Óscar López Huete se ha acogido a lo que en Calidad Pascual llaman «responsabilidad compartida»
Óscar López Huete se ha acogido a lo que en Calidad Pascual llaman «responsabilidad compartida» - isabel permuy
familia

Los nuevos padres: ni madres, ni ausentes

Los hombres dispuestos a asumir el reto de la paternidad son un segmento de la población al alza

Actualizado:

¿Tienen los padres un estilo educativo propio? ¿Es diferente la sensibilidad paterna de la materna? ¿Es útil el modo masculino de criar a los niños para el desarrollo y el crecimiento personal de los hijos? No cabe duda, a la hora de educar y criar a los hijos el estilo de los padres es diferente al de las madres. Ni mejor ni peor, simplemente diferente, porque ellos «aman tanto a sus hijos como las mamás y quieren lo mejor para su prole», afirma María Calvo, profesora de la Universidad Carlos III y autora de «Padres destronados» (ed. Toromítico). Esta profesora explica cómo ambos progenitores se complementan por propia naturaleza para dar el equilibrio que un hijo necesita: «Las madres se preocupan más por el mundo íntimo del niño, intentan controlar con quién va, dónde, nunca le pierden de vista en el parque, tienen más comunciación verbal con él a través de cuentos, canciones... El padre da más autonomía, independencia y libertad a su hijo. Por eso, a los hombres les gustan más los juegos físicos. Pero cuando un padre cuenta un cuento o una canción es más creativo porque se los inventa y eso es muy enriquecedor para el cerebro de los niños. Por otra parte, la rudeza del padre fortalece el carácter de los niños». Les guste o no a muchas madres, el padre también necesita su espacio y libertad para «hacer las cosas a su manera», como recomienda María Calvo. «No le va a cantar canciones al niño como la madre —dice—, ni le dará crema durante media hora en el baño... Le sumergirá en el agua y le pondrá una pizza para cenar. Pero el niño estará tan bien cuidado como con su madre».

Variantes educativas

Lo cierto es que hay muchos rasgos distintivos del hombre a la hora de educar. Uno de ellos es su forma de comunicarse. Por lo general suelen ser más directos y francos en el diálogo con los hijos, según resalta Osvaldo Poli, autor del libro «Corazón de padre, el modo masculino de educar» (Palabra, 2012). «Llama más fácilmente las cosas por su nombre, y en el diálogo es más directo y sobrio». También, prosigue Poli, tiene menos miedo a decir «¡arréglatelas!». «El progenitor varón suele tener menos escrúpulos para que pongan en práctica su capacidad para emprender nuevos proyectos. Y esto es muy importante porque existe un límite invisible, pero real, donde la disposición de ayudar de los padres debe parar. El bien educativo de los hijos impone también saber negarse, para ayudarles a hacer las cosas por sí mismos y que se sientan capaces, y eso al hombre le cuesta menos que a la madre, más propensa a cargar quizás con las dificultades del hijo», asegura.

El padre también suele estar, indica este psicólogo y psicoterapeuta, especializado en la formación de padres y matrimonios, menos dispuesto a rebajar los obstáculos. «Este comportamiento es el contrapunto a la lógica materna de "mi hijo no debe sufrir", y constituye una de las numerosas variantes con las que ellos ponen al hijo en condiciones de afrontar las dificultades que suelen ahorrar las madres. Y es indispensable para formar a personas fuertes, capaces de afrontar las dificultades de la vida, realmente contentas de sí mismas», resume.

Maternidad sobrevalorada

Sin embargo, en el mundo de hoy el padre está perdido. «Se ha minusvalorado su papel —opina la profesora Calvo—, existe la sensación de que es prescindible y se ha sobrevalorado la maternidad. A veces, los padres temen ejercer su autoridad porque tienen miedo de ser tachados de autoritarios. Se sienten arriconados».

Lo que ya está claro es que gran parte de los padres en la actualidad ya no son los abastecedores económicos de la familia. Han entrado en el hogar y han asumido roles tradicionalmente desarrollados por la madre. «La familia tiene que ser su prioridad en la agenda. Su función no es sólo ganar dinero, sino que también tiene la obligación de tener tiempo para ser marido, padre e hijo», explica Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE y autora del libro «Dueños de nuestro destino» (ed. Ariel). «Hay padres que van sobreviviendo, pero no están aportado su mejor yo a la familia. El padre tiene que saber dónde acaba el límite de la energía y del tiempo que entregan al trabajo para luego tener esa energía y tiempo como padre y marido. Cuando sale del trabajo debe dar su mejor yo a la familia y no el peor, para satisfacer las demandas de la mujer y de los hijos, porque eso es su primera responsabilidad, descubrir a su familia y priorizar ese rol en su agenda».

En cualquier caso, concluye Poli, «no parece útil ni oportuno que los padres se transformen en mamás para sentirse competentes como educadores. Es necesario volver a apreciar la contribución paterna teniendo claro cómo y por qué es útil al bien educativo de los hijos, destacando sus diferencias frente a la sensibilidad femenina».

Apúntate a la newsletter de Familia y recibe gratis cada semana en tu correo nuestras mejores noticias

O súmate a nuestro whatsapp, y recibe cada día en tu móvil lo más interesante de ABC Familia