El poeta Juan Antonio Villacañas
El poeta Juan Antonio Villacañas - aBC
ARTES&LETRAS

La pasión de Villacañas

Una poesía plurilingüe e inmortal

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La poesía de Juan Antonio Villacañas cobra sentido, fuerza y vigencia, si cabe más en estas fechas de la Semana Santa. El recordado poeta toledano, uno de los de mayor prestigio y proyección internacional que ha dado esta ciudad, escribió tres impactantes poemas en su libro Rebelión de un recién nacido, tan especiales que fueron incluidos en la edición bilingüe español-inglés de Juan Antonio Villacañas: Selected Poems, publicado por la editorial inglesa Shearman Books. Los tres poemas fueron traducidos por su hija Beatriz, también destacada poeta, y por el académico irlandés Michael Smith.

En la introducción de la edición bilingüe, Michael Smith se refiere así a Villacañas: «Si Villacañas escribió en liras, sonetos, verso libre o en cualquier forma, su poesía brota constantemente desde un sentido de la trascendencia y una conciencia de humanidad que puede hacerle a la vez social y espiritual. La fuerza de sus versos les da con frecuencia una naturaleza musculosa que aparece de la misma forma en sus poemas más tempranos de crítica o solidaridad y en aquellos en los cuales busca a Dios, sufre Su silencio o habla con Él».

SOPLO

De los acartonados suspiros de la carne, nace la soledad,

la soledad que cruza nuestra cara con grandes lejanías.

Dios es un paraíso que circunda los sueños,

y nos deja morir

irremediablemente,

aunque nos autorice a soñar otra vez,

con la muerte en los ojos y una cruz a la espalda.

ESTOY RESUCITANDO

Es un poco de música o es un poco de viento;

no lo sé ciertamente.

Algo me da en la carne: ¿ Una luz, una estrella?

Estoy solo, sentado, dentro del pensamiento,

y hasta hablo y me escucho y me toco. Yo mismo,

no sé cómo explicar a la gente estas cosas.

Si estoy resucitando, alguien me lo dirá.

REBELIÓN DE UN RECIÉN NACIDO

Dios está limitando con mi incredulidad

constantemente.

Y mi incredulidad es tanto Dios, que estoy casi seguro

de poder adorarle.

Los hombres me cuentan sus historias,

pobres, tristes, insignificantes...

Los niños nacen

y nacen de algún modo las arañas.

Los niños y las arañas tienden a Dios sus redes.

Pero Dios no se rinde, no puede caer en la trampa.

Y sigue pisando redes y niños y arañas con la suavidad del aire,

con la suavidad del aire de un Dios Padre.

Y sigue pisando niños y redes como un viento huracanado,

digno hijo del aire.

Mas si llega a los hombres -como llega a los hombres-

la Humanidad es columpio de Dios.

Y se columpia Dios. Y arde. Y se columpia Dios. Y arde. Y...

quién sabe, si pidiendo perdón ahora

a cualquier hombre que encuentre por la calle,

Dios dejará de arder en mi incredulidad.

¡Quién sabe!