Salida del paso del Cristo de la Fe y del Perdón, ayer, en la Basílica Pontificia de San Miguel
Salida del paso del Cristo de la Fe y del Perdón, ayer, en la Basílica Pontificia de San Miguel - Guillermo Navarro
Semana Santa

Un cuarto de siglo de Los Estudiantes en las calles y al encuentro de los madrileños

El Cristo de la Fe y del Perdón celebró ayer su XXV salida procesional en Domingo de Ramos

MadridActualizado:

Con un lirio prendido en los pies del Cristo de la Fe y del Perdón -de los cerca de 1.500 que adornaban su paso como novedad este año-, el Señor de Los Estudiantes pasó ayer el dintel de la Basílica de San Miguel, si cabe, con una emoción aún mayor. Lo hizo para levantar de nuevo el corazón de los madrileños que, desde hace 25 años, le acompañan y le siguen por las calles del Madrid de los Austrias. Un cuarto de siglo en el que «han cambiado muchas cosas», menos la fe y el fervor con la que esta hermandad brinda a la capital una de las estaciones de penitencia más hermosas de su Semana Santa.

Momentos previos a la procesión de Los Estudiantes
Momentos previos a la procesión de Los Estudiantes- Guillermo Navarro

Once minutos después de la hora prevista, a las 18.41 horas, las puertas de la basílica se abrían. Con ellas, el sol radiante que azotaba ayer las calles se escondía, haciendo una reverencia, detrás de las nubes. Como si no quisiera robar protagonismo a ese instante que sobrecoge, en un silencio roto únicamente por la música de capilla, a todos los que se agolpan para verlo salir. «No se está mejor en ningún sitio. En ninguno mejor en todo el mundo», se escuchó a un costalero bajo el paso, arengando a sus compañeros. Con su monte de lirios se alejó camino de la Plaza de la Villa, con un cortejo cada año más grande de nazarenos -de riguroso negro ruán y cinturón de esparto- y de niños, que ayudan en todo lo que pueden con «mucha ilusión».

Salida del paso de palio de María Santísima Inmaculada Madre de la Iglesia
Salida del paso de palio de María Santísima Inmaculada Madre de la Iglesia - Guillermo Navarro

Detrás de Él, su Madre –María Santísima Inmaculada Madre de la Iglesia– pasó el dintel minutos después en una de las salidas más especiales de su historia. Acompañada de la marcha «Amarguras», Los Estudiantes homenajearon así la música de Semana Santa que el compositor Manuel Font de Anta compuso justo hace un siglo y, por cierto, en la Plaza de la Villa de Madrid. Frente a las nubes que esperaban a su Hijo, a Ella le salió un sol radiante que hizo brillar toda la candelería y los bordados que adornan su espectacular paso de palio. «¡A esta es!», se escuchó la voz del capataz antes de que la banda de música del Regimiento Inmemorial del Rey Nº 1 del Cuartel General del Ejército hiciera aún más impresionante el baile de este palio. San Justo, Cordón, la Plaza de la Villa, Ramales, Mayor, Conde de Miranda... Los Estudiantes recibieron la admiración -también de muchos turistas, sorprendidos por su solemnidad- desde la acera y desde los balcones. La talla dieciochesca del Cristo -obra de Luis Salvador Carmona- recibió la primera en la plaza de Santiago. Al cierre de esta edición el cortejo aún seguía su regreso a la Basílica de San Miguel.

La Borriquita

Paso de La Borriquita, ayer, por las calles del centro de Madrid
Paso de La Borriquita, ayer, por las calles del centro de Madrid- Maya Balanyà

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Amor salió antes de la Catedral de La Almudena. Con cierto retraso sobre la hora marcada para su inicio, la Cruz de Guía tocó la calle Bailén a las 16.45 horas abriendo el cortejo de túnicas blancas y fajín rojo de sus nazarenos. Era su sexta estación de penitencia. Frente al templo catedralicio, que echó sus campanas al vuelo para acompañar al paso de La Borriquita, centenares de madrileños disfrutaron del saludo que los costaleros les brindaron. La música corrió a cargo este año de la banda de cornetas y tambores de la Virgen Morena de Ocaña. La procesión contó, un año más con el acompañamiento de la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena. De vuelta a su sede canónica, la Iglesia de San Ildefonso, cruzó calles como Arenal o la Gran Vía, sorprendiendo a muchos.