Altercado en un partido de fútbol aficionado disputado en León
Altercado en un partido de fútbol aficionado disputado en León - ABC
FÚTBOL AFICIONADO

Cuando los violentos son los padres

La Federación de Castilla y León de fútbol y los árbitros lamentan el «daño» que producen los altercados y reconocen el aumento de familiares implicados

VALLADOLIDActualizado:

El balón ha vuelto a rodar este fin de semana por los cientos de campos que salpican Castilla y León. Una nueva jornada ha citado a miles de jugadores, muchos de ellos pequeños apasionados del fútbol que comienzan a trenzar sus primeras jugadas con un esférico casi más grande que ellos. Y tras los futbolistas, padres y familiares que sueñan con que su hijo se convierta en el próximo Messi, Ronaldo, Iniesta, Casillas... Pasión y emoción desbordada desde la banda. Aplausos, ánimos, vítores... y también reprimendas, gritos, insultos y, en el peor de los casos, llegar a las manos. Son «casos aislados», pero haberlos haylos y son los que ensombrecen el deporte rey. Espectáculos como el vivido el pasado fin de semana en un partido de infantiles en Mallorca que acabó en batalla campal sobre el terreno de juego entre los familiares de los dos equipos provocan el lamento por el «daño» al fútbol, reconoce Marcelino Maté, presidente de la Federación de Castilla y León de Fútbol. «Creo que es una imagen irreal», pues fue un partido el que acabó con graves altercados, mientras que otros miles se desarrollaron con normalidad.

Aún así, y pese a que considera que cada vez se dan «menos» incidentes, reconoce que «todavía hay», por lo que «tenemos que trabajar en erradicar» esos comportamientos. Una tarea, apunta Maté, que «no es fácil» y que «no es un problema del fútbol, sino de la sociedad española» y tiene su reflejo en el campo. «Los valores del deporte son otros diferentes», recalca.

La estadística lo demuestra. Según el último informe de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el deporte, en la temporada 2015-2016 se registraron incidentes en 18 partidos de categorías no profesionales en Castilla y León. Si bien es cierto que abarca todas las disciplinas -en el conjunto de España hubo en 232-, apunta que una «abrumadora mayoría» se dieron en el fútbol y, dentro de éste, en competiciones de aficionados. En 1.763 las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad prestaron servicio en una campaña en la que se disputaron cerca de 32.800 partidos, 578 de categoría profesional y el resto aficionados e inferiores.

En la última temporada se registró un repunte de encuentros con incidentes en la Comunidad, después de tres a la baja -en la anterior se dieron en 12-. Aún así, fueron casi la mitad que en la campaña 2005-2006 (33) y quedan lejos de los 102 de Andalucía, la comunidad a la cabeza. Y lo que sí ha «cambiado» en este tiempo es la figura que ejercen los acompañantes. Padres y familiares con un «comportamiento totalmente diferente» al que ejercían años atrás, cuando «nadie decía nada. No se metían ni con los hijos, ni con los rivales, ni con los árbitros ni los técnicos», recuerda Maté. Ahora son en muchas ocasiones ellos los otros «protagonistas» del partido al otro lado de la línea de cal.

Una abuela de 60 años a bofetadas, golpes y arañazos contra el colegiado cuando pitó el final de un partido con varias expulsiones en un encuentro de Provincial Cadete en León en octubre de 2016. El que era presidente de la Unión Deportiva Salamanca, Raúl Sánchez, acusado por daños y lesiones tras dar una patada a un aficionado del equipo visitante de Juveniles el pasado mes de febrero. Una agresión entre familiares que acabó en persecución policial en la capital charra hace algo más de un año. Un joven árbitro de 16 años hospitalizado tras sufrir puñetazos por parte de un padre en un partido de prebenjamines en marzo de 2014 en León. La amenaza de huelga de colegiados unos meses después en esa provincia tras encadenar varias jornadas con los «colegas» teniendo que refugiarse en los vestuarios por la actitud de los familiares en competiciones de niños que no pasan de los 16 años.

Son varios ejemplos de lo vivido en los últimos tiempos en los campos de Castilla yLeón, en los que las discrepancias, muchas veces de los familiares, empañan el espectáculo y la diversión.

Que «el clima que se respira en el campo sea lo más sano posible» es lo que pretene la Escuela de Padres de fútbol base puesta en marcha esta temporada por el exftubolista, entrenador y director deportivo Javier Torres Gómez y la Federación de Castilla y León de Fútbol. «Pretendemos que el ambiente alrededor de los niños vaya mejorando», apunta su impulsor y parte de un equipo en el que un psicólogo, un médico, un nutricionista y personal de competición buscan «sensibilizar, más que educar» a progenitores y todo aquel que tenga influencia en la educación del niño para «que se vayan cambiando las conductas». La acogida, señala Javier Torres está siendo buena, consciente de que los frutos a lo mejor tardan en recogerse. «Les hacemos reflexionar y que piensen», con talleres que comenzaron en Valladolid y han extendido a toda la Comunidad y que incluyen dinámicas para que vean el partido desde distintas perspectivas, con ellos mismos metidos en el papel de jugador, rival, padre, progenitor del equipo contrario, técnico o árbitro para que, con esos insultos que a veces profieren incluidos, experimenten «las vivencias de lo que sus hijos están sintiendo cada día en el campo» y así «lo pongan remedio». Lo fundamental, apunta, es que «piensen en su hijo, y más en edades tempranas», y también cómo y cuándo hablar con ellos sobre el partido. «Hablar de lo que han hecho bien o mal al volver al coche a lo mejor no es el momento», apunta Torres Gómez.

En numerosas ocasiones, en el centro de la diana, los colegiados, muchas veces de una edad similar a la de los jugadores de categorías inferiores -con 12 años ya hay colegiados-. El presidente del Comité de Árbitros de Castilla y León, Fernando de Andrés, resalta que «afortunadamente» no hay muchos incidentes graves y que no han tenido bajas por acontecimientos así y el número de licencias incluso ha ido creciendo, con 1.151 la pasada temporada. Defiende que la buena formación que reciben de los colegiados es clave. Después de comprobar que en un «porcentaje muy elevado» es el comportamiento del entorno de los pequeños el que depara las polémicas situaciones, quiere mandar a la sociedad el mensaje de que «por encima de todo, hay que respetar a todo el mundo