El líder de En Marea, Luís Villares, este martes en el Parlamento
El líder de En Marea, Luís Villares, este martes en el Parlamento - EFE
EN MAREA

Villares llama a la izquierda a un frente social contra un Feijóo «mudo y ausente»

El líder de los rupturistas recupera el discurso indignado y propone diseñar una reforma del Estatuto «de carácter social»

SantiagoActualizado:

Un presidente «mudo» cuya «obsesión enfermiza» por la calle Génova quiso hacer de Galicia su «trampolín». Una política «cruel y despiadada» tutelada por un «político que piensa en los números, y no en la gente». Una Xunta, en fin, que mantiene un «país a la intemperie» y que todavía sufre los «recortes públicos, la precariedad laboral y la estafas de los recibos a final de mes». Así, agitando la bandera del discurso indignado, se ha presentado este martes Luís Villares en el Debate del Estado de la Autonomía. El portavoz de En Marea ha hilvanado una intervención extremadamente crítica contra el PP -en ocasiones rayaao a la descalificación- y ha propuesto a la izquierda la firma de un «trato social» para acordar un «mínimo de inversiones sociales» en relación al PIB, aplicar una «desmercantilización» de los servicios y diseñar una reforma del Estatuto «de carácter social».

Comenzó Villares por donde se preveía: el fallecimiento de un paciente en el PAC de A Estrada (Pontevedra) mientras esperaba a ser atendido. Fue la percha que empleó para denunciar para Alberto Núñez Feijóo la política no son sino números, cifras, precios, que el popular siempre está dispuesto a pagar a costa del bienestar de los gallegos. «Diganos, señor presidente, ¿valió la pena?», cuestionó el portavoz rupturista, dando paso a otro de los grandes pilares de su discurso: la renuncia de Feijóo suceder a Mariano Rajoy al frente del PP. «Ni su sumisión ni su neoliberalismo autoritario le valieron el favor de la Corte. Quería hacer de Galicia su trampolín, pero en la piscina no había agua», insistó Villares.

El retrato de Galicia perfilado por En Marea pasa por un territorio donde los recortes son «pura ideología»; donde se lleva a cabo una «mercantilización» del Sergas o donde la gestión sanitaria se encuentra en manos de «saludtraficantes» al servicio de la esfera privada. «No son conselleiros, ¡son comisionistas!», dijo Villares, de nuevo al más puro estilo de su mentor político, Xosé Manuel Beiras, presente en la tribuna de invitados. Después tuvo que retirar la expresión por mandato de la presidencia del Parlamento.

Sanidad al margen, el magistrado en excedencia acusó a la Xunta de hacer que los autónomos sean en realidad precarios, de nutrir un modelo económico basado en el Camino y el «turismo de bocadillo» o de tragar con las ruedas de molino de la subida del precio de la energía o el alquiler.

Otro modelo

El líder rupturista habló de Galicia como una «nación» que se revuelve contra un presidente que «se esconde y agacha la cabeza» ante Madrid, como un país que rechaza el control de CRTVG como «un medio de manipulación» o como una sociedad que censura a quienes desdeñan su «memoria democrática». Tras comentar la polémica presentación de «A derradeira leición do mestre», Villares lamentó que los «silencios» buscaban ocultar el verdadero sentido de la obra de Castelao. «Será que algunos en el PP se sienten hijos de los que disparon a Bóveda», espetó. De nuevo indignación en la bacanda popular. Villares, otra vez, tuvo que retirar la expresión al final de su discurso.

En contraposición, En Marea hizo un llamamiento «a toda la ciudadanía gallega, incluida a aquella que votó al PP» a que se sumen a «esa gran mayoría social» que pide una alternativa. La del partido instrumental es la de firmar un «nuevo trato ciudadano», susceptibe de ser pactado con PSdeG y BNG, para conseguir que las inversiones públicas sean equiparables a las de los presupuestos de 2009 en igualdad, lucha contra la violencia machista, educación, bienestar y sanidad.

En cuanto a los servicios públicos, Villares planteó un cambio en la gestión del agua, caminar hacia el fin de la concertada en la educación o reformar el servicio de incendios para que sea «único y público». Al final, el dirigente se refirió a una reforma del Estatuto para introducir «una carta de derechos sociales de los gallegos», como el acceso al agua, la vivienda digna o un mínimo de renta vital y de energía disponible en cada hogar.