Marta y Nuria, las niñas siamesas, fueron separadas hace un mes - inés baucells

Separan con éxito a dos siamesas unidas por el hígado en Cataluña

Las pequeñas, operadas a los siete meses, hacen vida normal

barcelona Actualizado:

Tras seis meses de vida en común, respirando y sintiendo al unísono, Marta y Núria, dos siamesas catalanas de siete meses unidas por el abdomen y que compartían el hígado, iniciaron el mes pasado su andadura vital por separado cuando un equipo de cirujanos del hospital Vall d'Hebron de Barcelona las liberó de su unión forzosa. Hoy, las dos pequeñas llevan una vida totalmente normal y solo aparecen por el centro para realizarse controles periódicos. Se trata de la cuarta intervención de estas características realizada en España, tras dos casos en Madrid y uno en Sevilla, y la primera en Cataluña.

Con cuerpos ya independientes, Marta y Núria se echan ahora de menos, aunque sus gestos y miradas de complicidad nos recuerdan que sus primeros meses de vida fueron especiales porque los vivieron en «intensa comunión». «Para mí ha sido todo un milagro», afirmó ayer Meritxell Feliu, la madre de las gemelas, mientras las observaba orgullosa.

Cesárea programada

Meritxell es optimista por naturaleza y prefiere quedarse con lo bueno de su historia, aunque no puede evitar recordar con angustia la noticia que le dieron a las doce semanas de gestación. «Me detectaron en una ecografía que había una malformación y me lo explicaron, sin adornos», dice la madre, que se encuentra en el paro. Sus médicos del Vall d'Hebron optaron por planificar una cesárea para el día 10 de agosto de 2011.

«Fue un parto programado porque había un solo cordón umbilical y eso aumentaba las complicaciones en el caso de alumbramiento natural», explica el doctor Vicenç Martínez, responsable del Servicio de Cirugía Pediátrica del centro barcelonés. Las gemelas pesaron 1,5 kilos cada una al nacer y a los 27 días ya recibieron el alta. Sola —tenía pareja, pero lo dejaron durante el embarazo— y todavía en estado de «shock», Meritxell se fue a casa con sus hijas y, con la ayuda de su madre, Puri, logró tirar adelante en los seis primeros meses tras el parto. «Cuando me dio el alta el médico pensé que estaba loco. Me costó mucho acostumbrarme a llevarlas a las dos arriba y abajo; a bañarlas juntas...», explica la madre. Reconoce, sin embargo, que lo que le quitaba el sueño era que «la operación que las iba a separar fuera bien y mis hijas pudieran llevar una vida normal». Antes del día «D», los especialistas del Vall d'Hebron hicieron un exhaustivo seguimiento de las pequeñas.

Para planificar la operación se llevaron a cabo estudios morfológicos y clínicos de las dos niñas, que determinaron que el único órgano vital que compartían era el hígado. «No lo confirmamos hasta el mismo momento de la operación», afirma el doctor Martínez, quien reconoce que lo que sí sabían con certeza es que tenía cada una su propia vesícula biliar.

Antes de intervenirlas, los expertos en cirugía plástica definieron con precisión el lugar exacto en el que debía practicarse la incisión. «Eso es lo que nos garantiza que al tiempo que seccionamos en el punto óptimo el hígado —hepatectomía— y lo separamos de las vísceras tenemos también suficiente piel y músculo para cerrar la pared abdominal de las niñas sin necesidad de aplicar implantes artificiales», dice Martínez. El pasado 27 de febrero, cuando llegaron al quirófano para ser separadas, Marta y Núria pesaban entre las dos unos 12 kilos, un peso óptimo para llevar a cabo la intervención, que duró menos de siete horas. «Todo salió según lo previsto», afirma el doctor José Luis Peiró, codirector del Programa de Cirugía Fetal. Explica que, una vez separadas, solo dos horas después de comenzar la operación, Núria se quedó en la sala y Marta fue trasladada al quirófano anexo. El equipo se repartió entre las dos salas de operaciones y se cerró a las pequeñas por separado. El posoperatorio fue rápido y las gemelas estuvieron solo un día en la UCI.

«Lloraban si no se veían» Una vez separadas, después de vivir frente a frente más de seis meses, Marta y Núria no se acostumbraban a la nueva situación y rompían a llorar cuando se perdían de vista. «Marta echa mucho de menos a Núria, pero esta cuando lleva un rato con ella ya no la quiere ni ver», relata Meritxell mientras contempla aliviada a sus pequeñas.