Geoffrey
Geoffrey - Wolrd Vision Malawi

Ciclón Idai: el relato de cómo las lluvias se lo han llevado todo

A principios de marzo, las precipitaciones causaron severas inundaciones en Malawi, una crisis ahora agravada por el ciclón Idai, que ha dejado un saldo de hasta 1.000 muertos en Mozambique

Actualizado:

Cuando la aldea de Mpama (en Malawi) estaba completamente en silencio, sin nada más que sonidos de ranas que habían sido arrastradas río arriba por el río Fafafa, Geoffrey decidió irse a la cama. Él no sospechaba que sería el último día del lugar al que él llamaba hogar.

«Aparte de las continuas lluvias no hubo nada sorprendente durante el día», recuerda Geoffrey de 15 años. Desde que regresó de la escuela bajo el aguacero que había comenzado el día anterior, no tuvo tiempo de salir a jugar al fútbol con sus amigos en el campo que hay junto a su casa. Como tenía un examen de inglés el día siguiente, pensó que era una gran oportunidad para prepararlo mejor.

Su casa, fabricada con láminas de hierro, estaba asentada entre dos ríos, Fafafa y la delgada M’thawanjoka cuyo nombre se traduce literalmente como «huir de la serpiente». Los ancianos del pueblo dicen que antiguamente la gente solía evitar el río cuando llovía debido a su peligro de arrasar con la gente.

Luego llegó la noche.

Después del banquete de maíz verde y calabazas hervidas con su abuela, Geoffrey y sus hermanos se despidieron para ir a dormir. Pero solo unas horas después de acostarse, algo ocurrió.

Él no podía entender lo que estaba pasando. Geoffrey se dio cuenta de que algo no iba bien cuando literalmente una fuerza enorme le echó de su casa y le empujó contra una roca. No sabía que era una avalancha de agua y rocas porque nunca la había visto.

Había mucho ruido que venía principalmente de las montañas, a una distancia de cuatro campos de fútbol de su casa. Y fue entre ese ruido cuando escuchó los gritos de sus hermanos, pidiendo ayuda desde varias partes de su patio que ya estaba cubierto de agua y barro. Ellos también habían sido arrastrados lejos de la casa que ya no existía, excepto por una pared que permanecía inmóvil.

Geoffrey salvó a su familia

«Mientras iba hacia Posha, mi hermanito de 9 años, vi que la pared de mi habitación se derrumbaba, salí corriendo y lo cogí para dejarlo sobre una piedra grande que estaba allí», recuerda Geoffrey, que no sabía cómo habían llegado hasta ahí todas esas piedras. Esta fue la última parte de la casa en caer.

Repitió el proceso con sus otros cuatro hermanos antes de buscar a su abuela que no estaba a la vista. Empezó a ponerse tenso, fruto del miedo y la inseguridad. Entre consolar a sus hermanos y buscar a Gogo (su abuela), eligió esto último. «En ese momento todos comenzamos a llamarla. Estaba triste y asustado porque pensé que quizás había sido arrastrada por el agua hasta el río», dijo Geoffrey con una expresión de tristeza en su rostro infantil cuando miró en dirección al río Fafafa, que ha matado a cientos de personas en Mozambique.

«Mientras caminaba por los alrededores, luchando a cada paso contra el barro, escuché una voz tenue que pedía ayuda. No la oía con claridad, pero sabía que era Gogo y de donde provenía la voz», dijo Geoffrey, ahora luchando por hablar. «Cuando la menciono, siento pena por ella», agregó.

Geoffrey encontró a su abuela debajo de un montón de hierros y árboles que habían sido arrastrados de otras casas. Poco a poco, se fue haciendo hueco hacia ella, incluso se lesionó en el proceso, hasta que consiguió que Gogo se pusiera a salvo.

En la aldea de Mpama, las rocas masivas arrastradas desde la montaña Chiradzulu están dispersas por todas partes; la evidencia de su destrucción puede ser vista en las muchas casas de ladrillos destrozadas en el suelo. El agua está en todas partes y muchas personas no tienen a dónde ir.

Permanecieron toda la noche intentando refugiarse y protegerse unos a otros. Por la mañana, cuando todo estaba más tranquilo fue cuando se dio cuenta de que su pierna estaba lesionada. Una hoja de hierro había cortado profundamente su pierna izquierda.

«Esa noche no estaba solo. Dios estaba aquí», dijo, apuntando con su dedo índice derecho al suelo mientras miraba los restos de lo que solía ser su hogar. «No podría haberlo hecho solo», agregó, sacudiendo la cabeza.

Unos metros más atrás de él su hermana envuelve su rostro entre sus manos. Él la mira y dice que no ha hablado mucho desde que la tragedia cayó sobre ellos.

Inmediatamente, Gogo fue llevada al hospital de Chiradzulu desde donde fue enviada al Hospital Central Queen Elizabeth, el mayor hospital de referencia de Malawi. «Queremos que ella se recupere pronto y regrese a casa», dice Norah. «¿Pero a qué hogar regresas cuando todo lo que tenías fue arrastrado por el deslizamiento de tierra?»

Aparte de su abuela y, por supuesto, de la casa, Geoffrey está triste porque perdió su examen de inglés y desde entonces no ha ido a la escuela. Lo peor, es que no sabe cuándo podrá volver.

Escrito por Charles Kabenam, de la ONG World Vision Malawi