El presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez durante una entrevista en Telecinco - EFE/Fernando Calvo

Sánchez solo ha dado en España dos ruedas de prensa para evitar su desgaste

Se esconde en Moncloa y busca el deterioro de sus rivales para lograr una investidura gratis

MadridActualizado:

En todo lo que llevamos de 2019 Pedro Sánchez ha concedido tan solo dos ruedas de prensa en suelo español y en ambos casos fueron tasadas en cuanto al número de preguntas que se permitieron hacer a los medios de comunicación. Una de esas comparecencias fue para anunciar el anticipo electoral y la última tras recibir el encargo del Rey. Momentos muy concretos en los que el foco está puesto tan solo en una cuestión. Comparece más Sánchez cuando está en algún evento internacional, aunque no tanto como sus colegas europeos. Algo que quedó patente en el último Consejo Europeo.

Esta política de comunicación no es achacable solo a su estrategia en La Moncloa. Siendo líder de la oposición en Ferraz, especialmente en la segunda etapa, también se dejaba ver poco por la sala de prensa. Prima la protección y el poco contacto con los medios. Sánchez comunica mucho, pero de forma unidireccional y en entornos favorables. Mucho Twitter y muchas recepciones en La Moncloa con discursos sin preguntas. El pasado jueves concedía en Informativos Telecinco, donde ya ha acudido más veces como presidente, para dar su primera entrevista desde que ganase las elecciones del 28-Al. Más de dos meses después.

Pocos riesgos

Sánchez confía en los réditos de su victoria en las urnas. En su entorno están convencidos que estas semanas no están provocando «ningún desgaste» en la figura del presidente. Y esa política de asumir pocos riesgos se transmite en su estrategia de cara a la investidura. Trasladar el desgaste y la responsabilidad de formar Gobierno al resto de fuerzas políticas. Desde que ganó las primarias en 2017, apenas han pasado más de dos años, el jefe del Ejecutivo sabía que para recuperar el vigor electoral del PSOE necesitaba crecer a costa de Podemos pero también de Ciudadanos. La llegada a La Moncloa le dio la oportunidad de hacerlo desde una posición privilegiada. Todas las acciones de Sánchez van encaminadas hacia ese objetivo.

Y la forma en la que están gestionando la investidura es solo un paso más. El presidente entiende el proceso de negociaciones de investidura como un episodio más con el que desgastar a Pablo Iglesias y Albert Rivera. Y es que lograr ahora ser nombrado presidente no es el fin último. En Moncloa y Ferraz saben que, con esta aritmética encima de la mesa, y por mucho que sea el mensaje que se debe transmitir, «va a ser muy difícil que la legislatura dure cuatro años», afirma un colaborador del presidente.

En la dirección socialista rechazan cualquier posibilidad de modificar su oferta a Podemos. «Un Gobierno de coalición con ellos no nos garantiza la estabilidad que nosotros no tenemos, y en cambio tiene muchos costes». Entre esos costes se menciona siempre, en cualquier conversación que se tenga con un dirigente socialista, los problemas de unidad que pueden derivarse respecto a la cuestión catalana. La previsión es un otoño nuevamente convulso, con la sentencia del juicio y sin descartar un posible adelanto electoral en Cataluña. La perspectiva de ministros de Podemos en un momento como ese no gusta ni siquiera a los sectores del PSOE más proclives a un pacto con los de Pablo Iglesias. «Sería una situación muy comprometida», reconoce un dirigente de una comunidad autónoma en la que los socialistas gobiernan con Podemos.

Sánchez ha alertado estos días de que recela de una fórmula que derivaría en dos gobiernos. Con un Sánchez sobreprotegido y una portavoz del rango medio del gabinete, la comunicación ordinaria ha pasado mucho por la vicepresidenta Carmen Calvo y el ministro José Luis Ábalos. Con Iglesias dentro del Consejo de Ministros sería muy difícil que no fuese él quien acaparase los focos si el presidente no abandona su estilo comunicativo. La poca confianza que se tiene en el líder populista en las filas socialistas se debe a su «imprevisibilidad». La gestión del día a día es lo que más preocupa en las filas socialistas.

Y no tanto, como afirman en público, la posibilidad de alcanzar la mayoría absoluta con Podemos dentro del Gobierno. En La Moncloa saben que el único camino para lograr la investidura es con esa formación y el independentismo. Sin embargo, el presidente inicia la próxima semana una nueva ronda con los líderes de Unidas Podemos y PP. El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha declinado participar en un nuevo encuentro argumentando que ya le ha transmitido a Pedro Sánchez que no va a facilitar su investidura de ningún modo. En La Moncloa muestran satisfacción por la enorme exposición que está teniendo Rivera y ven su figura «muy desgastada». «Ha perdido la frescura del principio», dice un colaborador del presidente.

Nada apunta a que vaya a haber más cambios antes de la votación de investidura. Sánchez aguantará el pulso. Aunque ya se ha abierto a que Podemos le sugiera nombramientos de independientes. Y lo hará porque en Ferraz, más que en Moncloa, dudan de que Iglesias pueda permitirse votar contra Sánchez en una investidura. Pero también con el convencimiento de que, en caso de hacerlo, él sería el principal afectado. Debilitar a Iglesias y a Rivera, creciendo a su costa, es el verdadero objetivo de Sánchez para garantizarse el poder a medio plazo.