La enésima «galegada» de Bieito Lobeira

POR J. L. JIMÉNEZSANTIAGO. Cuanto menos, hay que reconocerle al diputado nacionalista Bieito Lobeira la capacidad para superarse en cada proposición y subir un peldaño en el surrealismo político de la

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POR J. L. JIMÉNEZ

SANTIAGO. Cuanto menos, hay que reconocerle al diputado nacionalista Bieito Lobeira la capacidad para superarse en cada proposición y subir un peldaño en el surrealismo político de la Comunidad. La última entrega de su larga lista de propuestas inclasificables vuelve a tener a la lengua como elemento polémico.

Ayer se le ocurrió presentar en el Parlamento autonómico una proposición no de ley que incluía un «plan de choque» para fomentar el uso de la lengua gallega en diputaciones provinciales y municipios, para «hacer efectivo el ejercicio de los derechos lingüísticos de la población».

Hasta aquí todo correcto, si no fuera porque entre las pretensiones del nacionalista está que la Xunta colabore con ayuntamientos de Asturias, Castilla y León y Extremadura para tales fines. Como el mismo reconoció, se trata de «un avance y una conquista de espacios» para la lengua de la dulce Rosalía.

La iniciativa de Lobeira no es novedosa. Ya en abril de 2006 fabricó una propuesta similar, que recibió una airada respuesta de la Junta de Extremadura, al entender que el BNG -al que tachó de «aprendices de brujo»- se inmiscuía en la política lingüística de su territorio, y negó que la «fala» extremeña tuviera relación alguna con el gallego.

También hubo encontronazos con Asturias y Castilla y León a cuenta de las ansias expansionistas del BNG, sobre todo cuando en su propuesta de Estatuto abrían la puerta a la anexión de municipios argumentando, entre otras razones, el uso del gallego.

Lápidas, muñecas...

A Lobeira le persigue, como a un sector radicalizado del nacionalismo gallego, una especie de obsesión con la presencia del castellano, al que ven como una amenaza opresora y colonizadora, que homogeiniza el «feito diferencial galego», y al que por tanto cumple expulsar, siguiendo un modelo muy catalanista.

Mientras el PSOE parece aplicar con cierta coherencia el Plan de Normalización Lingüística de la comunidad, los nacionalistas han quedado reducidos a propuestas entre simpáticas y grotescas. El primer hito fue la petición de lápidas en gallego, bajo el peregrino argumento de que si ocurría una hecatombe nuclear, la civilización que sobreviviese vería en las tumbas que el gallego era una realidad social. Este fue el argumento empleado en una comisión parlamentaria por Lobeira.

Luego vinieron las muñecas, para que los niños pudiesen jugar en gallego desde su más tierna infancia. Se desconoce si Famosa tomó nota de la «bieitada». Y luego la invitación a que se galleguizaran los apellidos «deturpados por la barbarie castellanizadora», fruto de la cual al presidente del PP gallego llaman, de forma unilateral, «Núñez Feixóo», pese a que ese no es su apellido materno.

Ante semejante dechado de imaginación y originalidad, casi causa sorpresa que éste sea el mismo diputado que reclamase, al comienzo de la presente legislatura, la retirada del Diccionario de la RAE de la acepción «tonto» del adjetivo «gallego». Habría de mirárselo.