Motín ultra contra el Congreso
Carga policial contra los manifestantes en la calle Cedaceros - josé alfonso
reforma laboral

Motín ultra contra el Congreso

Los nueve detenidos anoche en las cargas policiales tienen antecedentes por algaradas radicales. Ocho agentes y un manifestante resultaron heridos

madrid Actualizado:

Los aledaños del Congreso de los Diputados se convirtieron anoche en un campo de batalla en el que los mismos de siempre, la rama radical del Movimiento 15-M, volvieron a plantarle un pulso a la Policía que, esta vez sí, terminó con una contundente carga. Al cierre de esta edición, fuentes de la Jefatura Superior de Policía cifraron en nueve las personas detenidas. Todas habían sido filiadas con anterioridad por algaradas de grupos radicales, precisaron fuentes de la investigación.

Anoche durmieron en la sede de la Brigada Provincial de Información, en la calle de la Tacona (Moratalaz). Además, el Samur-Protección Civil atendió a otros tantos lesionados, todos leves por contusiones, ocho de ellos policías.

La convocatoria, realizada el jueves a través de las redes sociales, se presumía caliente. Se trataba de una protesta contra la reforma laboral aprobada ayer por la mañana en el Consejo de Ministros, pero los servicios de Información de la Policía sospechaban que iba a terminar a palos. La concentración, prevista a las ocho de la tarde en la Puerta del Sol, no había sido comunicada a la Delegación del Gobierno, por lo que carecía de base legal. Allí, centenares de personas del 15-M confluyeron con otras del colectivo feminista «marea violeta», con gritos contra el Gobierno central, los sindicatos y la banca.

Más de 150 policías

El guión, por lo tanto, era el de siempre. Pero, pasadas las nueve de la noche, las peores previsiones se fueron materializando. Un grupo de menos de 200 personas (del casi millar inicial) abandonó en bloque la Puerta del Sol y enfiló la Carrera de San Jerónimo: su objetivo era, cómo no, el Congreso de los Diputados.

Pretendían así remedar lo ocurrido el 19 de noviembre pasado, cuando seis personas fueron detenidas tras apedrear y pintarrajear la puerta principal de la Cámara Baja. Cuatro de ellos, por cierto, estaban filiados como miembros de los grupos de ultraizquierda Coordinadora Antifascista y Rompamos el Silencio.

Anoche, todas las entradas a la Puerta del Sol estaban literalmente blindadas, así como la zona de influencia del Congreso: calle de Alcalá, Carrera de San Jerónimo, Mayor, Carretas... Más de 150 agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP), los conocidos popularmente como antidisturbios, hacían barrera ante la sede de la Comunidad de Madrid, pero sobre todo a la altura de la calle de Cedaceros, ya pertrechados con sus cascos y escudos, señal inequívoca de que no se iban a andar con miramientos. Había datos que apuntaban a que iban a intentar asaltar el Congreso de los Diputados.

Los alborotadores se acercaron a ellos, momento en que los agentes les pidieron que se identificaran. Y la espita se prendió: los ultras ya tenían su «excusa», porque la mera presencia policial pareció encenderles. La carga inicial fue fuerte y no tardó en producirse la primera detención. Internet se fue nutriendo entonces de vídeos, fotos y comentarios llenos de insultos de los manifestantes prácticamente en tiempo real. La protesta, una vez más, se duplicaba en el mundo virtual.

«Trending topic»

El hashtag #refomalaboral no tardó en convertirse en «trending topic» nacional en Twitter. La algarada no cesó ahí. A los gritos de «¡Vergüenza! ¡Vergüenza!», comenzaron las carreras por calles aleñadas, que se extendieron hasta la vecina zona de Huertas.

Las detenciones se sumaron una tras otra, como las provocaciones, al grito de «¡No tenemos miedo!» y «¡Lo llaman democracia y no lo es!», verdaderos «hits» en las protestas que se vienen repitiendo desde mayo.

Durante una hora aproximadamente, la acción policial no cesó. La fuerza, como ya había augurado la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, en casos de vulneración de la ley, se empleó a fondo. Incluso con los numerosos periodistas gráficos que cubrían la batalla campal, que terminaron por los suelos sin soltar sus cámaras de fotos y televisión.