El papa Francisco durante la celebración de la misa en Corea del Sur
El papa Francisco durante la celebración de la misa en Corea del Sur - EFE

El Papa avala una intervención en Irak «sin bombardeos ni guerras»

«Cuando hay una agresión injusta es lícito detener al agresor, pero no bombardear»», afirmó el Papa Francisco, durante su viaje de vuelta a Roma

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«Cuando hay una agresión injusta es lícito detener al agresor injusto, pero no bombardear, no hacer una guerra. Los medios deben ser evaluados», afirmó el Papa en una rueda de prensa durante su viaje de vuelta a Ciudad del Vaticano, en referencia a los bombardeos del ejército de los Estados Unidos en Iraq.

«Después de la II Guerra Mundial esto es un deber de Naciones Unidas», señaló el Papa, para recordar cómo «tantas veces, con la excusa de detener a los agresores, las potencias se han apropiado de los pueblos y han realizado verdaderas guerras de conquista».

Por otro lado, el Papa llamó a las dos Coreas a dialogar en la última homilía de su visita a Corea del Sur dedicada a la paz y la reconciliación y remarcó que todos los coreanos son "hermanos y hermanas de una misma familia".

"Recemos para que surjan nuevas oportunidades para el dialogo y para resolver las diferencias", apuntó el pontífice en italiano en la catedral de Myeongdong de Seúl durante la misa "por la paz y la reconciliación", su último servicio religioso en la jornada final de un histórico viaje de cinco días al país.

Francisco recordó que los coreanos sufren "una experiencia de división y conflicto que ha durado más de 60 años" y afirmó que "la cruz de Cristo revela el poder de Dios para superar cada división, curar cada herida y restablecer los lazos originales de amor fraternal".

El pontífice apeló a "la generosidad de proveer asistencia humanitaria a aquellos que la necesitan", y a "un mayor reconocimiento de que todos los coreanos son hermanos y hermanas, miembros de una misma familia".

Jorge Mario Bergoglio ya hizo referencia a la división de las dos Coreas el pasado jueves, primera jornada de su histórica visita, en la que hizo un llamamiento a "buscar la paz" y "derribar los muros de la desconfianza".

La última misa contó con la asistencia de aproximadamente un millar de personas, así como 700 miembros y empleados de las 16 diócesis de Corea del Sur.

También atendió la ceremonia la presidenta Park Geun-hye, 50 estudiantes de secundaria -"el futuro de la Iglesia y la sociedad" según los organizadores-, 8 inmigrantes que representan a las familias multiculturales y 7 ancianas víctimas de la esclavitud sexual del Imperio Japonés durante la II Guerra Mundial.

Asimismo, asistieron cinco refugiados norcoreanos y cinco familiares de ciudadanos secuestrados por Pyongyang.

A la misa en Myeongdong seguirá una ceremonia de despedida que pondrá fin a la visita del papa a Corea del Sur, que se considera histórica al ser la primera en 25 años de un papa a este país que alberga a 5,4 millones de católicos, más del 10 por ciento de su población.