Dolores Delgado, ayer durante la presentación del libro sobre Derechos de Discapacidad en el Congreso - EP

Dolores Delgado se esconde hasta el 10 de octubre para evitar explicar los graves audios

La ministra de Justicia esquiva a los medios de comunicación después de las nuevas revelaciones

MadridActualizado:

Inmersa hasta el cuello en el fango del excomisario Villarejo, preso preventivo por su implicación en el caso Tándem, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, se esconderá hasta el 10 de octubre para evitar dar explicaciones sobre la gravedad de los últimos audios revelados en su contra. La ministra pretende guardar 13 días de silencio y de incógnitas que, explica su ministerio, solo esclarecerá en su comparecencia en el Congreso.

La ministra, de hecho, ya ha suspendido dos actos oficiales en menos de 48 horas. El miércoles, Delgado tenía previsto acudir a Zaragoza para presidir en la Facultad de Derecho un acto de entrega de diplomas, que descartó a última hora. La explicación de su Departamento fue alegar un «cambio de agenda».

Pero la excusa ayer perdió fuerza cuando repitió la misma maniobra al cancelar, apenas con una hora de margen, su asistencia a la presentación del curso universitario en la Universidad Complutense de Madrid. Con los fotógrafos y los periodistas a la puerta del salón de actos, la institución explicó que la ministra había sufrido una «leve indisposición». Desde Justicia, en cambio, se dijo que la ausencia se debía a «una reorganización de su agenda».

Otro fallo de comunicación

La comunicación le falló ayer otra vez a la ministra provocando que se viera salpicada por una nueva incongruencia. Un escenario que ya se dio con sus bandazos en torno a la defensa del juez Pablo Llarena y cuando modificó su versión en torno a su relación con el excomisario preso.

Delgado sí estuvo presente en dos actos por la tarde. Asistió a la Mesa de Retribuciones en la sede de Justicia, en la que también participaron representantes del Ministerio de Hacienda, así como miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), de Fiscalía general del Estado y de las asociaciones de jueces y fiscales. Pero solo admitió medios gráficos y esquivó hacer declaraciones públicas sobre el contenido de las grabaciones.

La situación se repitió en la segunda cita de la jornada. La ministra acudió al Congreso para la presentación de un libro sobre Derecho inclusivo para las personas con discapacidad, publicado por el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI). Pero lo hizo dando esquinazo a los periodistas, por otra puerta y evitando enfrentarse a los micros que la esperaban. Los periodistas allí apostados la siguieron a la carrera cuando ya estaba dentro de la sala, pero amparándose en el carácter social del acto se negó a dar explicaciones: «Es la presentación de un libro que refleja una realidad que es la discapacidad en España. Es un tema tan importante que no vale la pena que entremos en nada más». A Delgado se la continuó insistiendo, pero se negó tajantemente a contestar: «El 10 de este mes de octubre haré una comparecencia en el Congreso y allí explicaré absolutamente todo».

Curiosamente también utilizó esta táctica el martes, cuando asistió a un desayuno informativo después de que se destapara que había llamado «maricón» a su compañero, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Ganar tiempo

Ni una palabra de la red de prostitución de Villarejo, que habría calificado de exitosa, ni de las acusaciones relativas a las presuntas relaciones de jueces del Supremo y fiscales con menores durante un viaje a Cartagena de Indias. Solo silencio y una serie de contradicciones que la oposición está esgrimiendo para pedir su dimisión. E incluso Podemos, el socio fuerte del Gobierno, empuja al presidente Pedro Sánchez a que aparte a la ministra de sus funciones por juntarse con «las cloacas del Estado».

El Gobierno, por el momento, sostiene a Delgado, aunque ésta está acorralada por sus propias mentiras después de que el goteo de audios que se han ido filtrando durante la semana haya dejado más que patente la relación de confianza que tenía con el excomisario. Todo ello, después de que la ministra lo negara tajantemente y cambiara su versión hasta cuatro veces en menos de 48 horas.

Según fuentes de la Audiencia Nacional, Dolores Delgado está «muy nerviosa» y «superada por la situación». Durante su alocución en la sesión de control al Gobierno en el Senado pudo percibirse su estado de desasosiego cuando perdió por completo el tono parlamentario al responder a la oposición. Un encuentro en la Cámara Alta que finalizó con su reprobación después de que se aprobara una moción impulsada por el PP tras sus lagunas en la defensa del magistrado Pablo Llarena.

En este contexto, Delgado garantizó el miércoles que no iba a dimitir y que mucho menos el Gobierno cedería ante Villarejo. «Ni este Gobierno ni esta ministra va a aceptar el chantaje de nadie», zanjó. En el Ejecutivo, ocupado ayer en apagar el fuego del caso de la sociedad del ministro Duque, la consigna es aguantar. Desde el martes por la tarde hubo un punto de inflexión y, pese al desorden comunicativo en el Gobierno y la ausencia de la vicepresidenta en el liderazgo de la defensa de Delgado, se decidió que se iba a defender la continuidad de la ministra de Justicia.

En el partido se reconoce la incertidumbre y que la ministra está «tocada políticamente», aunque una compañera del Gobierno la ve «muy fuerte de ánimo». Pero nadie sabe cuál puede ser el siguiente golpe, y por eso Pedro Sánchez evitó afirmar explícitamente el miércoles que rechazaría su dimisión.