Así es el laboratorio donde se analizan los restos de la hoguera prendida por Bretón
Imágenes de archivo de cómo se trabaja en el Instituto de Medicina Legal de Santiago de Compostela. ABC entró en este laboratorio forense - fotos: miguel muñiz
el «csi» español

Así es el laboratorio donde se analizan los restos de la hoguera prendida por Bretón

En el Instituto de Medicina Legal de Santiago de Compostela se trabaja con discreción, pese a haber liderado los estudios forenses más complejos, como los restos del 11-M, el tsunami de Indonesia, las «huellas» de Colón y el «niño Emmanuel»

madrid / santiago de compostela Actualizado:

«Hoy ya identificamos el ADN prácticamente a partir de nada», eran las palabras de Ángel Carracedo como director del Instituto universitario de Medicina Legal de Santiago (Imelga) en una entrevista concedida a ABC. Este prestigioso forense y su equipo en la Universidad compostelana atesoran en los últimos años cuantiosos premios y reconocimientos por la labor que realizan: es el auténtico «CSI» español. Esta semana su labor siempre abnegada salta de nuevo a la palestra y es que el equipo de Carracedo y el médico forense Fernando Serrulla trabajan en el análisis de los restos «óseos humanos» encontrados entre las cenizas de la hoguera prendida por José Bretón en la finca paterna en Córdoba. El propio Serrulla y diversos expertos consultados acentúan de forma unánime la complejidad de encontrar el ADN cuando procede de restos calcinados. La esperanza de resolución expeditiva para el caso, como publicó ayer este periódico, se encuentra en los dientes que aún estaban en sus alveolos y que por ese motivo no se quemaron en el fuego. En el Imelga se enfrentan esta vez a un desafío de campeonato, de nivel máximo. Y eso después de las contradicciones en las que han incurrido los tres informes elaborados a raíz de la desaparición de los pequeños José y Ruth Bretón y las sospechas que inmediatamente recayeron en su progenitor. En Santiago se trabaja ya en esos restos que un informe de la Policía Científica determinó que serían de animales, roedores concretamente, y no humanos, como sí apuntaron otros dos estudios.

El centro gallego, repartido entre el laboratorio de la Facultad de Medicina y la Fundación Pública de Medicina Genómica del Hospital Clínico de Santiago, parte ahora de una premisa negativa: obtener ADN de unos restos óseos que han sido calcinados en un infernal «horno crematorio» de 800 grados y durante un tiempo prolongado, como atestigua el informe forense del vasco Francisco Etxeberria, autor del tercer trabajo que ha dado esta semana un vuelco total a la investigación del «caso Bretón». Según varios expertos forenses, en este caso se analizará con lupa «pieza por pieza» en busca de rastros de tejido orgánico. La otra dificultad añadida, según indicó a Ep el director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, radica en que las pruebas de ADN en restos óseos son destructivas, ya que «se coge el trozo de hueso y literalmente se pulveriza».

A la cabeza de investigaciones mundiales

Pero el Imelga de Carracedo no es un laboratorio cualquiera. En los últimos años se caracteriza por liderar la investigación y los análisis de los casos más controvertidos y complejos del planeta, gracias, entre otras razones, a que este centro dispone en su laboratorio ubicado en la capital gallega de tecnología puntera en el ámbito mundial.

Contra su política de confidencialidad, el «caso Emmanuel fue el más notorio

En el campo criminalístico, este CSI español sólo admite casos judiciales, con custodias y protocolizados al dedillo. No ocurre lo mismo en el área de las pruebas de paternidad. Encargos privados -siempre con el consentimiento de padre y madre- hacen subsistir a parte de la plantilla que, de manera inestable y con una mínima infraestructura, trabaja en este órgano académico, compuesta de entre 25 y 30 personas en el laboratorio de Genética Forense.

Con absoluta confidencialidad, se recopilan muestras de ADN que certificarán que la madre es la madre, pero que dos de cada diez padres que ejercen como tales no lo son, según su perfil genético. Muchos de los restos del llamado «caso de los niños robados» también «descansan» para su análisis en este centro de referencia mundial. Las menos de las ocasiones, la urgencia por determinar la paternidad viene encomendada por instituciones como la que dio enorme impacto mediático en 2008 al trabajo del instituto: el Gobierno colombiano encargó el denominado «caso Emmanuel».

El Ejecutivo de Álvaro Uribe quiso contrastar las pruebas realizadas en un centro de Genética Forense de su país sobre las muestras de ADN del pequeño nacido en cautiverio y concebido por la -hasta el pasado jueves- rehén de las FARC colombianas Clara Rojas con un guerrillero. Esos análisis demostrarían que Emmanuel sí es quien se esperaba al 80%. Pero en un caso de semejante trascendencia internacional no eran admisibles porcentajes abiertos a la duda.

El menos discreto, el «caso Emmanuel»

El «99,9999 seguido de todos los nueves que se deseen» que corroboraron los análisis practicados en cuatro jornadas de día y noche de trabajo en el instituto gallego ofrecieron el resultado que se buscaba: la probabilidad que la investigación forense traduce en «certeza absoluta» de que el niño Emmanuel es el hijo de Clara Rojas. Entonces como ahora, el centro dirigido por el catedrático Carracedo adopta una estricta política de confidencialidad y discreción, aunque en esa ocasión como la de esta semana con el caso de los niños de Córdoba su nombre está en boca de todos. Así como sus resultados.

Abierto en 1978, es desde hace algo más de una década cuando la producción científica del centro vive un periodo «de vacas gordas». Esa elevada producción -miles de casos de toxicología, otros tantos criminales, unos 200 de paternidad y decenas de patología molecular, entre otros- lo ha situado entre los tres primeros centros del mundo en Genética Forense. Ante sí tine un nuevo desafío, aunque antes se ha enfrentado ya a retos no menores como el del análisis de los restos de la mochila de Vallecas que saltó por los aires el 11-M en el Metro de Madrid y la relacionada con las jóvenes de Alcáser. Otros casos que dieron al laboratorio el renombre y publicidad que detesta el profesor que lo dirige, coruñés de 56 años, fueron el del niño colombiano, también estudiaron los presuntos restos de Cristóbal Colón, tan deteriorados que no arrojaron resultados definitivos; el «suicidio asistido» del tetrapléjico Ramón Sampedro; y sobre todo, en una de las operaciones demayor envergadura pericial de la historia, se encargaron de la identificación de las víctimas de la tragedia dos años después del tsunami que azotó la costa de Indonesia en 2004.