Imagen del interior de la «celda» - P.O.

Sin empatía y con mucha vergüenza: la «celda» dedicada a los presos de ETA

Nueve personas han sido asesinadas en apenas unos metros a la redonda del lugar donde se sitúa la «celda» que se solidariza con los etarras

PamplonaActualizado:

Desde ayer hay instalada en el Paseo de Sarasate de Pamplona la reproducción de una celda con la que el colectivo Sare, dedicado a la solidaridad con los presos, quiere que la ciudadanía empatice con los etarras. Con la observación o la estancia en dicha «celda» pretenden «socializar la conculcación de los derechos humanos de los presos vascos de Nafarroa», «resaltar la necesidad de dar solución al conflicto» y «advertir de la importancia que tiene la activación social en el intento de cerrar las heridas abiertas a consecuencia del conflicto y en la construcción de la paz».

Un periodista de ABC acepta el reto y se aproxima a la celda en busca de esa «empatía». Una cama que tiene pinta de no ser muy cómoda. Una mesa estropeada en la que reflexionar y plasmar las sensaciones que se perciben. Y, lo que tiene que resultar más molesto, un ventanal desde el que el que se encuentra en el interior es observado por todo aquel que pasa por uno de los lugares más concurridos de la ciudad.

Nueve asesinatos

El periodista busca esa empatía. Y se encuentra que apenas a 30 metros, con perfecta visión desde del lugar donde se sitúa la «celda», en la puerta del edificio de Correos, fueron asesinados el 28 de mayo de 1983 los guardias civiles Antonio Conejo y Fidel Lázaro. Dos terroristas de los Comandos Autónomos se acercaron a ellas y les descerrajaron 12 disparos, incluidos los que los remataron en el suelo. Sus asesinos nunca fueron identificados y nadie ha cumplido prisión en una «celda» como la instalada por Sare por haber destrozado dos vidas humanas.

No pasa nada, todavía puede encontrar empatía con los presos. Pero si gira la mirada hacia la derecha, hacia el punto en el que Casa Baleztena y el Palacio de Navarra dan paso a la plaza del Castillo, apenas a 150 metros de donde se encuentra la celda, murió el cabo de la Policía Armada, Francisco Berlanga el 2 de enero de 1979. La semana que viene se cumplirán 40 años. Su pecado fue tratar de proteger a los pamploneses de la bomba que ETA había colocado junto a una inmobiliaria. El médico que le atendió en el Hospital de Navarra fue incapaz de identificar si el cuerpo que le llevaron era de un policía o de un civil. Una de sus asesinas, Gloria Rekarte, ahora forma parte del colectivo de familiares de los presos etarras, Etxerat.

No pasa nada, todavía puede encontrar empatía con los presos. Si el periodista lleva la mirada un poco más allá, en el otro extremo de la plaza del castillo, casi verá el punto en el que, el 30 de mayo de 1985, la etarra Mercedes Galdós, simulando estar embarazada, dio la orden de accionar el botón que quebró la vida del niño Alfredo Aguirre y del policía nacional Francisco Miguel Sánchez. Cuando le preguntaron durante el juicio si no veía que junto a la bomba había un niño de tan solo 13 años, Galdós explicó que «no era un niño, era un objetivo».

La «celda» instalada en solidaridad con los presos de ETA
La «celda» instalada en solidaridad con los presos de ETA - P.O.

En 300 metros

No pasa nada, todavía puede encontrar empatía con los presos. Pero desde el mismo punto donde se encuentra la «celda» de Sare se pudieron escuchar perfectamente por la cercanía las bombas que asesinaron a personas como el guardia civil Manuel López González en el parque de la Taconera o la repartidora de periódicos Mari Cruz Yoldi. Y no se escuchó su asesinato porque fueron tiroteados pero también murieron en las cercanías del Paseo de Sarasate otras personas como Jesús Vidaurre y José Oyaga en la plaza de San Francisco.

Nueve muertos, decenas de bombas a lugares como la antigua Audiencia de Navarra que hoy ocupa el Parlamento de Navarra y multitud de ataques con cócteles molotov a edificios como el Palacio de Navarra, sede del Gobierno foral, o la sede del Partido Socialista de Navarra. Todo ello en un espacio de 300 metros a la redonda de la ‘celda’ desde la que Sare pretende que los ciudadanos empaticen con los presos etarras.