La traición veneciana tras la sangrienta victoria contra los turcos en Lepanto
Revelación a Pío V de la victoria de la Santa Liga en Lepanto, un lienzo que se puede observar en el Museo Naval - ABC

La traición veneciana tras la sangrienta victoria contra los turcos en Lepanto

Tras la contienda, el Imperio Otomano continuó combatiendo e incluso arrebató Túnez a España tan solo tres años después

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Entre las miles de líneas que ocupan las hojas de la Historia, hay unas que, para los españoles, están escritas con letras de oro: las que cuentan la victoria que la Santa Liga infligió al Imperio Otomano en Lepanto. Sin embargo, también se han difuminado en el papel aquellos renglones que reflejan el devenir de cristianos y musulmanes tras la que, a la postre, sería considerada como una de las contiendas navales más grandes de todos los tiempos.

Y es que, la guerra no se detuvo después de que la Santa Liga –la alianza formada por España, Venecia y los Estados Pontificios- derrotara con sus galeras a la flota del sultán Selim II, sino que, a pesar del varapalo, los musulmanes siguieron plantando cara durante años a los cristianos por tierra y mar. «La batalla de Lepanto significó un duro golpe para el Imperio, que perdió en ella gran parte de su armada, pero no debemos olvidar que, por ejemplo en 1.574, tan solo tres años después de ser derrotados, los turcos consiguieron arrebatar Túnez a los españoles», afirma en declaraciones a ABC el periodista y experto en historia militar española Miguel Renuncio.

¿La derrota que hundió un imperio?

Así pues, y en contra de la creencia popular, Lepanto no significó la caída en desgracia del Imperio Otomano. «La derrota no supuso por sí misma el declive de un Imperio poderosísimo que, con sus estados vasallos, abarcaba desde el Mediterráneo occidental hasta Mesopotamia y desde los Cárpatos hasta las cataratas del Nilo. Lo que sí es cierto es que la batalla de Lepanto coincidió en el tiempo con el inicio del declive político del Imperio Otomano, producido por el debilitamiento de la figura del sultán», comenta el experto.

Renuncio, a su vez, afirma que las causas que provocaron que el Imperio Otomano doblara la rodilla no fueron únicamente militares: «Existen ciertos paralelismos entre el progresivo declive que sufrió el Imperio Otomano tras la muerte de Solimán I (1.566) y el que experimentó la Monarquía Hispánica tras el fallecimiento de Felipe II (1.598), ya que los sucesores de ambos monarcas no quisieron o no supieron afrontar adecuadamente los retos que se les presentaron».

La victoria para los españoles

A pesar de todo, lo que sí logró con su victoria la armada cristiana fue detener en seco la expansión del Imperio Otomano a través del Mar Mediterráneo. Este hecho, aunque no significó la victoria definitiva contra Selim II, si insufló moral a unos reinos que, durante décadas, habían visto como los soldados turcos se hacían con una buena parte de los territorios ubicados en el norte de África.

«Aunque la derrota del Imperio Otomano no fue decisiva desde el punto de vista militar, sí tuvo una enorme importancia desde el punto devista moral y propagandístico, ya que sirvió para acabar con el mito de la invencibilidad de la armada otomana. En este sentido, la repercusión de la batalla fue enorme no solo en España, sino también en el resto de Europa. Por eso Miguel de Cervantes, años después de combatir en Lepanto, recordaba aquella jornada con las siguientes palabras: “Y aquel día, que fue para la Cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar: en aquel día, digo, donde quedó el orgullo y soberbia otomana quebrantada” (Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo XXXIX)», completa el experto