Alberto Caparrós - Crónicas sabáticas

Autodestrucción valenciana

«El carácter autodestructivo valenciano va más allá del fútbol y se extiende a la política»

Alberto Caparrós
VALENCIAActualizado:

A los valencianos de bien se nos quedó la cara de tontos cuando asistimos sin solución de continuidad a la pérdida de la CAM, Bancaja y el Banco de Valencia y al cierre de Canal 9 mientras que, en paralelo, el resto de autonomías españolas conservaban sus sectores financieros y sus televisiones públicas.

A los valencianos que, además, somos valencianistas tampoco nos llegó la camisa al cuello cuando percibimos que la siguiente entidad en sumarse a la lista negra de esa aciaga etapa de nuestra historia contemporánea iba a ser el Valencia Club de Fútbol.

Acuciado por las deudas contraídas con una entidad nacionalizada y rescatada por fondos públicos como Bankia, el Valencia Club de Fútbol, a la sazón la institución con mayor masa social de la Comunidad Valenciana, zozobraba hasta el punto de que muchos temimos por su desaparición.

Los empresarios que critican que el VCF esté en manos extranjeras son los mismos que fueron incapaces de que no se perdiera el Banco de Valencia

Llegó entonces Peter Lim. Admito que, como aficionado y abonado, ni me apasionó ni me apasiona que la mayoría accionarial de mi equipo esté en manos de un inversor de Singapur y que las decisiones se tomen a miles de kilómetros de Valencia. Pero lo cierto es que se han disipado las dudas sobre la viabilidad del club que, además, suma éxitos deportivos. Las dos últimas temporadas se ha clasificado para la Champions y volverá a llevar el nombre de la ciudad por toda Europa en la principal competición continental. Como colofón, el pasado 25 de mayo sumó un nuevo título a sus vitrinas tras una sequía de once años. Y no fue cualquier cosa. Campeón de la Copa del Rey ante el Fútbol Club Barcelona de Lionel Messi.

Imagen de un ninot que representaba a Peter Lim junto al escudo del Valencia Club de Fútbol
Imagen de un ninot que representaba a Peter Lim junto al escudo del Valencia Club de Fútbol - ABC

Sin embargo, los valencianistas, en lugar de paladear las mieles del triunfo, hemos quemado la falla de la temporada anterior, con la Copa incluída, y estamos enfurruñados desde entonces porque no parecemos comulgar con las decisiones en materia de fichajes de Peter Lim, olvidando que es el dueño del ochenta por ciento de unas acciones que los valencianos no supimos retener. Al igual que sucedió con el Banco de Valencia, antigua joya de la corona de nuestra burguesía local y hoy diluido en Caixabank.

Los empresarios que ahora critican que el Valencia Club de Fútbol esté en manos extranjeras son los mismos que fueron incapaces de que el Banco de Valencia continuara siendo valenciano.

El carácter autodestructivo valenciano va más allá del fútbol. En política, la oposición ha tratado de sacar rédito de los episodios de cierres de playas de este verano sin reparar en que el principal perjudicado es el sector turístico y no Compromís y al alcalde Joan Ribó, máxime cuando nos encontramos a cuatro años largos de las siguientes elecciones municipales.

Algo parecido sucede con el intento de situar a Valencia en el foco del debate mediático sobre inseguridad ciudadana cuando nuestra ciudad se encuentra, afortunadamente, a mucha distancia de los datos que han hecho saltar las alarmas policiales -que no las de unos políticos en sus despachos- en Barcelona.

Mientras Valencia resiste a la caída del turismo que ya comienza a detectarse en el conjunto de España y medios como «The New York Times» la recomiendan como alternativa a la convulsa, conflictiva y masificada Barcelona, aquí hay quienes se empeñan, desde la oposición y desde el Consell y el Ayuntamiento, en generar incertidumbres. Extendiendo el mantra de que nuestras playas están sucias y nuestras calles son inseguras -los unos- y alentando el debate sobre una tasa para gravar a los turistas -los otros-. Pura autodestrucción valenciana.

Alberto CaparrósAlberto CaparrósJefe de secciónAlberto Caparrós