El crucifijo dañado de la Iglesia de San Jeremías
El crucifijo dañado de la Iglesia de San Jeremías - ABC

Varios sucesos de profanación en Iglesias en Venecia preocupan al clero

La diócesis pide la colaboración de laicos para garantizar la vigilancia

VeneciaActualizado:

Surge cierta alarma en la diócesis de Venecia por diversos episodios de profanación contra la Iglesia por parte de islamistas. Hace un mes, un joven magrebí, que después fue expulsado del país, rompió el brazo de un crucifijo del siglo XVII en la Iglesia de San Jeremías, cerca de la plaza de San Marcos.

Se pensó que podía tratarse de un incidente aislado a manos de un desequilibrado. Pero el domingo pasado se produjo la denuncia de don Massimiliano D’ Antiga, párroco de San Zulian (dialecto veneciano por San Giuliano): Cuatro mujeres islámicas con el velo escupieron sobre el crucifijo. «Es un hecho lamentable y preocupante», comentó monseñor Dino Pistolato, brazo derecho del patriarca de Venecia, Francesco Moraglia.

Para calmar ánimos y tratando de evitar cualquier confrontación, Monseñor Pistolado hizo esta advertencia a los fieles: «No elevemos el tono ni hay que crear tensiones, pero vigilemos con ojos atentos. Está bien que las comunidades parroquiales se activen para garantizar los controles con la presencia de laicos, quizás por turnos, para apoyar a los sacerdotes, y estén atentos para señalar eventuales situaciones anómalas».

El patriarca de Venecia considera que las iglesias deben permanecer abiertas: «Es fundamental que las iglesias sean lugares de culto abiertos, accesibles y a disposición de quien desee rezar».

Profanación grave

Otra profanación grave denunció ayer el director del periódico «Libero», Vittorio Feltri: «Unos jóvenes árabes se presentaron a misa en la iglesia de San Zulian; recibieron la comunión, fingiéndose devotos católicos, e inmediatamente después vomitaron la hostia sobre el altar como si fuera alimento del diablo, blasfemando contra Jesucristo».

Feltri hace una durísima condena: «Se trata de un ataque terrorístico a escondidas, sin sangre, pero que hace sangrar el corazón de uno como yo que soy ateo, pero que al mismo tiempo soy hijo de esta tierra donde suenan las campanas y el panorama está lleno de crucifijos. Han escupido a un Cristo, que será de madera, pero yo lo he sentido sobre mi cara y la de los míos, que me han enseñado la señal de la cruz».