Ofrenda floral a las víctimas del 17-A por parte de sus familias en La Rambla - Inés Baucells
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Lágrimas, flores y cariño de las familias para las víctimas del 17-A

La solidaridad y el recuerdo inundó la ciudad en un día en el que los políticos se mantuvieron en un segundo plano

BarcelonaActualizado:

El homenaje comenzó en el punto exacto de la Rambla en el que poco antes de las cinco de la tarde del 17 de agosto de 2017 la furgoneta blanca conducida por Younes Abouyaaqoub se detenía tras dejar a su paso un reguero de muertos y heridos. Entre las víctimas había dos niños. Xavi, un pequeño de Rubí (Barcelona) de apenas tres años, y el australiano Julian, que contaba con siete cuando el terrorista sesgó su vida. Sus progenitores encabezaron la ofrenda floral que las familias rindieron ayer a las víctimas.

Pasadas las diez de la mañana, bajo un respetuoso silencio solo salpicado a veces por aplausos, los familiares caminaron lentos, serenos y emocionados hacia el mosaico que Joan Miró creó para La Rambla en 1976. Una obra de arte que para los barceloneses ha quedado irremediablemente ligada para siempre al recuerdo del 17-A, cuando las ruedas de la furgoneta de Abouyaaqoub se detuvieron sobre sus coloridas losetas. Sobre este pavimento la organización instaló para la ofrenda unos cubos, en los que los familiares depositaron girasoles, gerberas y claveles en recuerdo de las víctimas.

Mientras, en un discreto segundo plano se mantenían los cargos institucionales, encabezados por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. También estaban el presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, y la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera. Los Reyes y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no participaron en este acto sino en el que inmediatamente después se celebró en la cercana Plaza Cataluña. Más protagonismo tuvieron los cuerpos y fuerzas de seguridad -Mossos d’Esquadra, Guardia Civil, Policía Nacional y Guardia Urbana-, bomberos y sanitarios, que fueron también homenajeados y aplaudidos en este acto por su labor durante y después de los atentados.

Mientras los familiares hacían la ofrenda, hubo emoción y silencios alternados con aplausos de las personas congregadas a uno y otro lado de La Rambla. La familia del pequeño Julian, por ejemplo, depositó un oso de peluche blanco, un escrito firmado por sus abuelos, y una cartulina con su nombre, además de un corazón con la bandera española y el símbolo de Batman.

Pancartas y lazos

Durante los pocos minutos que duró la ofrenda floral, los verdaderos protagonistas fueron los familiares de las víctimas. No hubo proclamas políticas ni banderas, al contrario de lo que luego iba a suceder en el acto de Plaza Cataluña. Dos grandes pancartas desplegadas desde el tejado de un edificio fueron la excepción.

Una de ellas, en recuerdo de los políticos catalanas independentistas encarcelados, con el lema «sin ellos este acto es una estafa». Tras la ofrenda floral, los actos continuaron en la Plaza Cataluña. Hacia allí se trasladaron las familias de las víctimas. Fueron conducidos en un autobús fletado para la ocasión. En el luminoso frontal, donde en el día a día se anuncia la línea y el destino del autocar, los organizadores rotularon el lema de la jornada, «Barcelona, ciudad de paz».

Globos de amor

Con el foco ya derivado hacia la Plaza Cataluña, la Rambla comenzó a recuperar su trajín habitual. Turistas caminando de arriba para abajo, terrazas y floristerías recuperando su rutina sobre una Rambla que, eso sí, ha permanecido cerrada al tráfico. Y la gente, a lo largo de todo el día continuó llenando el mosaico de Miró de velas, flores, recuerdos y sentidos silencios.

También el cercano mercado de la Boquería se convirtió ayer en un escenario de memoria. Vendedores del mercado y floristas de La Rambla se organizaron para rendir su particupar tributo a las víctimas. Lanzaron 200 globos blancos con mensajes de amor. Se sumaron a esta iniciativa Don Felipe y Doña Leticia, como colofón a su presencia en los actos de homenaje. Su mensaje, «siempre con las víctimas», escrito en catalán y en castellano, voló hacia el lluvioso cielo de la capital catalana.