Esperanza Aguirre e Ignacio González, la semana pasada en la Asamblea de Madrid - ABC
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Aguirre, una vida entera a «pico y pala»

«Entonces me haré tertuliana para decir todo lo que pienso de verdad todo el tiempo», profetizaba la presidenta regional sobre el día que abandonara la política

madrid Actualizado: Guardar
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La fotografía en blanco y negro de Esperanza Aguirre - quien acaba de presentar su dimisión- es la de una concejal de 36 años del Ayuntamiento de Madrid que tenía por alcalde a Tierno Galván y por oposición a Alvarez del Manzano y un par de jóvenes que ya prometían: uno conservador, la otra liberal, desde entonces amigos y sin embargo compañeros de partido político. Allí se curtieron Alberto Ruiz-Gallardón y la de la foto, Esperanza Aguirre, en la política madrileña de la que él todavía no ha salido y en la que ella está de vuelta tras haber desempeñado los cargos de ministra de Educación y presidenta del Senado antes de sucederle a él en el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

De aquella foto de la tímida concejal de Medio Ambiente que ya apuntaba maneras cuando se encadenó a un árbol para evitar que lo talaran hasta hoy ha transcurrido casi un cuarto de siglo y muchas cosas de las que destacan sus sucesivas victorias políticas en todas las elecciones a las que se ha presentado y los sustos que se lleva y nos da, de los que también siempre sale airosa: si se estrella su helicóptero no le pasa nada, si Al Qaeda tirotea su hotel de Bombay, no le roza ni una bala; si le detectan un cáncer, a las pocas semanas está como una rosa.

Su secreto no está en una pócima milagrosa, sino ese lema de «pico y pala» que mantiene a tono su fortaleza y engrasada su gran vocación política que algún día, dice, se agotará. «Entonces me haré tertuliana para decir todo lo que pienso de verdad todo el tiempo», anuncia.

Como si ahora no lo hiciera.