Benedicto XVI asegura en su mensaje navideño que sin solidaridad, «el mundo irá inevitablemente a la ruina»
Viernes, 26-12-08
El emotivo mensaje de Navidad del Papa incluyó este año una petición de ayuda «a los niños que viven por la calle sin un hogar», a «los niños explotados brutalmente como soldados» y a «los que sufren heridas permanentes en su alma por la industria de la pornografía y todas las demás formas abominables de abuso». Benedicto XVI imploró la paz para Oriente Medio, África y los países victimas del terrorismo.
La tradicional «misa del gallo», iniciada justo a la medianoche del 24 de diciembre, tuvo un sabor intimista en la basílica de San Pedro, mientras millares de personas que superaban la capacidad del templo la seguían a través de grandes pantallas de vídeo desde la plaza.
Primero, los despreciados
El Papa subrayó en su homilía que la noche de la primera Navidad Dios prefirió revelar su nacimiento «en primer lugar a personas de condición muy baja, despreciadas por la alta sociedad, como eran los pastores que cuidaban sus animales en las afueras de Belén».
Benedicto XVI comentó que el nacimiento del Hijo de Dios fue también una noticia extraordinaria para los mismos Ángeles que la anunciaron a los pastores. A la «gloria a Dios en lo alto del cielo» se une ahora la «gloria de la humildad y del amor» en una pobre gruta y el descubrimiento de que «la gloria de Dios es la paz» que los ángeles anuncian a los hombres de buena voluntad.
Pensando en el Niño de Belén, el Papa pidió ayuda para todos los niños en condiciones difíciles por ser víctimas de la explotación a manos de los adultos, de la pobreza, o de la falta de amor familiar. A su vez, pidió al Dios recién nacido que traiga al paz a los países en que tanto falta, empezando por la tierra de Jesús, y a «los países donde sigue golpeando el terrorismo». En ese contexto pidió que tanto en las naciones pobres como en las ricas «la luz de la Navidad estimule a todos a un espíritu de auténtica solidaridad. Si cada uno piensa sólo a los propios intereses, el mundo irá inevitablemente a la ruina». En su felicitación a Italia, el Papa se refirió a la crisis económica, pidiendo «que la Navidad sea ocasión de mayor solidaridad ente las familias y las comunidades».
Más peregrinos a Belén
Benedicto XVI felicitó ayer la Navidad en 64 idiomas y, justo antes de impartir la bendición «Urbi et Orbi», a la Ciudad y al mundo, volvió a hablar de la paz, pidiendo que «la luz divina de Belén se difunda en Tierra Santa, donde el horizonte vuelve a ser sombrío para israelíes y palestinos, que se difunda en el Líbano, en Irak y por todo Oriente Medio». El Papa mencionó también «la crisis política y social de Zimbabue», los problemas del Congo y el sufrimiento «de las regiones martirizadas del Kivu, del Darfur en Sudan, y de Somalia».
El Santo Padre recordó que el Jesús recién nacido que vio la luz en Belén «es, en realidad, la luz misma que se difunde, como reflejan tantos cuadros de la Navidad. Jesús es la luz que disipa las tinieblas, y nos permite comprender el sentido y el valor de nuestra existencia y de la historia».
Dentro del panorama sombrío que se cierne sobre Oriente Medio, al menos hay un signo positivo: el número de peregrinos que han podido acudir a Belén en las últimas semanas ha superado el cuarto de millón, la mayor cifra desde el comienzo de la segunda Intifada en el año 2000, poco después de la histórica visita de Juan Pablo II. Benedicto XVI observa en estos momentos de modo especial a Jordania, Israel y Palestina con la mirada puesta en el viaje que realizará la segunda semana de mayo.
Benedicto XVI pidió en su mensje navideño y en referencia a los conflictos que sufre el mundo que «fructifiquen los esfuerzos de quienes no se resignan a la lógica perversa del enfrentamiento y la violencia y prefieren, en cambio, la vía del
diálogo y la negociación para resolver tensiones». Asimismo y en al línea de una mayor atención a la naturaleza creada y al medioambiente, el Papa comentó un poético salmo: «Que se alegren los árboles del bosque ante el Señor que viene».
El nacimiento de Jesús conmueve también a la naturaleza, y por eso «los árboles del bosque se acercan a Él y exhultan».
Según Benedicto XVI «también el árbol de la Plaza de San Pedro habla de Él, quiere transmitirnos su esplendor y decir: Sí, el Señor ha llegado, y los árboles del bosque lo aclaman». Por eso, los árboles navideños «de nuestras ciudades y de nuestras casas deben ser algo más que una costumbre festiva pues señalan a la persona que es la razón de nuestra alegría: el Dios hecho niño», concluyó el Santo Padre.

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