Pedro Sánchez, ayer, en el Congreso de los Diputados
Pedro Sánchez, ayer, en el Congreso de los Diputados - EFE

Sánchez rechaza los intentos de Iglesias de resucitar la negociación y ambos se acusan ya del bloqueo

Iglesias propone un encuentro de ambos líderes y el presidente lo rechaza

Madrid Actualizado: Guardar
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La negociación está muerta. Cuando queda, como mucho, una semana para que el Rey realice la ronda de consultas previa a la proposición (o no) de un candidato a la investidura, solo un cambio drástico de criterio por parte de Pedro Sánchez o Pablo Iglesias puede evitar que el 23 de septiembre se disuelvan las Cortes. La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, será recibida hoy a las nueve de la mañana por el Rey en Zarzuela.

Mismos protagonistas y mismo diálogo de sordos que en el fallido debate de investidura. La vuelta al hemiciclo supuso también el regreso de la bronca política y la constatación de que el ánimo del jefe del Ejecutivo no está en desbloquear la situación sino en la asunción de nuevas elecciones. Sánchez lo negó tajantemente, desatando las risas en el pleno en medio de una intervención que destiló soberbia hacia el presidente del PP, Pablo Casado, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, al que acabó llamando «hipócrita». Pero no tuvo inconveniente en exigir la abstención de ambos «a cambio de nada», como le afeó el dirigente popular.

Pero el choque esencial, sobre el que estaban puestos todos los focos, era el cara a cara entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias después de que dos reuniones, de nueve horas en total, entre los equipos negociadores no sirviesen para avanzar absolutamente nada. Y del intercambio entre ambos no puede más que extraerse la conclusión de que la repetición electoral está más cerca. Pero también quedó claro que es Pablo Iglesias quien más interés parece tener en encontrar una vía que evite ir a las urnas el 10 de noviembre. « Sentémonos usted y yo. Usted me vetó. Asumo que este veto continúa. Sigo en la misma posición, creo que hay una posibilidad de que no haya que llevar al país a elecciones», dijo Iglesias.

El líder de Podemos trató de resucitar la negociación emplazando al presidente en funciones a una reunión entre ambos para desencallar la situación. Precisamente la receta que el portavoz del PNV, Aitor Esteban, dio para desencallar la situación. Los nacionalsitas vascos y formaciones como Compromís o ERC desesperan ante la falta de acuerdo. La reacción de Sánchez les intranquilizó más todavía: «Si tiene algo nuevo que plantear, más allá del Gobierno de coalición, convoque a la mesa de negociación», le respondió con frialdad el presidente en funciones.

Eso sí, la flexibilidad de Iglesias no alcanza, por ahora, a la renuncia a su pretensión de un Gobierno de coalición. El líder de Podemos propuso una coalición que nazca de la oferta que el PSOE hizo en julio, y Podemos rechazó, y a partir de la última propuesta realizada por Podemos. Es decir, Iglesias se abre a rebajar su última propuesta para alcanzar un acuerdo. «Le propongo que sobre la base de esas dos propuestas nos sentemos a negociar». Iglesias trató de explicar que con solo 123 diputados Sánchez no podrá tener estabilidad. Pero el líder del PSOE cree que con Podemos dentro del Ejecutivo, sin tener tampoco mayoría absoluta, la inestabilidad sería mayor. Sánchez respondió que quiere un Ejecutivo «cohesionado y no, dos Gobiernos en uno».

Ayer no hubo giro, ni suavización en el lenguaje del presidente, como esperaban sus socios de la moción de censura. Durante las más de cuatro horas que duró el debate, convocado para hablar del Brexit y los últimos Consejos Europeos, el pulso entre Sánchez e Iglesias se movió en la misma geografía de los últimos días. Las posturas no se movieron un ápice y ambos volvieron a entrar en la guerra por el relato culpándose mutuamente de la repetición electoral. Hasta el punto de que Iglesias terminó acusando a Sánchez de no tener palabra, después de que éste le culpara de «despreciar» su oferta de julio. El gesto facial del dirigente morado, que albergaba esperanzas de que Sánchez ceda en el último momento, se fue descolocando según avanzaba la sesión.

Desde el Gobierno no se transmite estos días ninguna perspectiva de cambio de rumbo. Un ministro con peso en el Ejecutivo disertaba tras la constatación de bloqueo que, siendo las negociaciones un paciente renqueante, intentar ahora un nuevo tratamiento podría ser «encarnizamiento terapéutico». Aunque se intenta disimular que en el fracaso ambas fuerzas llevan desde la investidura fallida sin mover sus piezas: «Me da mucha pena, pero no ha sido posible», decía un negociador estos días en el Congreso. «Las cosas que pasan en la vida siempre son para bien», decía ayer una ministra sin atisbo alguno de tristeza por el estado moribundo de la negociación.