlgaros y españoles.
Tres de la madrugada de ayer. Calle de la Priora, esquina con la plaza de Isabel II (o de Ópera), en pleno centro. Discoteca Palace, fiesta «Heaven», con mayoritaria presencia homosexual. Carlos Monge Hidalgo, español de 36 años y miembro de la renovada mafia de «Los Miami», entra en el local. Baja las escaleras y, cuando llega a la antesala de la discoteca, se topa con un viejo conocido: Catalin Stefan Crasiun, rumano de 31 años y con antecedentes por secuestro. Lidera la seguridad del local.
Cada uno de ellos pertenece a un clan enfrentado por el control de las puertas de las salas de ocio de Madrid. No tarda en producirse un enfrentamiento en el que el español recibe varios golpes en la cara y sangra. No tarda en esgrimir su pistola Glock, del calibre 9 milímetros y dispara cuatro veces. Catalin Stefan recibe un tiro en el cuello, otro en el pecho y un tercero en el abdomen. La cuarta bala va a parar al muslo de Roger L.U., barcelonés de 28 años y cliente de la sala. Éste, consciente, gritaba: «¿A qué hospital me lleváis?», en medio de la expectación que se generó en la sala, que estaba llena, aunque en un principio sólo muy pocos escucharon las detonaciones.
El criminal sale corriendo a la calle, atraviesa la plaza y se encamina a la calle del Arenal, que desemboca en la Puerta del Sol. Mientras, el rumano al que ha disparado se desploma a las puertas del local. Y allí muere. Detrás de Carlos Monge corren otros tres empleados: dos porteros rumanos (Virgil Diciu, de 36 años, y Aurelian Gabriel Albu, de 28), así como un relaciones públicas: el español Alejandro Muñoz Rojas-Marcos, de 24 años. Su madre es prima del prestigioso psiquiatra José Luis Rojas-Marcos y del ex alcalde de Sevilla Alejandro Rojas-Marcos.
Sospechoso y empleados corren por la calle del Arenal. Pero Carlos Monge comienza a disparar a sus perseguidores. Dos balas impactan en el pecho de Alejandro, que cae en el cruce con la calle de las Hileras. Morirá a las cuatro y media de la madrugada en la sala de operaciones del Hospital Gregorio Marañón.
Acorralado
Pero la carrera continúa. A la altura de la plaza del Celenque, Carlos dispara dos veces más contra uno de los rumanos. Aurelian recibe dos tiros en la espalda, y cae grave. Su compañero se libra por poco de la muerte, al sólo rozarle una bala la cabeza. Está leve. El Samur le dio de alta en el lugar, pero su compañero fue trasladado, grave, al Hospital Clínico San Carlos, informó Emergencias Madrid El asesino llega a la cercana calle del Maestro Victoria, donde tiene aparcado su coche. Cuando se dispone a subir en él, funcionarios de los «Centauros» y de la comisaría de Centro le acorralan. El hombre se esconde tras un vehículo y, según algunas fuentes, llega a disparar contra los agentes.
Pero se ve encañonado por seis policías, que le piden que tire el arma. El sospechoso abandona la pistola encima del capó del coche y se entrega. Al detenido le constan antecedentes en 2001 por amenazas, lesiones, robo con fuerza y tenencia de armas y munición: en 1993 ya figuraba otro archivo policial por robo con fuerza. Ayer se negó a declarar. No se descarta la intervención de más personas.
Hasta ahí, el relato de los hechos. Pero el asunto tiene mucho más calado. El Grupo X de Homicidios de Madrid sospecha que todo responde a cuentas pendientes entre dos clanes de delincuentes: los mencionados «Miami» y el grupo de los «Quebrantahuesos» o «Rompecostillas», liderado por el búlgaro Ivo y que cuenta con un «ejército» de compatriotas, rumanos y otros ciudadanos del Este de Europa para controlar los servicios de seguridad de las salas de fiesta madrileña. Es más, Catalin ya fue detenido en enero de 2008 por, presuntamente, haber participado en el secuestro del amigo de una persona que tenía una deuda de 21 kilos de cocaína con el grupo. La víctima era otro búlgaro, Malin Stefanev.
Secuestro en Gandía y Toledo
Fue abordado en Gandía (Valencia) en septiembre de 2007, fue trasladado a Méntrida (Toledo) dentro del maletero de un coche y, tras contactar con un amigo del secuestrado (al que pedían 900.000 euros), le liberaron, casi herido de muerte. Fue Catalin, alias «Cata», uno de los «lugartenientes» de Ivo, de metro noventa y complexión pasada por el gimnasio y los ciclos de anabolizantes, el encargado de apalear al secuestrado. La UDEV Central les detuvo, pero quedaron en libertad provisional.
En cuanto a los organizadores de «Heaven», también montaron el pasado Año Nuevo otra macrofiesta que duró hasta bien entrada la tarde en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Alguien se llevó buena parte de los abrigos del guardarropa. Fuentes policiales indicaron que, pese a los antecedentes de los porteros, tenían la documentación en regla para ejercer como tales en Palace. Los vecinos de la zona habían presentado ya varias denuncias contra la discoteca por el jaleo que se generaba cada vez que abría, desde que hace unos dos meses ofrecía la sesión «Heaven». Recientemente, la Policía acudió al local, porque, tras un partido de fútbol, algunos hinchas la montaron dentro. Carolina, una joven que ha estado en «Heaven» un par de veces, explicó a ABC: «Viene gentuza. Por las tardes acude gente mayor, pero de noche siempre hay algún lío».


