El director del informe PISA: «Los profesores determinarán el éxito de la reforma educativa, no los políticos»
El responsable de PISA estuvo en Madrid para participar em unas jornadas educativas en la Casa de América - DE SAN BERNARDO
Andreas Schleicher

El director del informe PISA: «Los profesores determinarán el éxito de la reforma educativa, no los políticos»

El director del informe PISA valora la reforma educativa del ministro Wert, aunque advierte que un cambio legislativo no será suficiente para mejorar el sistema español

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La reforma educativa aprobada en España es una «oportunidad» para que España mejore el rendimiento de su sistema educativo, pero «ni el mejor de los ministros de educación puede resolver los problemas de todos los millones de alumnos y de miles de profesores». Ahora -opina el director del programa PISA de la OCDE, el alemán Andreas Schleicher-, el reto es su aplicación en las aulas, y eso es tarea de los profesores. No se trata de incentivarles a base de subidas de salarios ni de rebajar el número de alumnos por aula, sino de darles más autonomía para que busquen la mejor manera de enseñar y de ofrecerles posibilidades de progresar en su carrera profesional, opina Schleicher, que participó recientemente en unas jornadas de la fundación Santillana en la Casa América de Madrid.

—En el último informe, España ha quedado, una vez más, rezagada respecto a los países de su entorno. ¿Cuáles son las razones?

—Los resultados de España no han cambiado en los últimos diez años, pero, comparando sus resultados con los de otros países con su mismo nivel de desarrollo, España no ha aprovechado las oportunidades de mejora. Invierte bastante en educación, pero no mejora en la misma proporción.

—La OCDE viene diciendo que el problema de España no está en el tamaño de las aulas ni en el salario de sus docentes. ¿Cuáles son las debilidades de nuestro sistema educativo?

—En España, tanto el ratio de alumnos por aula como los salarios de los profesores son bastante favorables. Otros países con alto rendimiento en sus sistemas educativos tienen unos estándares de educación mucho más ambiciosos, expectativas más elevadas en los resultados de los alumnos y hacen la profesión de la enseñanza mucho más atractiva para captar a los profesores con más talento. Priorizan la calidad de la enseñanza por encima del tamaño de las clases u otros factores relativos a los recursos. Además, los colegios tienen mucha más libertad para establecer sus propias estrategias, son ellos quienes deciden cómo y a quién contratan para formar a sus alumnos y los profesores tienen mucha más autonomía, pero dentro de una cultura de colaboración. Se invierte mucho en la formación continua de los profesionales para que puedan progresar en su carrera. Hay mucha mayor diversidad dentro de la profesión, se puede avanzar profesionalmente, no solo convirtiéndose en director de colegio. España está anclada en una organización de trabajo industrial, mientras que los países con mejores resultados han realizado una transición a una organización de trabajo profesional.

—¿Qué tipo de incentivos se puede ofrecer a los profesores?

—La diferenciación de salarios puede ser un factor, pero no el principal. La elemento central es la diversidad de la carrera profesional, el hecho de que tú puedas avanzar profesionalmente como profesor. En Singapur, por ejemplo, hay diversos estadios en la carrera profesional. Si muestras gran talento, puedes convertirte en profesor de otros profesores para que mejoren en sus carreras, jugar un papel en el desarrollo de los currículos o llegar a director de centro, de manera que sigues siendo profesor, pero compartes tus conocimientos y tu papel puede ir más allá de las aulas.

Si tú le dices a un joven de 25 años: «Vas a ser profesor de matemáticas en esta escuela y, dentro de 25 años, vas a seguir siendo profesor de matemáticas en esta escuela», le estás diciendo que no hay una carrera por delante, un futuro, y eso no hace la profesión atractiva.

Por otra parte, la carrera tiene mucho que ver con la superación de retos. Por ejemplo, si eres vicedirector de un colegio con alto rendimiento en Shangái y aspiras a ser director, el ministro de Educación te dice «vale, puedes serlo, pero antes vas a ir a un centro con bajo rendimiento para ayudarnos a darle la vuelta a sus resultados». Se valora la experiencia en clases difíciles. Se trata de encajar el talento de los profesionales con el sistema educativo.

—Sin embargo, es parte de los profesores quienes más se oponen en España a la reforma educativa. ¿Es por qué protegen sus derechos laborales?

—El cambio nunca es cómodo, todo el mundo prefiere el estatus quo. Si la reforma demuestra que realmente beneficia a la mayoría de los profesores, que abre su carrera y les proporciona un desarrollo profesional, la apoyarán. Al principio, el escepticismo es natural, pero, si a largo plazo ven las oportunidades, la respaldarán. Hacer una ley es fácil, pero la ley no cambia la práctica en la clase. Ese cambio debe venir de la mano de los profesores, son ellos quienes van a hacer que se produzca. Para ello, tiene que haber más diferenciación, flexibilidad y autonomía, que hagan su trabajo más atractivo.

—¿Cuál es su opinión sobre la nueva ley, recientemente aprobada?

—La ley proporciona el marco para el cambio, aunque la prueba de la verdad es cómo se implemente. Por ejemplo, la introducción de las evaluaciones es una gran oportunidad para España de elevar los objetivos, para mostrar a los alumnos el esfuerzo que deben invertir en su aprendizaje y a los profesores cómo pueden mejorar su enseñanza. El reto es su aplicación en el aula. Si se apoya a los profesores para que cumplan sus aspiraciones, será una gran oportunidad para el cambio y la mejora. Dar a las escuelas amplia autonomía es muy necesario en España, pero no es tan sencillo como regularlo por ley. La ley es el punto de partida.

Quienes que determinarán el éxito de la reforma no serán los políticos, sino los profesores en las clases, los padres y los directores de colegio. Ellos serán los que digan si es un éxito o no. Podríamos decir que en el pasado, el sistema educativo ha sido más bien una camisa de fuerzas que impedía a los profesores desarrollar su creativad y a los directores asumir responsabilidades. Esta es la oportunidad que veo en el cambio legislativo: dotar de un espacio para desarrollar la capacidad de iniciativa, de innovación, la profesionalización en la clase y la escuela. Pero que se cumpla depende de los profesionales que tienen que aplicarla.

—Ha mencionado las evaluaciones. ¿Son un incentivo para alumnos, profesores y centros, en lugar de segregadora, como critica parte de la comunidad educativa, por entender que deja descolgados a los alumnos con peores resultados?

—Piense en la situación actual. Ahora, España no tiene evaluaciones externas, pero hay muchos jóvenes que abandonan sus estudios. No tener evaluaciones externas no son una garantía para la inclusión. El marco que establecen los exámenes permite valorar el éxito, tener objetivos, porque ahora mismo los estudiantes no tienen un objetivo claro, no saben si esos estudios van a ser relevantes para su futuro. El fracaso y el abandono escolar lo tenemos ahora, no veo por qué los exámenes tendrían que generarlo. En España hay muchos jóvenes que dejan la escuela porque no le ven sentido, no consideran relevante lo que aprenden para su futuro. La ausencia de exámenes y baremos no es una garantía de equidad.

La equidad no significa que todos los estudiantes obtengan los mismos resultados en matemáticas, ciencia o lectura, sino asegurar que el éxito es independiente de sus posibilidades económicas. En España la equidad se cree que es gastar la misma cantidad de dinero en cada colegio, pero eso no garantiza que los resultados sean iguales. El sistema actual en España deja a muchos estudiantes por el camino, lo que tenemos que conseguir es que todos desarrollen al máximo su potencial.

—¿La descentralización de competencias educativas hacia las 17 comunidades autónomas supone a su juicio un obstáculo o una mejora para el sistema educativo?

—En los países con alto rendimiento de los estudiantes, el hecho de que las decisiones se tomen a nivel central o regional no marca la diferencia, eso es simplemente una centralización o descentralización de la burocracia. La clave está en la autonomía y la responsabilidad en las aulas y en los colegios. Donde realmente se ve la diferencia es en los países donde los directores de los colegios son líderes, donde pueden dar forma a los recursos humanos del colegio, extraer el talento de los profesores, apoyarlos y darles libertad en las aulas. Es en este nivel el único del que dependen los resultados.

Las diferencias entre regiones en España son pequeñas, hay diferencias por el nivel de desarrollo de cada una. Es cierto que en Navarra el resultado es un poco mejor, en Madrid un poco peor que ésta... Considere una región como Cataluña, que piensa que tiene el mejor sistema educativo, pero si uno ve el informe PISA, no es así. Las diferencias no se dan entre regiones, sino dentro de cada colegio, y ése es el principal reto al que tiene que hacer frente España.

—Pero la descentralización implica también diversidad de contenidos. ¿Es eso irrelevante, desde su punto de vista?

—Es difícil valorarlo. Mi propio país, Alemania, tiene las competencias descentralizadas, pero un alto grado de coherencia. Vivimos en una comunidad global y lo importante hoy son las conexiones y los caminos abiertos. La gente crece en una comunidad local, con la que está conectada, pero también son ciudadanos de España y ciudadanos del mundo. Asignaturas como Historia o Geografía pueden ser adaptadas a un contexto local, no lo sé, pero en Matemáticas o Ciencia son globales.

Los profesores, los directores, deben ser quienes decidan cómo enseñar mejor. En el mundo moderno, el mejor ministro de educación no puede resolver los problemas de millones de alumnos y cientos de miles de profesores. Tiene que movilizar a cada profesor, cada director de escuela y cada estudiante en el desarrollo del sistema, puedes conseguir mucho. En Singapur, cada profesor piensa «qué puedo hacer para mejorar», no «qué dice el Gobierno que tengo que hacer», sino, «cómo puedo contribuir a la mejora de mi sistema educativo, innovar, compartir mis conocimientos».

—En España se critica el tratamiento de la Religión y el apoyo a colegios que diferencian niños y niñas. ¿Cuál es su opinión?

—Son cuestiones ideológicas, no sobre la sustancia de la educación. No hay pruebas de que unas opciones u otras sean mejores o peores. ¿Enseñar Religión? Unos lo hacen, otros. No es una cuestión sobre las que haya pruebas, es una cuestión de creencias, de ideas.