Representación de La Celestina
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CURIOSIDADES DE MADRID

Devolver la virginidad a las doncellas, el gran negocio en el Madrid del siglo XVII

El oficio de las «remiendavirgos» o celestinas, desarrollado en la clandestinidad durante siglos, ha sido tratado en numerosas piezas literarias

MADRIDActualizado:

La cara amable del siglo XVII en Madrid tiene que ver con su genial relación con las Letras y con la exclusiva concentración de talento que albergó en apenas cuatro calles; de ahí el apelativo del Siglo de Oro. El dorso, oscuro y clandestino, remite sin embargo a las prácticas oscuras que se desarrollaban paralelamente, catalogadas como esotéricas en la época. Una de ellas, sobre la que este texto trata de ilustrar, se convirtió en uno de los negocios más prolíficos en la capital y en el resto de España. Se trata del oficio de las «remiendavirgos», también conocidas como celestinas, encargadas de «devolver» la virginidad a las doncellas reconstruyendo sus hímenes, entre otras artes.

Su labor, no obstante, se remonta varios siglos atrás. En La Celestina de Fernando Rojas, publicada en 1499, ya se da buena cuenta de ello: «Entiendo que pasan de cinco mil virgos los que se han hecho y deshecho por su autoridad en esta ciudad», avanzaba Sempronio a Calisto en su recomendación para acudir a la alcahueta. Sea cual fuera su comienzo, lo cierto es que este trabajo fue ganando fuerza y clientela con el paso de los años hasta alcanzar su techo en los tiempos de Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Francisco de Quevedo, con la Villa de Madrid como uno de sus núcleos principales por su condición de capital del Reino. Lo hizo progresivamente y por la idiosincrasia de aquella sociedad, hipócrita y ambigua.

La virginidad era un bien muy escaso en el Madrid del Siglo de Oro; y, por tanto, preciadísimo

La integridad de la mujer, narran diversos historiadores, se valoraba exclusivamente por su virginidad, aunque la castidad no fuera un ejercicio muy extendido. El virgo, en ese sentido, era un bien muy escaso; y, por tanto, preciadísimo. Dado el contexto de la época, donde el fin último de las doncellas era el casamiento, haber perdido la honra sepultaba cualquier pretensión, por mínima que fuera, para las jóvenes de clase media. Aconsejadas y acompañadas algunas veces por sus propias madres, acudían a las «remiendavirgos»; mujeres de apostura oscura, consideradas brujas, que también practicaban abortos e intermediaban en asuntos amorosos a través de artes ocultas. La Celestina, como se citó anteriormente, es uno de los múltiples ejemplos al caso.

Fuente de literatura

Así, la pericia de estas mujeres para reconstruir el himen de las doncellas hizo que aumentara tanto la oferta como la demanda de este tipo de servicios. Con unas condiciones de higiene y salubridad pésimas, el riesgo de contraer cualquier tipo de enfermedad, o incluso morir, era muy elevado. Las sombrías callejuelas del centro de la capital, lo que hoy es el entorno de las plazas de la Villa o Mayor, corazón de aquel Madrid, concentraron parte de estos centros clandestinos.

Estudiado dentro del ámbito de la medicina, e incluso desarrollado en la actualidad, la figura de las celestinas o «remiendavirgos» ha alimentado, sobre todo, numerosas piezas literarias. Un ejemplo es la citada Celestina, como también lo es Del amor y otros demonios, de Gabriel García-Márquez, donde aparece un personaje, Sagunta, definida en tales términos. Como apunte, citar la tesis de Enrique Montello y María Cruz Herrero, que tratan el tema en La «renovación de novias» en La Celestina y otros autores; con la narración de algunos pasajes de la obra, como este: «Ella tenía seis oficios, conviene a saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primero oficio cobertura de los otros, o color del cual muchas mozas destas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y gorgueras y otras muchas cosas… Asaz era amiga de estudiantes y despenseros y mozos de abades. A éstos vendía ella aquella sangre inocente de las cuitadillas».