«El estrés mental está matando más gente que la radiación de Fukushima»
Yotaro Hatamura, profesor honorario la Universidad de Tokio y expresidente de la Comisión de Investigación sobre el accidente en las centrales nucleares de Fukushima, en la Fundación Ramón Areces, Madrid - abc
las lecciones de fukushima

«El estrés mental está matando más gente que la radiación de Fukushima»

Según el experto japonés Yotaro Hatamura cada día muere una persona a causa del accidente en la central japonesa

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El profesor emérito de la Universidad de Tokio y expresidente de la Comisión de Investigación del accidente nuclear de las centrales de Fukushima, Yotaro Hatamura, está estos días en España impartiendo una conferencia sobre las lecciones aprendidas en ese desastre nuclear. Y son sorprendentes. Para el profesor Hatamura, las imágenes de las explosiones de hidrógeno en Fukushima Dai-ichi pueden inducir a pensar que por ellas escaparon a la atmósfera ingentes cantidades de radiación letal. Pero no fue así, o al menos no tan peligrosas como pudieron parecer. De hecho, él insiste una y otra vez en que las consecuencias para la salud en concreto de esas partículas dispersadas serían, para la población de la zona, comparables a las del consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias potencialmente cancerígenas. Y sin embargo, la que a su juicio es la peor de todas las consecuencias del accidente de Fukushima, el «estrés mental» sufrido por los habitantes de la región, es a la que las autoridades japonesas han dedicado menos esfuerzos en paliar.

Más de un millar de personas han muerto a causa de FukushimaSegún el profesor, el Gobierno japonés se centró demasiado en lo que pasaba dentro de la central y no tanto en las consecuencias de las medidas tomadas con la población circundante. Y da un dato que asombra. Las cifras oficiales hablan de 1.121 personas fallecidas un año y medio después como consecuencia de las causas físicas y mentales; y aproximadamente dos tercios de ellas, se atreve a asegurar Hatamura, se deben a los efectos mentales y psicológicos que provoca en la población «el haber sido repentinamente desarraigados de sus hogares», para no poder volver, en muchos casos, nunca más a ellos. «160.000 personas tuvieron que ser evacuadas, y todavía hoy 150.000 permanecen sin regresar a sus casas, y no se sabe cuánto tardarán en poder hacerlo». Ninguno de estos evacuados, afirma, ha muerto por exposición directa a la radiación. Aunque reconoce que aún es pronto para conocer todos los efectos que la contaminación de la tierra tendrá en las personas.

Precisamente esa es otra de las lecciones que el profesor cree que debería extraerse del desastre de Fukushima. La inmensa ansiedad colectiva sufrida por la población creó una enorme presión sobre el Gobierno, que se precipitó en medidas técnicas muy aparatosas dentro de la central nuclear en detrimento de unas tareas de descontaminación del suelo circundante que habrían sido laboriosas, pero no complejas. «Lo que el Gobierno debería haber hecho es cavar y extraer la tierra contaminada, y rellenar esos huecos con tierra limpia. Algo que técnicamente no es complicado. No se hizo, y ahora los habitantes no pueden regresar a sus casas».

Japón deberá decidir si quiere asumir el riesgo nuclearSobre el futuro de la energía nuclear, el experto nuclear tiene una previsión incontestable. «No en Fukushima, allí es impensable que la población aguantase semejante presión». Incluso en el resto del país, dice, la opinión pública está demasiado sensibilizada. Quizá en futuro, se atreve a decir, esa percepción cambie. «Los japoneses tendrán que decidir si quieren asumir los riesgos de la energía nuclear», concluye.