Pablo Casado, líder del PP, ayer durante un acto electoral en Melilla
Pablo Casado, líder del PP, ayer durante un acto electoral en Melilla - EP

El PP lucha contra la abstención de un centro-derecha desencantado

Los populares evitan dar protagonismo a Vox para no movilizar más a la izquierda

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En el Partido Popular han llegado a la conclusión de que el centro-derecha no está fragmentado en tres partidos, sino en cuatro: PP, Ciudadanos, Vox «y el partido de la abstención». Este último es el que más les preocupa ahora mismo, en la recta final de la campaña electoral. Después del batacazo del 28 de abril, los populares se están encontrando con un electorado desencantado y agotado por la acumulación de citas electorales, y saben que el resultado del próximo 26 de mayo dependerá de su capacidad para movilizarlo, pero también de su habilidad para no favorecer una mayor participación de la izquierda, que en las generales fue en masa a votar para frenar a Vox.

En Génova calculan que en las generales un millón y medio de sus antiguos votantes se quedaron en casa y no fueron a las urnas. Otro millón largo se fugó a Vox. En todos ellos ha puesto su objetivo para intentar recuperar parte del apoyo perdido en las urnas e iniciar así la «remontada» que anhela Casado para reforzar su proyecto y acallar las críticas internas, ante el verano caliente que se presiente.

El 28 de abril, un centro-derecha fracturado se enfrentó a una izquierda hípermovilizada, y con esa suma de factores era casi imposible que pudiera ganar.

Después de la experiencia en las generales, el equipo electoral del PP intenta no agitar a los votantes de izquierda. Es un hecho comprobado que cuanto más protagonismo daban a Vox, o más querían parecerse a ese partido, más provocaban las ganas de la izquierda por ir a votar para frenar a la derecha. «La izquierda salió en bloque, no se quedó nadie en casa, la abstención fue sobre todo de los nuestros», comentan fuentes próximas a Casado.

En esta campaña de las municipales, autonómicas y europeas, Vox ha desaparecido de los discursos de Casado y de los principales candidatos. Ni se le menciona ni se le quiere dar ningún tipo de protagonismo. El tono del presidente del PP está siendo mucho más moderado, sin estridencias ni radicalismos de ningún tipo. Se compite por el espacio de centro, sobre todo el ocupado por Ciudadanos, un territorio que en parte también busca el PSOE.

Al mismo tiempo que se intenta «aburrir» a la izquierda con una campaña poco visceral, para que baje así su participación en las urnas, el PP se enfrenta a otro fantasma, el desánimo en las filas de la derecha.

En estos últimos días de campaña los populares se van a volcar en un mensaje, que van a repetir en todos los soportes posibles: «Si no vas a votar, ellos se quedan». El PP ha impreso folletos en los que explica las «razones para ir a votar» el 26 de mayo. «Porque tu voto es más importante que nunca», advierte.

El «triple riesgo»

Los de Casado van a insistir en que un triple Gobierno de izquierdas, en La Moncloa, en una Comunidad y el Ayuntamiento daría manos libres a los socialistas y los populistas para subir los impuestos lo que quisieran, sin ninguna resistencia territorial. Será uno de sus argumentos de peso. «La gente empieza a tener miedo de un Gobierno de izquierdas en todas las instituciones, porque no habría freno a la política impositiva», remarcan en el PP.

Al mismo tiempo, los populares quieren aprovechar la decepción de los votantes de Vox para volverlos a atraer a la «casa común». El partido de Génova cuenta a su favor con que muchos votantes de la formación de Santiago Abascal «han comprobado la inutilidad de dividir el voto, porque ha favorecido claramente a Sánchez para seguir gobernando».

En el PP no hay rastro del optimismo que se exhibía en la campaña de las generales hasta prácticamente el último minuto antes de que llegara el jarro de agua fría. Tampoco se escuchan críticas a las encuestas, como antes. En este partido herido hay sobre todo cautela y realismo. Saben que lo tienen muy difícil, que algunos de sus bastiones, como la Comunidad de Madrid, pueden perderse. La «joya de la corona», el Ayuntamiento, sería más factible si se produce esa conjunción de una mayor movilización del centro-derecha y un repliegue de la izquierda. «El problema es que seguimos percibiendo a una izquierda muy movilizada y a un electorado propio desanimado, y eso lo complica todo», reconocen en Génova.

Casado cree que en los resultados globales de las municipales el PP incrementará su ventaja respecto a Ciudadanos, algo que podría servir después a la dirección nacional como argumento en su defensa.