Putin durante su tiempo como agente del KGB
Putin durante su tiempo como agente del KGB

El día que la URSS traicionó a Vladímir Putin y a los agentes del KGB desplegados en Dresde

El tiempo que el actual presidente ruso pasó en Alemania Oriental ha vuelto a ser noticia gracias al reciente hallazgo de carné en la Stasi

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Sobre el tiempo que el presidente ruso, Vladímir Putin, trabajó como agente del KGB han corrido ríos y ríos de tinta. Sin embargo, todavía hay muchos detalles sobre sus más de 15 años dentro del servicio secreto soviético que se desconocen. Ya saben, es lo que tienen los espías, y más los rusos, que no les gusta airear los trapos ni a caballo pasado. Aunque eso no implica que no sepamos nada.

Dentro de los detalles mejor conocidos sobre la actuación de Putin en la Guerra Fría, destaca su tiempo sirviendo en la ciudad de Dresde durante los últimos estertores de la URSS. Algo que ha vuelto a ser noticia gracias al hallazgo en el antiguo edificio de la Stasi (antigua policía secreta), del carné que empleaba este durante su tiempo destinado en Alemania Oriental. Precisamente, un suceso ocurrido al final de si estancia en el país germano, así como su complicada infancia en el Leningrado de la posguerra, acabaron siendo determinantes en la vida, y la evolución, del actual presidente ruso.

Posguerra

Vladímir Putin nació en 1952 en Leningrado (San Petersburgo). Por entonces, el recuerdo del cerco alemán durante la Segunda Guerra Mundial todavía seguía vivo en la mente de los habitantes de la antigua ciudad de los Zares. Especialmente para su padre, Vladímir Spiridinovich Putin, que, como miembro del Ejército Rojo, había defendido la urbe durante el sitio. Su esposa, María Ivanovna también había sufrido los estragos de la guerra. Cuando Vladimir fue hospitalizado a causa de unas heridas por metralla en la pierna, esta aprovechaba las visitas al centro para echarse a la boca algo de la comida que le daban a su esposo.

«Mi padre tenía seis hermanos y cinco murieron en la Guerra. Los parientes próximos de mi madre también murieron. Y yo fui un niño tardío: me dio a luz cuando tenía 41 años. No había ni una sola familia en la que nadie murió. Y, desde luego, sin duelo, desgracia, tragedia… Pero no tenían odio al enemigo. Hasta ahora no lo puedo entender bien. Mi madre decía: "Pero, ¿qué odio? Son gente simple y también murieron en la guerra. Son gente trabajadora, igual que nosotros, pero les obligaban a ir al frente". Estas palabras las recuerdo desde mi niñez», dijo Putin en una ocasión sobre la experiencia de su familia en la Segunda Guerra Mundial.

Putin durante su niñez
Putin durante su niñez

Después de la guerra, el padre del presidente continuó sirviendo en el ejército, mientras que María Ivanovna se ganaba la vida trabajando en una fábrica. El joven Vladímir comenzó a asistir a la Escuela Nº 134, ubicada muy cercana de su domicilio. Desde muy joven comienza a mostrar interés por las artes marciales, tanto que comienza a practicar judo y defensa personal. Su infancia resultó bastante complicada, ya que su familia nunca se encontró en una buena situación económica. Esto, aunado con las dificultades propias de cualquier familia humilde en la URSS de mediados del siglo XX, fue definiendo su carácter.

«Entendí que, si se quiere ganar, en cada pelea hay que luchar hasta el final, como si fuese la batalla última y decisiva; es necesario aceptar que no hay retirada y que hay que luchar hasta el final. Es una regla conocida que más tarde me enseñaron en el KGB, pero yo la aprendí mucho antes, en las peleas de mi infancia», afirma el presidente en su autobiografía «En primera persona» sobre su infancia.

Cuando le llega la hora de ir a la universidad, se decidió por estudiar derecho en la Estatal de Leningrado. Finalizó su carrera en 1975, y lo hizo, además, con un expediente realmente envidiable. Ya con el diploma debajo del brazo es reclutado por el KGB. Tras pasar con éxito el periodo de formación comienza a trabajar activamente para el servicio secreto ruso.

El silencio de Moscú

Cuando Putin fue enviado a Dresde, en 1985, acababa de entrar en la treintena. Por entonces ya estaba casado con Liudmila, de la que se divorció en el año 2014, y con la que ya había tenido a su primera hija, María, mientras que la segunda nació un año después de la llegada del espía a Alemania Oriental. Al igual que en Leningrado, los habitantes de Dresde conocían de primera mano los horrores de la guerra. El 13 de febrero de 1945 la, por entonces, conocida como «Florencia del Elba» había sido arrasada durante un bombardeo de la aviación aliada. 40 años después de este ataque, la urbe se encontraba plagada de militares. La URSS estaba cerca de desaparecer y su caída, presumiblemente, arrastraría consigo a todos los regímenes prosoviéticos que la rodeaban como si de una muralla se tratase.

El carné de Putin, hallado recientemente
El carné de Putin, hallado recientemente

Según pasaban los años, este desenlace se antojaba cada vez más inexorable. Así llegó el 1989, el del final de la división entre las dos Alemanias. El 5 de diciembre, con el Muro de Berlín ya prácticamente reducido a un montón de piedras, una muchedumbre encolerizada trató de tomar por la fuerza el cuartel de la Stasi ubicado en Dresde. Una vez irrumpieron en el edificio, los asaltantes dirigieron sus pasos hacia los despachos del KGB, donde se encontraba Vladimir Putin acompañado por otros espías rusos. El futuro presidente tuvo que amenazar con usar las armas en caso de que alguno intentase penetrar en el lugar de trabajo de los agentes. Sus palabras surtieron efecto y los atacantes abandonaron la Stasi. Sin embargo, la calma no iba a durar, y Putin lo sabía.

El agente telefoneó rápidamente al cuartel general de una unidad de tanques soviéticos que se encontraba destinada en Dresde. Quería que unos cuantos carros se dirigiesen a la sede de la policía secreta para evitar que se repitiese la situación. La respuesta que recibió, según afirma 29 años después el mandatario, le dejó helado: «No podemos hacer nada sin órdenes de Moscú».

Tras esta respuesta, tanto Putin como sus compañeros de agencia se dedicaron por completo a prender fuego a todos los documentos que pudieron. «Quemamos tanto papel que hasta el horno se rompió», afirmó Putin en su autobiografía. Pocos días después, el espía estaba en la Unión Soviética junto a su familia. «Teníamos la horrible sensación de que el país que casi se había vuelto nuestra casa estaba dejando de existir», comentó Liudmila en el año 2000 durante una entrevista.