La única foto de la explosión, tomada por un civil
La única foto de la explosión, tomada por un civil - Jack W. Aeby/LIFE
ANIVERSARIO

Hoy hace 70 años comenzó la era atómica

Se conmemora el aniversario de la «Prueba Trinity», primera explosión atómica de los Estados Unidos y que llevó a las bombas de Hiroshima y Nagasaki

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El 5 de julio de 1961 Douglas MacArthur dijo al Congreso de Filipinas:

«El triunfo de la aniquilación científica ha destruido la posibilidad de la guerra como un método práctico de resolver diferencias. La enorme destrucción en los dos lados de un conflicto hace imposible al ganador evitar otra cosa que su propio desastre. La guerra global es un monstruo de Frankenstein que destruye a los dos lados».

Este «monstruo» tiene su inicio el 16 de julio de 1945, comienzo preciso de «la era atómica» en la cual ninguno de los contendientes podía tener un enfrentamiento directo ante el temor de su propia aniquilación. La disuasión, según el Dr. Strangelove, se convirtió en el conflicto: «el arte de producir en el enemigo el miedo a atacar», tal como escribieron Kubrick y Southern en la película.

A lo largo de los años 30, luego de la formulación del célebre E=mc2, la tecnología balística y la fisión nuclear avanzarán de manera paralela aunque desigual. John Cornwell describe en «Los científicos de Hitler» como existió una guerra tecnológica entre la Alemania del eje y los poderes aliados por llegar antes a un tipo de uso militar de las nuevas formulaciones científicas. Los progresos de Werner Heisenberg, físico nuclear puntero con los nazis, desataron la voz de alarma en las autoridades aliadas. Y así sucedió la célebre carta de Einstein a Rooseveltel dos de agosto de 1939:

«En el curso de los últimos cuatro meses se ha hecho probable —a través del trabajo de Loiot en Francia así como también de Fermi y Szilard en Estados Unidos— que podría ser posible el iniciar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia y grandes cantidades de nuevos elementos parecidos al uranio. Ahora parece casi seguro que esto podría ser logrado en el futuro inmediato. Este nuevo fenómeno podría ser utilizado para la construcción de bombas, y es concebible —pienso que inevitable— que pueden ser construidas bombas de un nuevo tipo extremadamente poderosas».

El final de la carta, donde menciona que Alemania «ha detenido la venta de uranio de las minas de Checoslovaquia», es el pistoletazo de salida del proyecto nuclear estadounidense. Afirma Cornwell que el «superior potencial de recursos» con el que contaba EE.UU. permitió obtener de forma más rápida la bomba nuclear que Alemania, ya que tenía más centrales y una fuerza de trabajo más amplia. A partir de 1942 el conocido como proyecto Manhattan estableció su base en Los Alamos, Nuevo México. Bajo la tutela de J. Robert Oppenheimer y con la colaboración total de las universidades del país, pudieron producir la cantidades de uranio y plutonio para desarrollar el arma. Leslie R. Groves, Jr., general de brigada encargado de este proyecto, eligió el Álamo por dos razones, según Ferenc Szasz, por necesidad de centralizar la investigación y también por motivos de seguridad. Los materiales nucleares se obtuvieron en la central de Hanford, en el Estado de Washington, donde se produjo todo el material necesario.

Existieron problemas con el control del plutonio y sus posibilidades de fisión, lo cual hizo necesitar un número mayor de bombardeo de neutrones para evitar cualquier error de masa. La solución fue crear un arma de tipo implosivo, que luego de la sugerencia de John von Neumann amortiguara el núcleo de la fisión con dos explosivos. Esto permitiría, primero, controlar la explosión y segundo que pudiera medirse el momento exacto de la fisión. La complejidad del proceso llevará a que tarde hasta nada menos que 1944. Faltó, por último, la prueba definitiva: un test real en un lugar que comprobara que la bomba podía funcionar.

El gran hongo

En febrero de 1944 Norman Ramsey, físico director del laboratorio, propuso en una carta un test en un sitio cercano, buscando siempre un impacto limitado. Oppenheimer se opuso, ya que consideraba que los efectos podrían no ser tan útiles como una «gran explosión» Para mediados de año Grove aceptó la sugerencia de Oppenheimer de iniciar «el proyecto trinidad». El nombre provenía del poeta inglés John Donne de tiempos isabelinos y su verso: «Golpea mi corazón, tres personas en Dios».

A lo largo de este año los distintos científicos y universidades se sucedieron para encontrar sitios en donde detonar la bomba. Algunos pretendían el sur del Caribe, Texas o alguna isla remota de California; al final se decidieron por el propio Nuevo México y concretamente el que sería conocido White Sands Missile Range (entre Carrizozo y San Antonio). Era un lugar lo suficientemente apartado como para no resultar nocivo para sus habitantes Solo existía un rancho donde sus dueños habían sido evacuados a lo largo de 1942 y no había ya ninguna actividad agrícola o de pastoreo.

A finales de 1944 las fuerzas militares prepararon el sitio de la prueba, señalando topes de seguridad y mandando patrullas a caballo. Con la llegada del nuevo año, el personal fue mejor aclimatado a través de barracones y la conexión con las redes ferroviarias del lugar. Este 1945 vio construir el que sería conocido como el «Gadget», el dispositivo nuclear y dos búnkeres que serían necesarios para que las autoridades científicas y militares pudieran observar el experimento. Las predicciones previas viraban entre la explosión total y el fracaso.

Una prueba previa, en mayo, calibró los aparatos, para luego proceder a la preparación del «Gadget» con una torre de acero que superaba los 20 metros. No se conocían los resultados y los científicos consideraban que no podían permitirse perder el plutonio, y se ideó una especie de bandeja para recoger este en el caso de fallo. Ahora bien, a las 5:29 el dispositivo explotó con una fuerza de 19 kilotones. Superó las mejores expectativas y devino en esta cita célebre de Oppenheimer a la NBC en los años 60:

«Supimos que el mundo no sería el mismo. Unos pocos rieron, otros lloraron y la mayoría permanecieron silenciosos. Recordé la línea de un texto sagrado hindú, el Bhagavad-Gita; Visnú está intentando persuadir al príncipe de que debe realizar su deber y, para impresionarle toma su forma con múltiples brazos y afirma: Ahora me he convertido en la muerte, el destructor del mundos»

El mundo, en definitiva, pasaba a ser otro. Según Blades y Siracusa en «A History of U.S Nuclear Power»:

«La mayor guerra en la historia humana tanto en coste como consecuencias finalizó con el uso de armas atómicas. Estas representaron una revolución en tecnología y potencia de fuego».

Fue, según afirma John Lewis Gaddis en su obra canónica sobre la guerra fría, «el retorno del miedo».