Portada del «extra» de ABC tras la aprobación de la Constitución
Portada del «extra» de ABC tras la aprobación de la Constitución

«El desafío de la esperanza»: cuando España dijo «sí» a la Constitución

El 6 de diciembre de 1978, un referéndum popular ratificó el texto que había sido aprobado previamente por las Cortes. Así contó ABC aquel momento histórico

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Directo y tajante. «Constitución: España dijo sí». Con este descriptivo titular narró el diario ABC uno de los hitos más destacables de la historia de nuestro país: la ratificación, mediante un referéndum celebrado el 6 de diciembre de 1978, de la Constitución que puso fin a la Transición. El texto, como bien señalaba este periódico, dejó las diferencias a un lado y apostó por aunar las ideas de amigos y adversarios políticos. «Ha nacido de la conversación y de la concordia, y no de la querella incivil ni de la prepotencia de unos contra otros o la pelea cruenta entre hermanos», afirmaba este periódico apenas una jornada después de que se celebraran los comicios.

Aunque el referéndum se celebró el 6 de diciembre, las primeras reacciones y el verdadero aluvión informativo arribó al país una jornada después, cuando se supo que, de los dieciocho millones de votantes que habían depositado su papeleta en las urnas (17.873.301, según explica el Congreso de los Diputados en su dossier « Referéndum sobre el Proyecto de Constitución»), casi dieciséis millones lo habían hecho con el «Sí». La cifra, que representaba un 91% del total, supuso que el pueblo español apostaba por abandonar de una vez las viejas rencillas. «A pesar de algunas tercas tentaciones hacia los hábitos de la violencia, hemos discutido y acordado la norma fundamental de nuestro futuro sin usar otros argumentos que el voto», se añadía en el diario.

«Bajo los auspicios y con el aliento de la Corona, encarnada en Juan Carlos I, el pueblo conquista su plena soberanía, el Rey es el Rey de todos los españoles y España se funde en un abrazo histórico»

Sin embargo, en el ABC también quedaba claro que había sido necesario hacer grandes sacrificios para que este texto saliese adelante y fuese aprobado por los diferentes partidos políticos. «Para que la paz y el entendimiento sean los protagonistas en este escenario hemos debido retirar trabajosamente entre todos un telón tras el que había demasiados dramas, demasiados lances de revolución y guerra». Sin embargo, también incidía en el gran paso que se había dado en favor de la unidad. «Hemos logrado al fin iniciar este acto de nuestra Historia de una manera que, a muchos, mirándose en el espejo del pasado, podría parecerles imposible: pidiéndonos solamente el respeto y la palabra».

El 6 de diciembre en las urnas, y una jornada después en las calles, el pueblo Español pudo pasar página y gritar a favor de una hermandad que había barrido la terrible Guerra Civil y los años posteriores. «No es la primera vez que España estrena Constitución. Pero hoy España y los españoles estrenan algo más que una Constitución. Bajo los auspicios y con el aliento de la Corona, encarnada en Juan Carlos I, el pueblo conquista su plena soberanía, el Rey es el Rey de todos los españoles y España se funde en un abrazo histórico», se añadía en el diario. Con estas palabras comenzó una nueva etapa en nuestra historia.

Políticos, en las urnas

Para cuando los resultados fueron desvelados, ABC llevaba ya varias jornadas cubriendo este hito histórico. El mismo 7 de diciembre, por ejemplo, publicó un artículo en el que explicaba cómo habían sido las votaciones de los diferentes líderes políticos a lo largo de la jornada electoral. Uno de los más perseguidos fue Felipe González. «El primer secretario del Partido Socialista Obrero Español votó a las once de la mañana en el colegio de los Agustinos», explicaba el diario. Tras depositar una papeleta con el «», dedicó unas palabras a los presentes: «Asistimos al parto de una Constitución, refrendada por todo el pueblo, como espero que va a ser el resultado de hoy».

Otro tanto pasó con el secretario general de Alianza Popular, Manuel Fraga Iribarne. El político acudió a depositar su voto poco después de que se abriera su colegio electoral y señaló que, aunque aquel día era importante, el verdadero trabajo comenzaba a partir del día siguiente. «Hay que empezar a gobernar», desveló a los periodistas que le esperaban. «La Constitución, dijo, en definitiva, pone fin a una etapa de transición excesivamente larga», explicaba este diario.

ABC también recogió la votación de Santiago Carrillo, quien introdujo el sobre en la urna a las nueve de la mañana. El entonces secretario general del Partido Comunista Español asió la papeleta del «Sí» frente a sus presentes e indicó que «esta Constitución significa la terminación de las leyes fundamentales y el comienzo de una nueva etapa». A su vez, incidió en que «el Gobierno y el Parlamento deben ponerse a trabajar de firme para resolver los problemas reales del pasado» y que era «notablemente optimista» ante el nuevo horizonte que se abría en España. Aunque, según sus propias palabras, había «sentido más emoción al depositar su voto en las elecciones del 15 de junio que en esta ocasión».

Todavía más tajante fue Emilio Attard, presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, cuando afirmó que, al fin, España había logrado destruir la mentalidad de vencedores y derrotados. «Hoy ha quedado superado el parte oficial de guerra de vencedores y vencidos, al anudarse el eslabón democrático con la nueva Constitución».

También señaló que, «en este momento histórico se anuda también la historia española». Su júbilo era todavía mayor debido a que, para él, aquel texto era casi como un hijo debido a que había presidido la comisión parlamentaria que había alumbrado el anteproyecto. «Hoy ha quedado conectado el eslabón democrático del anterior período con la Constitución de la convivencia, de la democracia y de la concordia».

Portada en ABC

El 7 de diciembre, ABC ofreció además a sus lectores un editorial en el que explicaba la importancia de esta votación. «El pueblo español ha dado su conformidad a la Constitución sometida a su veredicto soberano», comenzaba. A continuación, afirmaba que este destacado texto era el siguiente peldaño de una escalera que el país había comenzado a subir en 1976, cuando los ciudadanos respondieron con un «sí» aplastante a la pregunta sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política.

«Casi todos los que entonces decidieron impulsar a España hacia un futuro, social, político y económico habrán repetido su voto para concluir la obra iniciada, para dotar al país de una base firme, de un sistema que no excluye a nadie y que permite un juego holgado de opiniones y de intereses, además de una garantía general de libertades y de derechos que nos sitúa en el nivel que disfrutan los pueblos de Occidente, los que con nosotros comparten historia, cultura y geografía», explicaba el diario en el mencionado editorial.

En palabras de este diario, «los síes han dado medida del deseo mayoritario de sustentar la naciente democracia española en un texto legal suficiente y suficientemente integrador». A su vez, en el artículo se restaba importancia a aquellos que habían decidido apostar por el «no» al considerarlos también «integrantes del juego democrático» y apuntar que su decisión no significaba que rechazaban de plano la Constitución, sino que habían «manifestado claramente su oposición a algunos puntos concretos, a algunos de los artículos que en la ley se contienen» y declaraban, de forma sucinta, «su aspiración a la reforma».

Más allá de esta separación entre los «síes» y los «noes», el ABC se unió también a la ola que apostaba por la unidad. «Dentro de la Constitución -y ésta es una de sus innegables virtudes- caben todos, incluso los que, como decimos, se han opuesto noblemente a su aprobación popular». En este sentido, el diario incidía en que tan solo quedarían descontentos con ella los que hubieran querido verla convertida en un «programa político propio, precisamente el suyo, el que querrían aplicar a todos los demás, sin que les importasen nada las opiniones, ideas o anhelos ajenos».

Lo más importante, según el editorial de ABC, era que el resultado no sirviera para dividir más a «esas dos Españas perennmente enfrentadas», sino para «eliminar esa dualidad de forma natural y espontánea, sin imposiciones por el simple uso de la fuerza». Por ello, los redactores de este periódico no querían olvidarse de los «noes». «Merecen nuestro respeto cuantos, movidos por su amor a España -idéntico sentimiento que ha llevado a una mayoría a .votar afirmativamente- han manifestado su oposición. Para los más, con la Constitución se ha instaurado una esperanza nueva en el país y en sus hombres».

«Dentro de la Constitución -y ésta es una de sus innegables virtudes- caben todos»

La misma portada del diario, titulada con un sentido «El desafío de la esperanza», incidía en este sentimiento al señalar que «los que se abstuvieron» y los que «votaron no» se «enfrentan hoy con el desafío de la esperanza». «En el día de hoy, conocidos los resultados de las urnas libres, maduro y expectante el pueblo español, la transición ha terminado. Bronca y dura fue la navegación, emborroscada la mae, azotado el velamen por vientos de galerna, arrasada la crujía […] pero el barco arribó, casi milagrosamente, al puerto señalado: la Monarquía de todos y para todos».