A punto de cumplirse el plazo que le dio la Junta Electoral Central, Torra retiraba el lazo amarillo
A punto de cumplirse el plazo que le dio la Junta Electoral Central, Torra retiraba el lazo amarillo - Inés Baucells

500 días que cambiaron a España

El paso que Rajoy dio con el 155 supuso el principio del regreso del Estado, ante el que los independentistas sucumbieron

BarcelonaActualizado:

Desde que el presidente Rajoy aplicó el artículo 155 el 27 de octubre de 2017 hasta que Pablo Casado le planteó a Cayetana Álvarez de Toledo, hace un par de semanas, que fuera la candidata del partido en Barcelona, han transcurrido los 500 días que más han cambiado a España desde la recuperación de la democracia.

La principal característica de España desde 1975, la más sostenida a lo largo de estos 43 años, que es la edad que yo tengo, ha sido su mala conciencia con Cataluña y el País Vasco, como si se debiera algo. Los nacionalistas han sido unos auténticos maestros explotando este sentimiento, con boyantes negociaciones favorecidas por la aritmética parlamentaria en el Congreso. El PNV todavía borda este arte y no puede quejarse de las ganancias. Cataluña, que con CiU hizo igualmente el agosto durante más de 30 años, decidió en 2012 jugar la dramática carta –dramática porque siempre acaba en estrépito y derrota– del todo o nada, que desembocó en el referendo ilegal del 1 de octubre, en la declaración de independencia del 27 y en la aplicación por primera vez del artículo 155 de la Constitución. Aquella aplicación constituyó el primer momento en democracia en que el Estado trataba al catalanismo como a un adulto, enfrentándolo a su responsabilidad: la mitad del Govern se fugó y la otra se entregó voluntariamente a la Justicia.

La cárcel, el destierro, las multas, el 155, las inhabilitaciones, y también el uso de la fuerza por parte de la Policía el 1 de octubre, recordaron al catalanismo la fuerza de un Estado y que España iba a defenderse. Que Torra juegue a cartelitos sobre los presos en lugar de abrirles las puertas de Lledoners tiene que ver con todo esto, así como que al final haya acatado la orden de retirar sus ridículas pancartas. España por fin marcó una línea roja en el suelo y los que coquetean con traspasarla saben lo que les espera: y por eso no la traspasan, de momento.

Y aunque en el lógico deseo de victorias más contundentes, y más rápidas, algunos vociferen que Rajoy fue un blandengue, nunca antes el catalanismo había hallado un límite claro e infranqueable. El paso que el Gobierno dio aquel 27 de octubre significó el principio del regreso del Estado, creó un marco mental nuevo incluso en los independentistas, que sucumbieron pese a su folclore amarillo.

En aquel mismo sentido, Cayetana no es el giro catalanista de Piqué, ni el conjunto vacío de Chacón, ni la futura ministra catalana: es hija de la línea roja pintada en el suelo por el presidente Rajoy, y aunque fue cruel con él, acusándole de tibio por no haber aplicado un 155 más prolongado en el tiempo, sin aquella decisión insólita y crucial, única, fundacional, ni a Casado se le habría ocurrido la idea de presentar a Cayetana por Barcelona ni a ella se le habría ocurrido aceptar.Su candidatura es una contestación a la falsa superioridad moral de una tierra que con cada una de sus decisiones en los últimos tiempos la ha desmentido, el recobrado orgullo de un sentido de la ciudadanía que España recuperó sólo parcialmente tras la dictadura, por su complejo de culpa en el País Vasco y en Cataluña, la verdadera expresión de la democracia contra el simulacro de las urnas sin Ley y la peligrosísima apelación a «la voluntad d’un poble», como si hubiéramos olvidado las truculentas lecciones que nos dejó la primera mitad del siglo XX sobre la turba cuando se junta.

Va a ser un larguísimo camino. Primero Rajoy y luego Cayetana han empezado a andarlo en la correcta dirección. Será una victoria lenta, a veces imperceptible, por sedimentación. Pero España ha decidido volver a reconocerse en Cataluña y ha puesto del derecho el espejo al que le habían dado la vuelta. Parece poco, pero desde el fondo silencioso empiezan los grandes cambios. Desde la Transición, lo más significativo que nos ha pasado.