Imagen de un examen de Cambridge English realizado en Granada
Imagen de un examen de Cambridge English realizado en Granada - ABC

Los infalibles controles que impiden copiar en los exámenes de inglés de Cambridge

La prohibición total de móviles durante cuatro horas se suma a una vigilancia estricta y a revisiones estadísticas de las pruebas. Se estudia, además, implantar el reconocimiento facial

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Cambridge English, el departamento de la célebre universidad británica que examina de inglés cada año a cinco millones de personas, sabe que se juega su prestigio con la seguridad de las pruebas. «No podemos dejarnos engañar por defraudadores, porque eso convertiría el certificado en mercancía barata», asegura el responsable de velar por la calidad de los exámenes en España y Portugal, Ramón Parrondo.

Por eso, la entidad trata de «ir un paso por delante de las tecnologías» y extrema las medidas de vigilancia. Este año, precisamente, ha incluido una novedad en sus protocolos de seguridad. Hasta el pasado año, no se permitía tener un dispositivo electrónico durante las pruebas, pero sí se podía consultar en los descansos entre «papers» (las distintas partes de la prueba). Ahora, ni eso. El examinando deberá depositar el dispositivo a la entrada y no lo podrá recuperar hasta que salga, unas cuatro horas después.

Pero Cambridge no descarta ir más allá. Parrondo asegura que se estudia implantar medidas de control biométrico, como reconocimiento facial, registro digital del iris o de la huella dactilar. En este caso, se persigue evitar una posible suplantación del candidato a obtener el certificado.

La organización pone especial celo en garantizar que la identidad corresponde a la persona debida. De hecho, a través de la Oficina de Cualificaciones británica, Ofqual, el Ministerio del Interior de ese país tiene acceso al expediente, que incluye una fotografía, ya que el título de inglés se intenta utilizar como coladero para obtener un visado en el Reino Unido, explica Ramón Parrondo.

El protocolo más estricto del mundo

La seguridad en los exámenes es para Cambridge English y sus protocolos son posiblemente los más estrictos del mundo. Las controles no se limitan al tiempo de la prueba, sino que comienzan antes, con la selección de los centros examinadores de cada país, y continúan una vez realizadas, cuando lo realizado por los candidatos se revisa en Inglaterra.

Para empezar, según explica Ramón Parrondo, los centros que van a encargarse de albergar las pruebas de inglés de Cambrige en sus distintos niveles se someten a exhaustivos controles por parte de la organización para comprobar que cumplen con los requisitos para garantizar que los exámenes se realizan con los estándares exigidos. En este sentido, se verifica su seguridad financiera, su infraestructura y su capacidad para la custodia de los exámenes, que constituyen un material altamente sensible.

Una docena de inspectores se encarga en España de esta tarea y realizan «no sólo controles aleatorios, sino ex profeso y sin aviso previo», asegura Parrondo. Si su informe es negativo, se puede llegar a revocar la autorización para llevar a cabo los exámenes.

No obstante, el día de la prueba es «el momento más crítico», reconoce el Head of Network Services de Cambridge English en España y Portugal. No se permite la entrada de móviles ni de ningún otro dispositivo que permitan contener, transmitir o recibir información. Los bolsos y carteras también deben quedar fuera de la sala. Sólo se permite lo imprescindible para realizar el examen: bolígrafo, lápiz y goma de borrar.

No obstante, Parrondo admite: «No somos un aeropuerto y no tenemos un arco detector de metales ni vamos a cachear a nadie». En cambio, tienen un equipo de vigilantes bien entrenados para advertir cualquier gesto extraño que pueda dar pistas de un intento de fraude.

En el examen se establece también una distancia mínima entre candidato y candidato de 1,25 metros para evitar que se copie.

En cualquier caso, los tiempos son muy justos y exigen estar cien por cien volcado en responder a todas las preguntas, por lo que cualquier movimiento extraño o mirada furtiva enseguida despierta las sospechas de los «cuidadores».

Pero los controles no acaban cuando termina la prueba. Cuando los exámenes llegan a la central de Cambridge, se someten a una meticulosa revisión estadística, de modo que cualquier resultado que se sale de lo habitual -calificaciones excepcionalmente altas o bajas en determinadas partes, respuestas a preguntas que no siguen patrones normales...-, se mira con lupa. Si existe duda, como se dispone de un croquis de cómo estaban distribuidos los candidatos, se estudia dónde estaba sentado el investigado y si pudo haber copiado a otros. Se reúne un comité y en ocasiones pueda acabar descalificando al aspirante al certificado.

«El grado de infalibilidad es muy alto», concluye Ramón Parrondo.