Calentamiento

La extensión del hielo ártico tras el invierno registra otro mínimo histórico

La superficie máxima se alcanzó el 7 de marzo, iniciándose la temporada de fusión del hielo marino

MadridActualizado:

El hielo marino del Ártico ha alcanzado su extensión máxima para este año, y además de haberse producido dos semanas antes que el año pasado también es la más baja desde que comenzaron las mediciones por satélite en 1979, y lo es por tercer año consecutivo. Según los datos preliminares divulgados por el Centro Nacional para la Nieve y el Hielo (NSIDC, en sus siglas en inglés), la extensión máxima se alcanzó el pasado 7 de marzo, con una superficie de 14,42 millones de kilómetros cuadrados. A partir de ese día las señales parecen indicar que se ha iniciado la temporada de fusión del hielo marino.

La extensión del hielo marino este invierno es la más baja jamás registrada en los 38 años de registros. El hielo invernal se ha quedado ligeramente por debajo de la superficie de hielo en el mar de los inviernos de 2015 y 2016, y quedado 1,22 millones de kilómetros cuadrados por debajo de la media 1981-2010, que es de 15,64 millones de kilómetros cuadrados.

Los científicos del Centro Nacional para la Nieve y el Hielo apuntan a que la causa está en un otoño y un invierno muy cálidos, con temperaturas en superficie 2,5ºC por encima de la media del oceáno Ártico. Además, este invierno la región registró tres olas de calor, un fenómeno que en el Ártico nunca se había dado hasta el invierno de 2015-2016. Mark Serreze, director del NSIDC, cuenta que «he estado estudiando los patrones del Ártico durante 35 años y jamás he visto nada parecido a lo que hemos experimentado estos dos últimos inviernos».

Como confirma la Organización Meteorológica Mundial en su Declaración anual sobre el estado del clima mundial, al menos tres veces en este invierno boreal, en el Ártico se ha observado el equivalente polar de una ola de calor, y la presencia de intensas tormentas del Atlántico impulsó la entrada de aire cálido y húmedo. «Eso significa que en pleno invierno ártico y durante el periodo de recongelamiento de los hielos marinos, hubo días en los que se estuvo cerca del punto de fusión», según explica Ana Casals, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Menos volumen

Además, los datos procedentes del satélite CryoSat-2 de la Agencia Espacial Europea muestran que este invierno la capa de hielo es ligeramente más fina comparada con la de los últimos cuatro años. Y datos de la Universidad de Washington revelan que el volumen de hielo es inusualmente bajo para esta época del año. «Esta situación de hielo fino acosado por temperaturas cálidas no es precisamente la mejor forma de empezar la temporada de deshielo», explica gráficamente Ted Scambos, científico principal del NSIDC.

Julienne Stroeve, investigadora del NSIDC, explica que «este hielo tan fino entrando en la temporada de fusión nos avisa de que existe la posibilidad de un nuevo mínimo histórico de hielo marino tras el verano».

Walt Meier, científico en el Instituto Goddard de la NASA, vaticina que, en última instancia, lo que probablemente va a jugar un papel primordial en la evolución futura de la extensión del hielo ártico es el calentamiento de las aguas del océano. «La nieve y el hielo reflejan el 86% de la energía solar. A menor extensión de hielo, más calor absorbe el océano, que se calienta y vuelta a empezar. Es un calentamiento amplificado a medida que se va retrayendo el hielo marino», explica Stroeve.

Casi el área de Portugal

Y este efecto es aún mayor en verano que en invierno, cuando durante meses el sol no sale dentro del círculo polar ártico. Así, la extensión del hielo marino en invierno ha ido descendiendo a razón de un 2,6% por década, mientras que en el verano el descenso ha sido de un 13,4% por década. La pérdida media de hielo en verano entre 1850 y 2015 asciende a casi 20.000 kilómetros cuadrados al año. Pero esta pérdida se acelera, y entre 1979 y 2015 la cifra media es de 83.000 kilómetros cuadrados al año, un poco menos que el área de Portugal.

«Aunque la extensión máxima del hielo en el Ártico no es tan importante como el mínimo tras el verano, el declive a largo plazo es un indicador claro de cambio climático», explica Meier. Y es que el Ártico «se está calentando dos o tres veces más rápido que el resto del planeta y los cambios están ocurriendo en todas las estaciones y en todas las regiones», concluye Stroeve.