Gaspar González está con el proyecto de fin de carrera de Arquitectura Superior. En verano acude a Burundi a ayudar a construir escuelas
Gaspar González está con el proyecto de fin de carrera de Arquitectura Superior. En verano acude a Burundi a ayudar a construir escuelas - GG
Día Internacional del Voluntariado

Los universitarios españoles más solidarios

Un total de 5.000 jóvenes de 102 proyectos de 86 universidades se presentan a los III Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, que repartirá un total de 35.000 euros entre los seis trabajos que resultarán ganadores

MADRIDActualizado:

Los jóvenes universitarios suponen una parte importante de los voluntarios de las ONG de nuestro país. De hecho, son casi un tercio. Y la tendencia va en aumento. El 75% de las universidades españolas emprendieron durante 2014 más proyectos sociales que en el año anterior. Así se desprende del estudio realizado por la Fundación Mutua Madrileña con motivo de sus III Premios al Voluntariado Universitario. Las universidades de Málaga, Barcelona y Santiago de Compostela son las que cuentan con mayor número de estudiantes voluntarios. Las más comprometidas son la Universidad de Gerona, la Universidad Pontifica de Comillas, la Universidad de Navarra, la Politécnica de Cataluña y la Politécnica de Valencia.

La mayor parte de los proyectos de voluntariado impulsados por las universidades españolas están relacionados con la población infantil, apoyo escolar, acompañamiento en hospitales, colectivos en riesgo de exclusión. Es el caso de Alba, de Gaspar o de Patricia, jóvenes universitarios. Pero, sobre todo, solidarios. Los proyectos en los que participan fueron premiados el año pasado por la Fundación Mutua Madrileña.

Alba García (Izquierda), con otra voluntaria de Aspanion
Alba García (Izquierda), con otra voluntaria de Aspanion- AG

Alba García estudia ahora mismo un máster en la Universidad Ramon Llull mientras desarrolla su voluntariado en el Hospital General de Alicante a través de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana ( Aspanion). «Atendemos a los niños y estamos con ellos para que los padres tengan un respiro. Jugamos con los nenes o simplemente les hacemos compañía». Tratar con niños siempre es gratificante, pero las especiales circunstancias de estos pequeños hace que también sea a veces muy difícil. «Es complicado verlos con cáncer. Por eso cada voluntario va solo un día a la semana. Para que su situación no te afecte excesivamente. Es muy duro cuando preguntas por algún niño con el que has coincidido más de lo habitual por haber tenido una hospitalización larga y te dicen que no salió bien. Hay voluntarios que han dejado de ir porque les superó la situación». Afortunadamente, lo normal es que todo salga bien. «Recuerdo a un nene de dos años al que sus padres le dijeron que estaban allí de vacaciones. Y él se creía de verdad que estaba en un hotel porque todo el mundo jugaba con él. No se quería ir cuando le dieron el alta. Los momentos buenos compensan con creces los malos».

Patricia González (a la derecha), con otra voluntaria de Bokatas
Patricia González (a la derecha), con otra voluntaria de Bokatas- PG

Patricia González Ortega ya no estudia. Acabó hace poco su carrera de Económicas en la Autónoma de Madrid. Con sus compañeros de la Asociación Bokatas se dedica a hacer compañía y ayudar a salir de la calle a personas sin hogar. Un colectivo que ella quiere visibilizar porque «no son en absoluto como la gente piensa. No son vagos ni alcohólicos. Son gente a los que la vida ha golpeado muy duro en muy poco tiempo. Y se han roto. Yo he conocido a un directivo de una gran empresa que se divorció y perdió a un ser querido casi a la vez. Cuando iba hacia su trabajo, paró y se sentó en un banco. Se quedó allí todo el día. A la mañana siguiente hizo lo mismo y al siguiente día se quedó ya a dormir. No volvió nunca más a su casa. Todavía sigue en la calle». La misión de Patricia y el resto de voluntarios consiste en hacer compañía a estas personas que ya no se sienten como tales, «que se creen mobiliario urbano». Les llevan un café y un bocata cuando hacen sus «rutas de calle» y les ofrecen la posibilidad de acudir a otros centros donde pueden ayudarles. «Pero siempre que ellos lo pidan. Dejamos que tomen ellos la decisión, queremos que vuelvan a ser protagonistas de su vida». Pero no es fácil. La mayoría no consiguen salir, reconoce Patricia. «No hay casi recursos para ellos. Si hubiese más ayudas personalizadas, porque cada caso es diferente, podríamos conseguir que la mayoría retomase sus vidas».

Gaspar González estudia arquitectura y pertenece a la Asociación Solidaria Universitaria. «En 2007 montamos una ONG después conocer a un sacerdote de Burundi que acababa su doctorado de Teología en la Universidad Pontificia Comillas y nos pidió ayuda. Así comenzamos a colaborar con la universidad de la ciudad de Ngozi». Gaspar y sus amigos iniciaron entonces proyectos de cooperación con cursos de inglés y de construcción de una pequeña escuela de Primaria que después pudieron ampliar gracias al premio de la Fundación. «Fue una experiencia espectacular que he repetido durante seis veranos. Ver que el trabajo de año tras año ha conseguido cambiar la vida a muchas personas es una sensación increíble». Como él, por Burundi han pasado 130 voluntarios. Y todos se han pagado su viaje y alojamiento, unos 1.200 euros. «Se quedan muy sorprendidos cuando al ir entablando amistad con ellos se enteran de que has estado todo el año trabajando y ahorrando para venir a ayudarles. Se piensan que "a los blancos" nos sobre el dinero y que no nos supone ningún esfuerzo venir aquí. Como si fueran unas vacaciones».

Gaspar González con dos alumnos de la escuela de Primaria que ayudó a construir en Ngozi, Burundi
Gaspar González con dos alumnos de la escuela de Primaria que ayudó a construir en Ngozi, Burundi - GG