Lluis Val, gerente territorial de Turnitin España, muestra cómo funciona el software - Pep Dalmau | Vídeo: Así se pilla a los plagiadores de tesis ATLAS
PLAGIO TESIS PEDRO SÁNCHEZ

«El porcentaje nunca a va ser un criterio irrefutable para determinar si hay o no plagio en una tesis»

Docentes y desarrolladores de software antiplagio admiten que el programa por sí solo no es capaz de determinar si un trabajo es original

MadridActualizado:

El uso de programas informáticos para detectar plagios comenzó a extenderse en las universidades españolas hace cuatro años, en 2014. Hasta entonces, solo 15 centros los empleaban. Fue la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) la que puso en marcha un grupo de trabajo para animar a todos los campus a usar estas herramientas. Al acabar el proyecto, un año después, «medio millón de alumnos estaban cubiertos con los programas», explica Santiago Portela, director de tecnología de la Universidad Alfonso X El Sabio y coordinador del grupo de trabajo que negoció con los grandes actores tecnológicos para traerlos a España.

Estos programas, aunque no son idénticos, funcionan de la siguiente manera: el profesor recibe el trabajo de un estudiante y lo sube a la nube de la plataforma. Una vez alojado allí, compara cada párrafo con toda la información disponible en Internet y, también, con todos los trabajos subidos a la plataforma (incluso de otras universidades) que pueden no estar en la red. Hay una tercera operación, en la que se compara el documento con artículos de revistas científicas a las que no se puede acceder salvo previo pago. Una vez realizadas estas acciones, que duran unos pocos minutos, «sale un informe en el que aparecen, en porcentaje, las similitudes del documento del alumno con otros para que el profesor vaya cotejando y verificando», explica Portela, que recuerda que la responsabilidad final recae en el docente, ya que la plataforma «no es un garante de nada». «Ningún automatismo —precisa— puede descartar o confirmar el plagio, la herramienta está al servicio del docente que es el que tiene que comprobar si una vez arrojado el informe de similitud, el texto está citado o no, o se calcó el texto tal cual». El propio Portela, que negoció la llegada de Turnitin a España, el software más usado en nuestro país, recuerda que estas herramientas «están lejos de ser capaces de dictaminar si un trabajo es original o no».

Turnitin y PlagScan fueron los programas empleados por Moncloa para analizar la tesis de Sánchez, que colgó en Internet ayer, 52 horas después de sostener que ya estaba en la red y tras la presión por las informaciones publicadas en este periódico. En un comunicado, Moncloa explica que tras analizar la tesis, «la evaluación de las herramientas Turnitin y PlagScan, determinan el contenido original de la tesis, superando ampliamente los estudios de coincidencias. En el caso del Turnitin ha obtenido un 13%. En PlagScan ha cifrado un 0.96%, cada uno con su metodología». Agregan, además, que «existe un amplio consenso en el ámbito académico en considerar que se trata de porcentajes normales, de acuerdo a la normativa y los protocolos de verificación».

«Es solo un indicativo»

Pero no solo Portela señala que las herramientas por sí solas, «no hacen nada» y que el trabajo «tiene que pasar por un profesor para evaluar su originalidad». El propio gerente de Turnitin en España, Lluís Val subraya que la herramienta no es «como pasar por un control de alcoholemia». «Nunca nos va a decir si estás ebrio o no estás ebrio», explica Val, que precisa que el porcentaje de coincidencias del texto con la base de datos es «solo un indicativo de lo que puede estar pasando con ese trabajo».

«El tanto por ciento de coincidencia con otros textos nunca a va ser un criterio irrefutable para determinar si hay o no plagio. Debe ser el profesor el que tome las acciones necesarias de acuerdo a cómo entiende el documento, del conocimiento que tenga de los estudiantes y de mil factores que son intrínsecos a la profesión de educar», indica el responsable de este programa, creado en 1998 por un grupo de cuatro estudiantes de doctorado de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos). Hoy esta herramienta es utilizado por 26 millones de estudiantes y profesores en todo el mundo de más de 15.000 instituciones en 140 países.

Vall explica que en el ámbito universitario hay una «preocupación creciente» por «protegerse» de este fenómeno. «Vamos un poco tarde con respecto a otras sociedades como la anglosajona que ya cuentan en los centros universitarios con un director de integridad académica que ante cualquier incidente establece códigos éticos. Evidentemente en España estamos en una fase más inmadura». En España, aparte de Turnitin, también se usa Urkund (Universidad de Barcelona), Compilatio (Universidad de Castilla-La Mancha), Unicheck (Rey Juan Carlos o Alfonso X) o PlagScan (Universidad de Extremadura). «Se trata de una eficaz herramienta para evitar los fraudes académicos. Una vez pasada la aplicación al trabajo del alumno aparece un porcentaje de similitud en relación a otros textos que ayuda a los profesores a determinar si un alumno ha copiado», asegura Manuel Gertrudix, vicerrector de Ética, Transparencia y Buen Gobierno de la URJC, cuyo Instituto de Derecho Público fue clausurado por supuestas irregularidades, y donde se ofertaban los másteres que obligaron a dimitir a Cristina Cifuentes y Carmen Montón y por el que se investiga a Pablo Casado. En esta universidad, por ejemplo, «el porcentaje de similitud para considerar que se ha copiado tiene que estar entre un 20 a 25%».

No hay umbral

Antonio Obregón, vicerrector de Ordenación Académica de la Universidad Pontificia Comillas (donde también se usa Turnitin) discrepa con la importancia dada por la Rey Juan Carlos a los porcentajes. De hecho, en su universidad no hay establecido un umbral a partir del cual se considera que se ha plagiado. «La clave no es el porcentaje, que sea el 13, 22 o 55 no es revelador; lo importante es el trabajo que tiene que tomarse el profesor para comprobar si esas similitudes se han citado o no», sentencia Obregón que recuerda que si el porcentaje es alto, podría llegar a indicar «un buen hacer académico, que el alumno ha manejado muchas fuentes, siempre que se citen y entrecomillen cuando son texturales».

En el otro extremo, si el porcentaje es pequeño, «podría indicar plagio; solo un 10-15% copiado sin cita es un plagio impresionante» y, además «también puede ocurrir que el autor no haya manejado suficientes fuentes». Si, incluso, el valor llegara a «cero», podría tratarse, a juicio de Portela, de «un error informático». De ahí que la última palabra sea del profesor: «El plagio es una cuestión académica, no informática», concluye Portela.

Amelia Díaz, secretaria ejecutiva de la sectorial de asuntos académicos de la CRUE, señala también que la eficacia de estos programas es elevada, «funciona muy bien porque los plagios más claros los detecta enseguida, pero hay veces en que depende de la tesis y hay que tener cuidado, hay que hacer siempre una segunda lectura», advierte.

Juan Antonio Huertas, vicerrector de Coordinación Académica y Calidad de la Universidad Autónoma de Madrid (donde también se usa Turnitin) recuerda que «la propia experiencia de los docentes es un buen mecanismo para detectar ideas o escritos que no son propios del autor de la tesis y que no están referenciados». En la UAM, explica Huertas, todos los docentes tienen a su disposición un programa de detección del plagio, «el informe que finalmente elabora la dirección de la tesis y luego la coordinación del doctorado debe garantizar la novedad, el rigor y la relevancia de la tesis en cuestión». Díaz, por su parte, recuerda que «las universidades no tienen obligación de usarlos» y que, pese a que ninguna universidad facilitó datos del número de plagios totales, «no son tan generalizados; todos estos casos que salen son aislados».

El PlagScan, a diferencia de Turnitin, revela el porcentaje de párrafos plagiados. Su gerente, Mauricio Fernándes, explica a ABC desde Colonia, que «el único porcentaje de plagio aceptable es el 0%». Este software es mucho menos utilizado. Apenas cuenta con 1,5 millones de usuarios individuales y su base de datos es menos extensa, al contar con menos instituciones educativas (1.500) incorporadas al sistema.