Familia

Descubre hasta dónde perjudicas a tu hijo si eres un padre protector

Muchos progenitores llegan angustiados a las consultas de los especialistas conscientes del daño que causan a sus hijos

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Muchos de los padres de hoy, cuando aprendieron a montar en bicicleta, se montaron en ella y empezaron a dar pedales. Sin más. Actualmente, a los niños se les enseña de una manera distinta. Se les compra la bici, eso sí; pero también un casco, coderas, rodilleras, guantes...

Este sencillo ejemplo viene a corroborar de una forma visual que los padres son cada vez más protectores. Conscientes de ello —del esfuerzo que supone para los progenitores estar pendientes de cada detalle que pueda perjudicar a los pequeños y del efecto negativo en los hijos—, no son pocos los casos de padres que llegan angustiados a la consulta de los psicólogos en un intento de dejar de ser tan sobreprotectores y no saber cómo hacerlo.

Muchos padres llegan a consulta porque quieren dejar de ser protectores

Protección, según el diccionario de la Real Academia Española, significa «amparar, favorecer, defender» y puede ser tanto a nivel físico como psíquico. Según Susana de Cruylles, psicóloga Clínica del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, en el campo de la educación de los hijos existen dos pilares básicos: el amor y las normas. A partir de ellos, se formulan muchos tipos de padres: los pasotas, que conceden a sus pequeños poco amor y poca norma; los autoritarios, mucha norma y poco amor... Los padres sobreprotrectores dan mucho amor, pero también mucho control: «No te subas ahí, que te vas a caer», «No estés triste, toma lo que quieras», «No se lo digo a nadie, tú tranquilo»...

Pautas para cambiar

El problema es que «les cuesta ver la separación existente entre protección-sobreprotección, y suelen llegar a consulta pidiendo pautas para poder cambiar —apunta Verónica Corsini, de Servicios Psicológicos Koan—. Al ser padres, tienen tanto un derecho como un deber de proteger la vida física y psíquica de sus hijos».

Existen, según Susana de Cruylles, varias razones por la que actualmente se protege más a los hijos. «Por un lado, que cada vez nacen menos niños y hay una mayor tendencia a centrarse en los que se tienen. Además, hay un mayor acceso a información, sobre todo de noticias catastróficas, y los padres tienen más miedo a que les pase algo a sus hijos. Tampoco hay que olvidar que las familias están menos tiempo en casa y, cuando están, quieren dar todo a sus hijos como forma de compensarles por sus ausencias».

Modos de protección y consecuencias

Verónica Corsini, de Servicios Psicológicos Koan señala varias maneras de sobreproteger a un hijo y las consecuencias psíquicas que supone para los pequeños:

—Prohibirles realizar sus propios deseos por una percepción de daño exagerado puede conllevar a una falta de conocimiento de sí mismos, así como del mundo que les rodea, lo que tendrá un efecto de falta de confianza, seguridad y autoestima. Los niños deben poder caerse para experimentar lo que supone levantarse y sentirse orgullosos de sus propias capacidades y logros.

—Otro modo es negar sus propios sentimientos cuando nos cueste conectar con nuestras emociones. «Quiero ahorrarle que lo pase mal», suelen decir algunos padres. Los niños lloran, gritan, se enfadan… Necesitan poder sentir y ponerle palabras a lo que sienten para entenderse y conocer sentimientos.

Si les interrumpimos, rechazamos y nos asustamos, no serán capaces de desarrollar una autorregulación interna ni integrar sentimientos. Esto les producirá una gran inseguridad y tensión interna. Por supuesto, no todas las acciones están permitidas, pero sí lo están todas las emociones. Podemos ayudarles a poner en palabras sus emociones a través de juegos, dibujos, lenguaje, aunque no les permitamos realizar la acción en cuestión.

—También se produce una cierta sobreprotección cuando nos adelantamos a ellos. Cuando salimos al paso de los deseos de nuestros hijos y ellos no ven el esfuerzo que implica, les estamos negando la posibilidad de desarrollar capacidades, de aprender cómo se hace, de entender cómo funciona. Muchos padres responden a tal cuestión diciendo «es que yo lo hago más rápido y con menos esfuerzo que él». Claro, el aprendizaje requiere paciencia y tiempo pero el esfuerzo es una piedra básica para que podamos aprender de nosotros y de cómo funciona nuestro entorno.

—Otra manera es ocultarles información por miedo a que sufran o se frustren. Los niños necesitan poder hacerse cargo de las situaciones. Debemos enseñarles poco a poco a relacionarse con las limitaciones, las dudas, las pequeñas frustraciones del día a día para que puedan desarrollar recursos de afrontamiento. Por el contrario les estamos exponiendo sin herramientas propias lo que en momentos difíciles puede llevar a desestructurarles.

Diferenciar el miedo real

En resumen, «cuando sobreprotegemos a un hijo estamos dándole varios mensajes de un modo subliminal: “No eres capaz”,” no puedes hacerlo”, “no puedes confiar del todo en ti mismo”… Aunque creamos que le estamos protegiendo», explica Verónica Corsini.

Recomienda esta psicóloga pararse a pensar también en la otra cara de la moneda: los padres. Ellos también han sido niños y educados de un cierto modo cuando eran pequeños. «Cada uno de tenemos nuestra historia anterior y nuestras experiencias que nos van formando como persona y esto influye en nuestra forma de ser como padres».

Susana de Cruylles apunta que los padres deben saber diferenciar el miedo real de que les pase algo a sus hijos del miedo imaginario. «Si un pequeño se sube a un tobogán, ciertamente se podrá caer, pero no por ello debemos sujetarle todo el tiempo. Otra cosa es que se suba a la quinta rama de un árbol y corra peligro de romperse la cabeza. Si somos sobreprotectores con el tobogán es probable que de mayores no les dejemos salir de casa para así evitar que beban alcohol».

Los casos extremos de protección pueden llegar a ser maltrato

«Una frase que escucho muchas veces —prosigue Verónica corsini— es “no quiero que a mi hijo le falte lo que me faltó a mí”, “No quiero que cometa las mismas equivocaciones”, “Es que somos como uno, es igualito que yo”. Estas expresiones resaltan un concepto importante de entender: la necesidad de individualidad y de verse como ser separado. Los hijos son personas, con propios deseos, miedos, fantasías… No son una prolongación de uno mismo. La incapacidad de poder entender esto es lo que se esconde muchas veces detrás de la sobreprotección. Pero si entendemos que es más un deseo nuestro como padres de seguir manteniendo esa unidad, podremos respetar el deseo de nuestro hijo de realizarse como persona».

Algunos expertos afirman que casos extremos de sobreprotección pueden llegar a ser una forma más de maltrato infantil, ya que estamos dejando sin recursos psíquicos al niño para afrontar y enfrentarse a la vida. Alguna vez, detrás de ello se esconde una cierta agresividad ante el desarrollo del otro como ser separado.

«Servimos de modelo para ellos, pero no debemos confundirnos con ellos —concluye la experta de Servicios Psicológicos Koan—. Nuestros miedos no son los suyos, nuestras carencias no son las suyas, nuestros deseos son diferentes. Si comprendemos eso y les damos calidez en el trato, a la vez que les exigimos teniendo en cuenta sus propias capacidades, estaremos favoreciendo un buen desarrollo físico y psíquico de nuestros hijos».

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