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Polanski, ausente pero en forma

El director polaco arranca los aplausos de la prensa por «Carnage» en el segundo día de la Mostra de Venecia

Kate Winslet, protagonista de «Carnage», en Venecia - AFP
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Jornada agotadora en la Mostra de Venecia. A las 9:00 h, visionado de «Carnage« («Un Dios Salvaje»), filme a competición de Roman Polanski. Dos horas después, proyección de «W.E.», dirigida por la polifacética Madonna y fuera de concurso. A las 12:30 h, rueda de prensa de «Carnage»; a la 13:30 h, la de la reina del pop…

El festival italiano es estos primeros días una locura en los que la prensa va y viene de un lado a otro con la lengua fuera. Pero merece la pena. Sobre todo, con platos tan suculentos como el cocinado por Polanski. En esta adaptación cinematográfica de la obra de Yasmina Reza (autora también de «Arte») y que en los escenarios españoles representaron Maribel Verdú, Aitana Sánchez Gijón, Pere Ponce y Antonio Molero, el director polaco (ausente en el Festival) muestra de nuevo su maestría, en absoluto afectada por sus problemas con la justicia. En numerosos planos retrata a los personajes con gran angular como si estos fueran vistos por el ojo de un pez. Los persigue y espía (hasta en el cuarto de baño) de un modo en el que la cámara (casi) desaparece.

Esos personajes son dos matrimonios: el formado por Jodie Foster (también ausente) y John C. Reilly (nominado al Oscar por Chicago y visto en Cannes en la espléndida «We Need to talk about Kevin»), y la pareja Kate Winslet/Christopher Waltz, un actor austríaco magnífico que en la escena inicial de «Malditos Bastardos» hizo preguntarse a la crítica: «¿pero dónde demonios estaba escondido este actorazo?». El primer matrimonio recibe al segundo en su casa para aclarar un altercado entre sus respectivos hijos y lo que comienza con educación exquisita— «Son muy agradables, ¿verdad, cariño?»— se convierte en una batalla verbal ácida, aguda y muy divertida (como la escena del vómito de Kate Winslet). Aquí lo que hay en realidad es una reflexión profunda sobre las parejas y sus frustraciones. «Fueron seis semanas intensas metidos en ese apartamento», explicaba ayer John C. Reilly, «y me siento muy afortunado, porque con Roman Polanski, cuando te recoge del suelo, dices: «sí».

Christopher Waltz, encantado, como el resto, con su colaboración con el cineasta, hacía hincapié en la forma de trabajo «microscópica, exacta y precisa» del director. Para Kate Winslet, lo más relevante fue descubrir que todos trabajaban de una forma similar. «Llegábamos a los ensayos y decíamos: “¿Cómo afrontamos esto?” Éramos como un grupo de amigos. Incluso Roman nos dijo que nunca había estado con un grupo de actores tan poco competitivo y que trabajaran tan bien juntos, y creo que eso hizo que nos lleváramos fenomenal».

Una pieza teatral convertida en película, pero manteniendo su esencia teatral, algo que Polanski ya realizó de manera muy eficaz en «La muerte y la doncella». Por cierto, que el guión lo escribió en su retiro (obligado) en Gstaad. ¿Saldrá o podrá salir de él si gana el León de Oro? En cualquier caso, la película llega a la cartelera España el 18 de noviembre. Es de las que conviene no perderse, así que, si pueden, acérquense al cine.