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«Defendamos los benditos derechos de autor»

Los escritores Lorenzo Silva, Eugenia Rico, Alberto Olmos y Elvira Navarro salen a la palestra en ABC para mostrar su apoyo a la ley Sinde

Lorenzo Silva, Alberto Olmos, Eugenia Rico y Elvira Navarro - FOTO: ERNESTO AGUDO / VÍDEO: ALEJANDRO G. NIETO
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Hasta ahora habían hablado los cineastas, los cantantes, los internautas y, por supuesto, los políticos. Los únicos que no habían dicho esta boca es mía en lo que concierne a la ley Sinde habían sido los escritores. Pero ese silencio literario se ha roto en ABC, donde cuatro reconocidos autores como son Lorenzo Silva, Eugenia Rico, Alberto Olmos y Elvira Navarro han expresado su postura sobre la norma antidescargas que la próxima semana se aprobará en el Senado. Su opinión es firme y conjunta: están a favor de los derechos de autor y, por tanto, de la ley Sinde, vista, eso sí, como «un parche que se puede poner y que es mejor que ninguno», en palabras de Lorenzo Silva.

Comparado con el resto de sus colegas, el escritor madrileño es un veterano en las lides de internet, ya que lleva desde 2001 colgando sus textos en la web y dando libre acceso a todo el que esté interesado en ellos (manteniendo, por supuesto, el copyright), y aunque reconoce que la norma «tiene el enfoque que da el legislador» también considera que «manda una parte muy importante del mensaje, que es el de revalorizar el contenido cultural». A su entender, ese contenido se ha visto muy perjudicado por lo que los escritores definen como «cultura del gratis total, responsable de un profundo desprecio por la cultura», según Eugenia Rico.

La autora de «Cuando seamos malditas» tiene serias dudas de «si tal y como ha quedado la ley Sinde va a servir para algo o es mero maquillaje. Es normal que vaya por detrás de la sociedad, pero llega tarde y cercenada». Rico considera, además, que «la norma ha abierto una “caja de Pandora” que muestra el desprecio de la sociedad por los derechos de autor en general y de los escritores en particular. ¿Vamos a tener que volver a ser mendigos? ¡Defendamos los benditos derechos de autor!».

Un tono algo catastrofista que no deja de reflejar el sentir de un colectivo que ve en la ley Sinde el mal menor, como defiende Alberto Olmos. «Alguna medida se tiene que tomar, ¿no? La cultura literaria está muy despreciada y eso tiene que ver con internet, donde la escritura no vale nada, se escribe para Google», sentencia el que fuera finalista del Premio Herralde. «Existe la creencia generalizada de que escribir no tiene mérito. Hasta ahora solo se ha hablado de este tema relacionándolo con el cine y con la música porque es ocio, porque se trata de cómo pasan el rato el domingo viendo “Torrente 4” en el ordenador».

Precisamente el creador de Torrente, Santiago Segura, fue uno de los cineastas que saltaron a la palestra virtual para apoyar a su compañero Álex de la Iglesia, cuando este presentó su dimisión al frente de la Academia de Cine para mostrar su desacuerdo con la ley Sinde. Una polarización que no gusta nada a Elvira Navarro. «Me fastidia la esloganización que lleva asociado todo este tema, que te obliguen a polarizarte», se queja la escritora, seleccionada por Granta como uno de los 22 mejores jóvenes narradores en español. «Está claro que el trabajo intelectual tiene que ser reconocido, pero es una trampa que se negocie en términos de cultura, esto es puro negocio y están perdiendo quienes más venden».

Veteranía y enriquecimiento

Por alusiones entre los presentes saltan los más veteranos, Lorenzo Silva y Eugenia Rico, quienes advierten de que «por culpa de subterfugios como el enriquecimiento se está perdiendo de vista lo esencial: ¿se va a seguir reconociendo el derecho del creador a tener la titularidad moral de su obra y si genera riqueza percibir algo?». «Que alguien me explique -lamenta Silva- por qué el dinero de un creador tiene que ir a parar al dueño de Megaupload».

Ante el desolador panorama que se cierne sobre sus cabezas (la Federación de Gremios de Editores de España estima en 150 millones de euros las pérdidas que la piratería genera cada año al sector del libro), Alberto Olmos apuesta por mirar hacia Estados Unidos y «ver qué va a hacer para impedir que se hunda la industria del cine, la literatura y la música, porque lo que está claro es que no van a dejar que suceda. Los que defienden la cultura gratis creen que el resto somos trogloditas y no es así. La gente paga burradas por aparatos electrónicos, pero no por libros, y no se dan cuenta de que sin libro no hay aparato».

Pero, como recuerda Lorenzo Silva, lo cierto es que «copiar es ilegal y si además te lucras es delito». Eso sí, ninguno está a favor de perseguir casa por casa a los particulares, sino de ir a conductos esenciales como ya se hace en otros países europeos. «El problema es que el segmento de población más joven ha pasado masivamente al consumo literario a través de la piratería porque para ellos es normal, aunque está claro que la propiedad intelectual va a seguir existiendo», considera Silva.

Su existencia y supervivencia pasa por la construcción de un nuevo escenario legal (¿reconsideración de la ley de propiedad intelectual, quizás?), cuya primera piedra ha sido la ley Sinde y donde la cuestión esencial, según los creadores, será a quién queramos asignar la riqueza.