Vázquez y Rivera, en la conferencia organizada por Ciudadanos en La Coruña
Vázquez y Rivera, en la conferencia organizada por Ciudadanos en La Coruña - IAGO LÓPEZ
ACTO POR EL CONSTITUCIONALISMO EN LA CORUÑA

Vázquez y Rivera fustigan juntos al sanchismo por rendirse al «griterío» de las minorías

El exembajador y exalcalde de La Coruña, histórico del PSOE, muestra su sintonía con el líder naranja y clama contra el Gobierno «sacrificar las ideas al ejercicio del poder»

La CoruñaActualizado:

Uno socialdemórata y el otro liberal. Uno de 72 años y otro de 38. Uno que gobernó seis veces por mayoría absoluta y otro que aspira a hacerlo a pisar aún la alfombra del poder. A Francisco Vázquez y a Albert Rivera les separan las siglas y la distancia generacional pero les une el mismo espíritu constitucional y la misma condena ante los lazos del populismo y el separatismo que atan al Gobierno de Pedro Sánchez.

«Para mantenerse en el poder lo que se está negociando es la propia idea de España». Al alcalde de La Coruña siempre se le ha conocido por el discurso categórico, por el verbo rotundo, y ayer no decepcionó a quienes llenaron un pabellón para verlo compartir, mano a mano con el líder naranja, una charla-coloquio por el futuro del constitucionalismo español. Hubo dardos contra Sánchez -sin llegar citarlo-, hubo cargas contra la política entreguista del Ejecutivo ante Cataluña y hubo, ante todo, apelaciones a defender la integridad del Estado a través de una «remontada» del «ejército civil» del constitucionalismo, en palabras de Rivera, aún en muletas tras lesionarse jugando al tenis.

«Comete un error el que someta su acción política al griterío de las minorías», descargó el también exembajador de España ante la Santa Sede, «no cabe sacrificar la ideas o las ambiciones al ejercicio del mero poder». Había cierta curiosidad por el regreso de Vázquez al ruedo político y mediático. Principalmente por hacerlo no de la mano del PSOE, su casa hasta 2014, sino por dejarse querer –otra vez- por Ciudadanos, enfrascasdo en una operación de seducción al votante socialista moderado. Así, bajo paraguas naranja, Vázquez se soltó para censurar los escarceos del sanchismo ante quienes «quieren destruir el sistema» y reclamó «claridad a la hora de fijar las alianzas». «Únicamente puede hacerse con aquellos que coincidan en el modelo», expresó.

El tándem Rivera-Vázquez coincidió en la urgencia y la gravedad del momento político actual. Uno y otro se refirieron a los ataques abertzales al acto de España Ciudadana en Alsasua y especialmente a la tibieza posterior de los socialistas. «¿Es crispar gritar viva España?», enardeció el exregidor herculino a la sala. «Esa pasada de frenada (la del Ejecutivo) denota nervios», le siguió Rivera.

Con Torra no cabe deshielo

El política de Moncloa de acercamiento al independentismo planeó durante todo el acto. Para el presidente de Ciudadanos, no cabe deshielo alguno. La naturaleza del nacionalismo es «insaciable»: un adversario de la «igualdad». «Lo único que tienen que decidir es si lo hacen a plazos o al contado», sentenció, . Su razonamiento que encontró eco en Vázquez. «Todos sabemos que los independentistas están en un camino sin marcha atrás: no cabe ni siquiera plantarse un acuerdo conculcando el Estado de Derecho».

En ese sentido, los ponentes criticaron el cambio de estrategia de la Abogacía del Estado en la acción judicial contra los líderes del procés y celebraron el funcionamiento de los tribunales como barrera contra el secesionismo.

A por un frente moderado

También hubo reconocimientos hacia la Unión Europea por su defensa de la integridad de los estados miembros. Sin ellos, sin los gestos de Tajani en Asturias, Macron o Merkel, «vete tú a saber si los separatistas no hubieran encontrado aliados», culminó Rivera.

Al final, la conferencia desembocó en un llamamiento aprovechar el horizonte electoral, desconocido pero probable, para voltear la situación generada tras la moción de censura. Rivera reconoció su deseo de ser presidente, pero no a costa de «tener que negociar los presupuestos en la cárcel», y espoleó a los españoles moderados para que, «en lugar de pedir perdón», se sumaran en un «proyecto nuevo».

Ese frente centrista, la bolsa de votos que tradicionalmente decantó la balanza electoral entre el PP y el PSOE, es la diana a la que apuntan los naranjas, que no tampoco renuncian robarle protagismo a Casado e incluso a Vox. Para ellos fueron las alusiones contra la bandera de la plurinacionalidad que agita Sánchez y las alusiones a favor de una homogeneidad lingúística en puestos de la administración.

Para Rivera, ellos tienen la llave de las futuras elecciones. Los moderados no caldean la calle, votan, vino a decir. «Y al final siempre ganan».