La silueta fastback del Wraith se inspira en modelos de los años 30.
La silueta fastback del Wraith se inspira en modelos de los años 30.

Rolls-Royce Wraith, espíritu deportivo

En un entorno que no parece sufrir los efectos de la crisis, la firma de Goodwood pone a la venta su modelo más potente, con 624 caballos de puro lujo. Cuesta 250.000 euros antes de impuestos.

s. ibañez
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Enfrentarse a una «bestia» como la que nos ocupa no es, a primera vista, tarea fácil. Pero la verdad es que una vez acostumbrados a las descomunales medidas del nuevo Rolls-Royce Wraith (del inglés aparición), y asumido que habrá calles por las que no entrará o que casi nunca accederá a un parking, su descomunal enegía se transforma en un regalo para los sentidos.

El último Rolls-Royce, del que se pueden observar más detalles abriendo esta galería, es con mucho el más potente en la historia de la marca pero se conduce con facilidad tanto por autopistas como por carreteras de montaña algo sinuosas, si no tenemos muchas prisas.

Eso sí, si avivamos el ritmo podemos llegar a marearnos levemente porque si bien la suspensión neumática y su dirección trabajan bien, no podemos obviar que es un automóvil de 5,2 metros de largo por casi 2 de ancho, con una batalla o distancia entre ejes que rebasa los 3 metros y una tara de 2.435 kg. En otras palabras, apenas balancea pero exhibe un ligero movimiento perceptible en carreteras viradas cuando se circula algo más rápido de lo aconsejable.

Lujo a raudales

Eso sí, con dinero (a partir de 250.000 euros más impuestos) y para ir rápido es uno de los coches más lujosos y adecuados del mundo, sorprendente por su sencillez de líneas y la caída del techo en el tramo final al estilo de los fastback de los años 30.

Su frontal, claro, es tan poderoso como en todos los Rolls-Royce. Está presidido por una gran parrilla incrustada a modo de panteón flanqueada por sendos grupos ópticos rectangulares que otorgan aplomo. La vista lateral resulta extraña pero original, y en estos casos eso basta. A su vez, la apaisada trasera da paso a un maletero grande y cuidado con el mimo del interior.

Y es que si en algo destaca el Wraith, como en todo Rolls-Royce que se precie, es en la atención y el cuidado con el que ha sido creado, sobre todo su habitáculo, aquí con un toque de deportividad en ciertos detalles.

No, no abandona el lujo sublime del que son capaces los ingenieros y artesanos de la firma británica, y que se emplean a conciencia en cada madera, piel o cromado que adornan cada resquicio del coche. Sirva como ejemplo que hasta las alfombrillas están tan cuidadas que invitan a descalzarse y dejarse mullir. Y si queremos rizar el rizo, en el Wraith podemos pedir el techo interior estrellado (a base de 1.340 luces individuales de fibra óptica tejidas a mano sobre la tapicería de piel) visto en el Phantom Coupé.

Fuerza bajo el capó frontal

Para moverse con la rapidez que lo hace, el Rolls-Royce Wraith esconde bajo el capó delantero un enorme motor V12 biturbo de origen BMW que ofrece 624 CV y un par límite de 800 Nm. Baste señalar que logra una máxima autolimitada a 250 km/h y una aceleración de 4,6 segundos en la progresión de 0 a 100 km/h.

Se gobierna a través de una caja de cambios automática y secuencial de 8 velocidades de exquisito trabajo que, como novedad, incluye un sistema de transmisión por satélite que a partir del navegador/GPS sitúa el vehículo y anticipa el funcionamiento del cambio según el ritmo y la orografía por delante.

Claro esá, el Wraith cuenta con casi todo lo imaginable: control de crucero activo, cámaras infrarrojas para visión nocturna, audio con 18 altavoces y amplificador de 1.300w, navegador por satélite con RR Connect (lector de correo electrónico y mensajería de texto activados por voz)...