Alfonso XIII: «Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez»
Alfonso XIII, tras desembarcar en Marsella, al inicio de su exilio - ABC
LAS DISCULPAS DE ALFONSO XIII

Alfonso XIII: «Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez»

No es la primera vez que un monarca español se disculpa. Lo hizo el abuelo de Don Juan Carlos tras proclamarse la Segunda República. «Se bien que nuestra Patria se mostró en todo momento generosa ante la culpas sin malicia», dijo

MADRID Actualizado:

Aunque ha sido calificada de disculpa histórica, no fue ayer la primera vez que un Rey de España pedía perdón a su pueblo. Lo hizo el abuelo de nuestro actual monarca, Alfonso XIII, el 17 de abril de 1931, tres días después de que se proclamara la Segunda República y de que iniciara su repentino exilio en Londres. «Un Rey puede equivocarse, y sin duda erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra Patria se mostró en todo momento generosa ante las culpas sin malicia», declaraba el Rey a través de un manifiesto que entregó al presidente del Consejo de Ministros, Juan Bautista Aznar, y que fue redactado con la ayuda del hasta entonces presidente del Gobierno, Gabriel Maura.

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El histórico y trascendental texto de Alfonso XIII, que titulaba «Al país», fue escrito en los estertores de una monarquía que no regresaría hasta el nombramiento de Don Juan Carlos I en 1975. El Gobierno de concentración establecido tras la dictadura de Primo de Rivera no dejaba alternativa alguna al dilema que copaba la vida política del país: Monarquía o República. Pero llegaron las elecciones municipales del 12 de abril, en las que ningún monárquico esperaba encontrarse con una derrota, como así ocurrió.

El Rey Alfonso XIII hizo gala de una comprensión sin igual, al reconocer en el texto, publicado por ABC, que las elecciones le habían revelado «claramente» que no contaba «con el amor del pueblo», pero añadía: «Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir a España, puesto el único afán en el interés público hasta en la más críticas coyunturas».

Para evitar una guerra civil

Con este manifiesto, Alfonso XIII dejaba claro que su cargo no podía poner en peligro las estabilidad y la paz del país, como ya había declarado antes a la salida del Palacio Real, antes de partir hacia Londres, ante unos pocos amigos y medios de comunicación: «Soy el Rey de todos los Españoles, y también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes la combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en una fratricida guerra civil», podía leerse en el manifiesto.

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Antes de marchar, el Rey había recibido a todos sus ministros, uno a uno, comunicándoles su decisión de marcharse. Sólo Juan de la Cierva le instó a hacer frente a la situación y a que se mantuviera «fiel a la Patria y valerosamente afronte las dificultades actuales». Pero el Rey le dejó claro que no podía permitir que sus actos provocaran un «derramamiento de sangre», por lo que, como concluía su misiva a los españoles, creía «cumplir con el deber que me dicta mi amor a la Patria. Y pido a Dios que tan hondo como yo lo sientan y lo cumplan los demás españoles».

El Rey se marchó de España pidiendo perdón, con la misma humildad demostrada ayer por Don Juan Carlos de Borbón. Con una diferencia: Alfonso XIII jamás volvió a pisar su país. Sus últimas palabras fueron: «Espero que no habré de volver, pues ello sólo significaría que el pueblo español no es próspero ni feliz ».