El periodista David Alandte, durante la entrevista con ABC esta semana en Madrid
El periodista David Alandte, durante la entrevista con ABC esta semana en Madrid - ERNESTO AGUDO

David Alandete: «Me acusaron de ser agente de la CIA por denunciar la injerencia rusa»

El periodista desvela, en el libro «Fake news: la nueva arma de destrucción masiva», quién está detrás de las campañas de desinformación que buscan desestabilizar las democracias occidentales

MADRIDActualizado:

¿Quién está detrás de las campañas de apoyo a Trump, al Brexit o al independentismo catalán?» David Alandete, ex director adjunto de «El País», y actualmente corresponsal de ABC en Washington, lanza esta pregunta desde la portada de su libro «Fake News: la nueva arma de destrucción masiva» (Deusto), que hoy se presenta en la Asociación de la Prensa de Madrid. En el interior, Alandete, que ya abordó el tema con motivo de la celebración del referéndum del 1-O, señala a Julian Assange, fundador de Wikileaks, y a los medios rusos, RT y Sputnik, financiados por el Kremlin, como actores activos en la diseminación de noticias falsas a favor del «procés» y contra el Gobierno español, ofrece ahora una investigación exhaustiva en la que traza líneas y vínculos entre sus responsables y explica las técnicas de desinformación utilizadas – fábrica de trolls, bots...–.

El lanzamiento de su libro coincide precisamente con el juicio contra los instigadores del «procés»...

Así es. La figura de los políticos presos, que para el independentismo son presos políticos, es una de las fundamentales dentro de su narrativa falsa que se ha cimentado con un gobierno en el exilio, la acusación de que España es un Estado franquista, y, sobre todo, la que es la mayor mentira de toda la campaña de desinformación: el mal llamado derecho a decidir, que es un derecho que no existe. Es un derecho que se inventan y ponen en marcha una serie de ideólogos y analistas del independentismo simplemente como una sustitución del separatismo. Como eso suena mal, optan por el derecho a decidir. ¿Quién puede oponerse, en su sano juicio, a un derecho a decidir?

¿Qué le ha llevado a escribir este libro?

Este libro nace por una serie de ataques furiosos contra mi por publicar informaciones sobre injerencias rusas en Italia, Cataluña y en otras partes de Europa. Nunca me había imaginado que por el hecho de publicar una serie de informaciones de investigación y análisis me acusarían de ser un agente de la CIA, de estar a sueldo de George Soros o del Estado español, de ser un fascista... Como periodista que soy, decidí plasmar en un libro todo aquello.

¿Demuestra en este volumen fehacientemente la existencia de esa injerencia, que otros cuestionan?

Es cierto que hay gente que cuestiona la injerencia, basándose en análisis técnicos, que en internet son muy difíciles. Asignar una dirección y una identidad en internet es imposible, porque las direcciones IP muchas veces están ocultas. Pero este libro llega más lejos. Con una serie de recientes informes y análisis demuestra que la desinformación no necesita de esa validación técnica, pues la mayor vía de diseminación de la desinformación es a través de la reacción humana. Un titular como «Tanques en las calles de Barcelona» tiene más posibilidad de ser viral que un titular real. Según una investigación del Massachusetts Institute of Technology, la novedad y el desconocimiento facilitan el hecho de que un usuario comparta información en las redes sociales. Algo que le va a dar además cierto estatus. La desinformación no necesita de bots para tener éxito.

La desinformación ha tenido éxito en escenarios donde el fenómeno del populismo ha tenido una gran presencia (elecciones de EE.UU., Brexit...)

El populismo se ha tenido que valer de medios propagandísticos y de redes de desinformación porque ha hecho de los medios tradicionales un enemigo cuando estos han informado sobre lo que de verdad quiere Trump, Orban o lo que representan los independentistas catalanes, Marine Le Pen o Matteo Salvini. Esas fuerzas populistas han distribuido su mensaje –sobre inmigración, el islam...– a través de esos mecanismos de desinformación.

Rusia ha utilizado los populismos y la desinformación para agudizar la división y la confrontación en las democracias occidentales...

Es curioso el papel de Rusia en este entramado. Es un país que tiene una influencia desmesurada en comparación con su peso económico y de población. Pero es un titán en internet, en cuanto a desinformación. Eso viene de una decisión consciente de utilizar internet para lo que ellos llaman guerra híbrida. En 2013, el general Valery Gerasimov dijo que internet debía utilizarse para intentar confundir y desarmar al enemigo. Internet, como demostraron las revoluciones en la Primavera Árabe, es un campo en el que el enemigo, esto es, el modelo de democracia occidental y liberal que ha sido siempre el enemigo tradicional de Putin, puede presentar debilidades. Esto va en paralelo a las alianzas de Putin en cada país con determinados partidos: con la Liga, en Italia; el Frente Nacional, en Francia; el UKIP, en Reino Unido; Alternativa para Alemania...

Muchos se preguntarán qué tiene que ver el presidente de Rusia con la extrema derecha...

Aunque tendamos a relacionar a todo lo que tiene que ver con Rusia con el comunismo, por historia, en realidad el partido de Putin, Rusia Unida, es de extrema derecha, es ultra conservador, muy tradicionalista, asociado con la Iglesia ortodoxa rusa... En realidad es aliado natural de la extrema derecha y del populismo en Europa. Está mucho más cerca de movimientos como el de Salvini o Alternativa para Alemania. Dicho esto, cuando ha tenido oportunidad de aliarse con movimientos de extrema izquierda también lo ha hecho. Y cuando ha visto la oportunidad de aliarse con movimientos independentistas, como el catalán, de forma espuria e indirecta, también lo ha hecho, aunque el independentismo en Rusia está penado con cinco años de cárcel.

Una de las próximas citas internacionales, de gran relevancia, son las elecciones europeas el próximo mes de mayo. ¿Serán víctima también de una campaña de desinformación?

Sí, ya está en marcha. Esto no ha parado. Los medios rusos de desinformación no han parado.

La estrategia de la desinformación no es nada nuevo, ya se dio durante la Guerra Fría, pero ahora está es más rápida y llega más lejos gracias a las redes sociales y las nuevas tecnologías...

La desinformación fue el desencadenante de la Guerra de Cuba. Ha existido siempre. Lo que ocurre es que antes, los medios de comunicación controlábamos toda la distribución, pero ahora no. Es ahí, en la distribución tecnológica donde está el problema. En la comprobación de las fuentes. Y el problema está en que los medios tradicionales no tenemos un modelo de negocio digital establecido.

¿Cree que los gobiernos han subestimado la gran amenaza de la desinformación?

Sí totalmente. Se han dado cuenta tarde, aunque se han dado cuenta. No lo vio venir Macron, Merkel, Obama..., a quien se le informó de la injerencia rusa, y no hizo nada. Eso le brindó la presidencia a Trump. Estados Unidos está resintiéndose mucho de la constante puesta en duda de la legitimidad de la presidencia de Trump. Está afectando mucho a la gobernabilidad del país.

También le afecta tener un presidente que dice al menos diez mentiras al día...

Sí (se ríe). Trump es una máquina de desinformación. Dice una cosa y la contraria. Es capaz de desmentirse en la misma frase. Es capaz de hacer a los periodistas el trabajo muy difícil, pero al mismo tiempo muy divertido. Pero los estadounidenses están fascinados con Trump. Que 49 millones se conectaran para ver el Discurso del Estado de la Unión, diez millones más que con Obama, lo refrenda. Además ha conseguido que la gente le escuche a través de Twitter... Es telerrealidad en la Casa Blanca.