La reforma incluirá el vallado metálico de la calle
La reforma incluirá el vallado metálico de la calle - ISABEL PERMUY

La nueva Gran Vía: bolardos contra atentados, fuentes y cámaras «espía»

El Ayuntamiento retrasó la licitación del contrato para añadir fuertes medidas de seguridad. Se instalarán elementos móviles en zonas clave

MadridActualizado:

La redacción del proyecto de la Gran Vía y su licitación se retrasaron por los atentados terroristas de Barcelona el pasado 17 de agosto. Tras los incidentes, al Área de Salud, Seguridad y Emergencias que dirge Javier Barbero le urgía reforzar las medidas de seguridad con la inclusión de nuevos bolardos y mobiliario especial para salvaguardar a los ciudadanos frente a la demencia de un arrollamiento masivo. La nueva Gran Vía se rendirá al peatón no solo para concederle mayor protagonismo en su espacio, sino para blindar su seguridad y cubrir los puntos flacos que actualmente tiene en caso de ataque. Así lo confirman desde las Áreas de Seguridad y Desarrollo Urbano Sostenible y se extrae del contrato para reformar la vía centenaria que se ha hecho público esta semana.

La licitación, que culmina el 28 de noviembre, incluye la adquisición de vallado metálico, 177 bolardos y/u horquillas y otros 15 bolardos especiales valorados, cada uno de estos últimos, en 400 euros. Son dispositivos móviles que ha solicitado la Policía Municipal. Además, jardineras colgantes de grandes dimensiones se colocarán también a modo de barrera en determinados puntos clave como la plaza del Callao y otras esquinas en cruces de calles.

El director de la Policía Municipal, Andrés Serrano, y el coordinador de Seguridad del Ayuntamiento, Daniel Vázquez Llorens, se encargan del diseño de implantación de todos los elementos de seguridad móviles y fijos. Algunos ya vienen establecidos en los planos del contrato, pero son exclusivamente los concernientes a los establecidos por el Área de Medio Ambiente y Movilidad.

La APR «más intuitiva»

La obra de la Gran Vía la dejará a punto para formar parte de la gran Área de Prioridad Residencial que pretende poner en funcionamiento el Gobierno de Manuela Carmena a partir del verano. Ahora Madrid la llama la Zona de Cero Emisiones, que convertirá todo el centro en espacio acotado a vecinos, transporte público y vehículos autorizados. Por ello, el contrato de la Gran Vía incluye la instalación de detectores de vehículos para fichar a todos los coches que accedan a su interior, así como las velocidades medias, la intensidad de tráfico y el porcentaje de ocupación, entre otros datos. «Será la APR más intuitiva de las existentes para evitar que el conductor sea sancionado», afirman desde el Ayuntamiento.

Una tetris de 4.500 euros

Otra de las novedades que incluye los pliegos del contrato de remodelación es la incorporación de tres fuentes de agua potable con dos pilas cada una de ellas. Será la primera vez que esta arteria de la capital incorpore este elemento urbano. Se colocarán en la plaza del Callao, en la Red de San Luis (Montera) y en la plaza de Metrópolis, configuradas las tres como zonas estanciales. Cada una de las fuentes, diseñada como pieza de tetris de granito, costará 4.500 euros, con la instalación incluida.

Ásí serán las fuentes de granito que se instalarán en Callao, Red de San Luis y Metrópolis
Ásí serán las fuentes de granito que se instalarán en Callao, Red de San Luis y Metrópolis - ABC

El granito será también el material que dé forma a los nuevos bancos que se implantarán en las plazas y la Gran Vía, abandonando los actuales de madera. Los pasos de cebra crecerán en número y dimensión y la zona ajardinada se multiplicará, sobre todo en las plazas de Callao, Montera y Metrópolis.

El lavado de cara de este espacio prevé un coste máximo de 9,3 millones de euros y un plazo de ejecución de obras de trece meses desde el inicio de las mismas, previsto para enero. Se estima que los trabajos hayan finalizado coincidienco con el inicio de la campaña electoral. A partir de entonces, la Gran Vía perderá dos de sus carriles para entregárselos al peatón. De los cuatro existentes para entonces, dos serán para los autobuses y el taxi y los ciclocarriles compartirán espacio con el resto del tráfico rodado, incluido el privado, que podrá continuar accediendo a los parkings. El Ayuntamiento espera sacar de esta vía fundamental para atravesar la ciudad a 45.000 vehículos y que solo transiten por la misma 10.000.