Un ejemplar de trucha utilizado para la cría en cautividad por el Gobierno aragonés
Un ejemplar de trucha utilizado para la cría en cautividad por el Gobierno aragonés - abc
SOCIEDAD

Científicos aragoneses en busca de la trucha perfecta

Cuatro piscifactorías del Gobierno aragonés se encargan de la selección genética y reproducción de truchas para repoblar los ríos de la región

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Un buen número deríos de Aragón siguen necesitados de truchas, de ejemplares autóctonos con los que mantener estas poblaciones de peces en niveles acordes a lo que son dichos ecosistemas. Para conseguirlo, el Gobierno aragonés trabaja desde hace años en programas de reproducción controlada, que lleva a cabo en cuatro piscifactorías, tres de su propiedad y una arrendada.

De ellas salen cada año un buen número de alevines que se sueltan en ríos trucheros de la región. El año pasado se soltaron 25.000 ejemplares, y tras el verano se acometerá una nueva campaña de repoblación, excepcionalmente masiva: se echarán en tres ríos aragoneses un total de 250.000 alevines de trucha, diez veces más que hace un año.

En septiembre comenzarán las sueltas. Se llevarán a cabo en los ríos Aragón (50.000 ejamplres) y Cinca Medio y Ara (190.000). En 2016 se extenderán los programas de repoblación a los ríos Gállego y Ésera, según ha avanzado el director general del Medio Natural del Gobierno aragonés, Pablo Munilla.

Tal cantidad de alevines se podrán soltar gracias a los programas controlados que desarrolla en sus piscifactorías el Gobierno aragonés. Las tres de su propiedad son las de Planduviar, en Sarvisé (Huesca); Plasencia del Monte (Huesca); y Pajares de Albarracín (Teruel). Además, dispone de una cuarta en régimen de arrendamiento, situada en el Monasterio de Piedra.

Hasta que se hace efectiva la repoblación se ha llevado a cabo previamente un laborioso trabajo en el que la ciencia y la técnica dirigen el rumbo. Primero, se procede a la pesca eléctrica de ejemplares de trucha autóctona en ríos aragoneses. Se seleccionan, se analizan genéticamente y los mejores se aprovechan para emprender los programas de cría en cautividad. Eso requiere también un cuidadoso proceso para que estos peces se adapten a la vida en cautividad.

La reproducción tutelada por los especialistas permite obtener nuevos ejemplares en grandes cantidades, que luego se sueltan en los ríos con la seguridad de que se trata de alevines de trucha de excelentes condiciones. Y, por último, toca esperar que esas nuevas poblaciones se asienten, que sobreviva una buena parte de ellas y que los ríos vuelvan a tener cada vez más truchas autóctonas.

Esta especie ha ido, durante décadas, en serio declive en ríos de la región tradicionalmente trucheros. La contaminación, los cambios en su hábitat natural y la presión de la pesca han estado detrás de este retroceso.