El ingeniero español que desarrolló un teléfono móvil hace un siglo

El ingeniero español que desarrolló un teléfono móvil hace un siglo

Mónico Sánchez emigró a Nueva York y acabó inventando un aparato de rayos X y colaborando en el primer teléfono móvil de la historia

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De vez en cuando, la humanidad se encuentra personas que poseen mentes brillantes y adelantadas a su tiempo, capaces de triunfar en las condiciones más adversas. Como el caso de Mónico Sánchez, un español nacido en 1880 en un pueblo perdido de Ciudad Real, que emigró a Nueva York y acabó inventando un aparato portátil de rayos X y trabajando en la telefonía sin hilos.

Tal y como podemos leer en la web «Esmateria», Mónico Sánchez estaba destinado a ser uno más de los cientos de jóvenes analfabetos que crecían en los pueblos de España. Sin embargo, cuando tenía 21 años su curiosidad lo llevó a emigrar a Madrid para estudiar ingeniería eléctrica, a pesar de que ni siquiera tenía el bachiller elemental.

Al llegar a la capital, descubrió que la escuela de ingenieros industriales estaba cerrada a causa de una huelga estudiantil. Lejos de renunciar a su sueño, decidió matricularse en un curso a distancia de electrotecnia impartido desde Londres por el ingeniero Joseph Wetzler, según narra el físico Manuel Lozano Leyva en su libro «El gran Mónico», dedicado a la apasionante vida de este ingeniero.

A pesar de que no sabía ingles, Sánchez superó el curso de forma brillante y Wetzler lo recomendó para un puesto en una empresa eléctrica de Nueva York. Con apenas 23 años, el joven había saltado de un pueblo manchego a la ciudad más importante del mundo.

Allí, no solo consiguió asistir a un curso de electricidad en la Universidad de Columbia, sino que comenzó a trabajar como ingeniero de la Van Houten and Ten Broeck Company, dedicada a la aplicación de la electricidad en los hospitales. En esta empresa creó un aparato de rayos X portátil que apenas pesaba 10 kilogramos, frente a los 400 de los equipos tradicionales. Gracias a este revolucionario invento que salvó miles de vidas en la I Guerra Mundial, Sánchez se ganó el respeto de los ingenieros neoyorquinos.

Posteriormente, Frederick Collins lo contrató en su empresa, la Collins Wireless Telephone Company, donde participó en el desarrollo de un teléfono sin hilos capaz de comunicarse a más de cien kilómetros. Desgraciadamente este aparato se calentaba rápidamente y comenzaba a arder a los quince minutos de conversación. Collins intentó vender su aparato como una realidad y fue acusado de estafa.

Cuando el escándalo estalló, Sánchez ya había abandonado la empresa. En 1912 decidió regresar a España y emplear parte de su enorme fortuna en crear un centro de alta tecnología en Piedrabuena, su pueblo natal, que en aquella época aún carecía de suministro eléctrico, para fabricar allí sus aparatos de rayos X.

Apenas un año más tarde, el centro era ya una realidad y casi todo el pueblo disponía de electricidad gracias a la central que Mónico Sánchez ordenó construir. Hasta su muerte, ocurrida en 1961, este singular personaje intentó seguir innovando y elevar el nivel de vida de sus paisanos. Un ejemplo que, sin duda, es muy necesario imitar.