Josefa (izquierda) es, a sus 100 años, la vecina más longeva de Chandrexa
Josefa (izquierda) es, a sus 100 años, la vecina más longeva de Chandrexa - MIGUEL MUÑIZ
LA ESPAÑA VACÍA

La lenta agonía del rural

Municipios como Chandrexa de Queixa, en Orense, simbolizan el ocaso del campo español, herido de muerte por la despoblación y el envejecimiento

CHANDREXA (ORENSE)Actualizado:

Sergio tiene 11 años y apenas amigos con los que jugar. Vive en San Fiz, uno de los 34 núcleos de población que componen el municipio orensano de Chandrexa de Queixa. «Aquí niños hay muy poquitos. Debe de haber seis o siete en todo el concello», calcula su alcalde, Francisco Rodríguez. Sergio pasea despreocupadamente con su madre, Teresa, y cuatro perros por la carretera. Una pista de montaña que, ante todo, sirve para llegar a la estación de Cabeza de Manzaneda. Son pocos los que se detienen en este punto del Macizo Central orensano -a una hora en coche de la capital provincial y dos de Santiago- que ha perdido más de un 30% de habitantes desde 2009; más del 50% desde que Rodríguez llegó a la alcaldía, con el PP, allá por 1991, hace 28 años. Entonces superaban el millar. Ahora, según tiene anotado en un papel, son 468. «Vamos en decadencia, para abajo», asume.

Chandrexa es la España vacía, la Galicia despoblada y envejecida. Llevan dos años sin registrar un solo nacimiento, y en los anteriores nunca pasaron de uno o dos. El único colegio del municipio echó el cierre hace seis años. «No había alumnos. Lo abrí en el año 92, con 64 niños. Costó 128 millones de pesetas», rememora el regidor. Ahora alberga clases de gimnasia para la tercera edad. Durante las olas de incendios acogió a efectivos de la UME. Otra antigua escuela se reconvirtió en velatorio. A Sergio, para ir a clase, no le queda más remedio que desplazarse a Castro Caldelas, a más de 20 kilómetros. Lo recoge cada mañana un autobús. Línea regular ya no existe. Antes salía un autocar a las 7.30 con dirección a la capital. Ahora los vecinos dependen del coche o del único taxi disponible. «Esto está totalmente acabado. Aguantas porque no tienes otra cosa. Quizás, si no, desistías», admite con resignación Teresa, la madre de Sergio.

Sergio, con su mastín Luna
Sergio, con su mastín Luna - MUÑIZ

«Da penita porque se está despoblando», comenta su tocaya Teresa Abelleira, que viene de Barcelona a pasar unos días en la casa materna. «Escuchas las historias de antes... 'Había tantos niños. No queda nadie'. Todo son comentarios así», explica. Junto a su pareja, Adrià, muestra las viviendas que se han venido abajo o han quedado calcinadas por el fuego. Aparece el padre, José, oriundo de Lugo. «La Galicia rural se está deshaciendo», sentencia.

«La vida aquí es difícil, muy difícil», admite Ana Raquel González, que trabaja en la farmacia. «A mí porque me gusta esto pero estando con niños no es fácil». Ella tiene dos. La más pequeña, Irixa, de tres años, va a la guardería en otra localidad, A Pobra de Trives, también a casi 20 kilómetros. Se encarga ella de llevarla. Chandrexa se ha ido quedando sin servicios. Hay centro de salud y un supermercado. De siete bares se ha pasado a dos. Las tres entidades bancarias que existían hace tres años han cerrado. No hay siquiera un cajero, una situación que afecta a 52.000 gallegos de 41 municipios, y que ha decidido paliar la Xunta licitando un servicio que podría activarse a finales del próximo mes. El propio presidente, Alberto Núñez Feijóo, se lo trasladó en persona al alcalde, que asegura: «La Xunta de Galicia nos ha ayudado muchísimo, porque si no, cómo vas a sobrevivir. No tenemos fábricas, no tenemos nada, aquí tenemos ganadería».

En los dos últimos años no han nacido niños en este municipio
En los dos últimos años no han nacido niños en este municipio - MUÑIZ

«No se ven alternativas»

«Tenemos un problema, que es la despoblación. Cada día tenemos menos vecinos y no se ven muchas alternativas de empezar a subir un poco», admite el regidor. Según los últimos datos del Instituto Gallego de Estadística, no consta la construcción de un solo metro residencial, al menos, desde el año 2000. «La gente joven se va para la ciudad, estudia, va a la universidad, y luego es muy difícil que vuelva al rural». Le gustaría que esa gente joven viera en Chandrexa una opción de vida. Que entendieran que sus 170 kilómetros cuadrados ofrecen «muchas posibilidades» para explotaciones ganaderas; que poseen «una gran riqueza como es la caza».

Como tantos otros municipios del rural, éste también necesitaría dejar de ser una mera zona de paso. Hay proyectos en marcha como la restauración de un complejo de turismo rural. Se busca ofrecer servicios a quienes van en ruta hacia Manzaneda, referencia del esquí en Galicia. Darse a conocer, promocionar sus rutas. «Orográficamente es una zona maravillosa», afirma Rodríguez.

Por el momento, en todo caso, su «ilusión» está depositada en la inminente apertura de una residencia para la tercera edad con 77 plazas. «Subiremos un poquito el censo y se van a crear aproximadamente entre 36 y 40 puestos de trabajo», concreta. El proyecto, financiado por la Xunta, tiene un presupuesto de más de tres millones de euros. El alcalde muestra feliz las instalaciones, sus vistas al embalse de Celeiros.

José y su hija Teresa están de paso: vienen de Barcelona
José y su hija Teresa están de paso: vienen de Barcelona - MUÑIZ

En Galicia una de cada cuatro personas se inscribe en la tercera edad. En el caso de Chandrexa, su primer edil lanza una estimación: «Me atrevería a decir que un 80% es gente mayor de 65 años». El ejemplo más superlativo es el de Josefa, que en junio cumplió 100 años. Se sienta a la sombra, protegiéndose con un sombrero del escaso sol. «Hoy tiene un mal día», comenta su hijo Magín Castro. A Josefa ya le cuesta oír y padece demencia. Su marido murió con casi 104 años. Una longevidad que Magín atribuye al «aire puro» y la alimentación natural.

Curiosamente, el propio alcalde, a sus 72 años, pertenece a este segmento. «No le ocasiono ningún gasto al concello porque estoy jubilado. Nunca tuve dedicación exclusiva. Me quedé a atender a mis vecinos, que me insisten en que tengo que seguir. Aunque a veces creo que se estaba mejor en casa, descansando», bromea, para advertir acto seguido que es «el primero que abre la puerta del Ayuntamiento», cada mañana a las 8.

«Hay mucho que hacer. Yo soy muy optimista. Pienso que el rural tiene que salir para adelante. No tiramos la toalla», proclama.