Billy «the Kid» en una de las fotografías que se conservan del pistolero
Billy «the Kid» en una de las fotografías que se conservan del pistolero - ABC
Historia

El acento español de Billy «el Niño», el pistolero que mató a 21 hombres

El hombre que disparó mortalmente a más gente que años cumplió se movió en el ambiente hispánico de Nuevo México, un territorio que había pertenecido al Imperio hasta 1824

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El pistolero William H. Bonney, más conocido por su apodo de Billy «el Niño», murió a causa de un disparo de escopeta a bocajarro ejecutado por su amigo de la infancia Pat Garrett, sheriff de Lincoln (Nuevo México), o por alguno de sus ayudantes el 14 de julio de 1881. Su muerte dejaba un número clave: 21 años de edad, 21 hombres matados con su revólver. «El Niño» nunca supo quién había sido su verdugo. Los historiadores no lo saben a ciencia cierta, ni siquiera se ponen de acuerdo sobre las circunstancias de su muerte, ni sobre si fue un villano carismático o un héroe con métodos demasiado violentos. Hay quien ha llegado a sostener incluso que el forajido sobrevivió a la persecución de Garrett y vivió hasta la vejez como granjero en el mismo estado donde murió. No obstante, una de las pocas certezas sobre la vida de este pistolero es que el idioma español y las tradiciones hispánicas fueron parte fundamental de su vida.

Aunque la ciudad de Nueva York vio nacer en 1859 a William H. Bonney (Henry McCarthy, posiblemente su auténtico nombre), sus padres de origen irlandés decidieron emigrar hacia los indómitos territorios del oeste. La familia se estableció en Kansas Cityciudad fronteriza por aquel entonces– hasta que la muerte del padre durante un duelo llevó a la madre de Billy a trasladarse al estado de Colorado, donde volvió a contraer matrimonio. Poco después, en 1868, la familia se estableció definitivamente en la ciudad de Silver City (estado de Nuevo México), donde Billy comenzó a labrarse fama de pendenciero en los salones de la zona. Con doce años, «el Niño» mató a su primer hombre supuestamente por haber insultado a su madre.

Los tiempos como vaquero de Billy «el Niño» habían terminado con la muerte de Tunstall

Con la muerte de ella y el abandono de su padrastro, Billy se mudó a Lincoln (Nuevo México), donde se empleó como vaquero en el rancho de John Tunstall, un ranchero que hizo las veces de su tutor. Fue entonces cuando se produjo la llamada Guerra del Condado de Lincoln. Una pugna de carácter ganadero entre dos grupos: el encabezado por Tunstall contra el de «The Ring of Santa Fe» liderado por el poderoso empresario L.G. Murphy. Este grupo –formado por políticos, jueces, empresarios, ganaderos y militares que controlaban el territorio de Nuevo México con métodos mafiosos– contrató al sheriff Brady para que asesinara a Tunstall. Por esta razón, Billy se vengó matando a Brady y a su ayudante.

Los tiempos como vaquero de Billy «el Niño» habían terminado con la muerte de Tunstall y la frontera con México sufrió la carrera delictiva de su banda de forajidos. La historia trascendió a nivel nacional: acusado de robar bancos, cabezas de ganado y de una veintena de delitos de asesinato, aunque realmente solo se han podido probar una decena de crímenes. O puede que fueran más –todo depende de quién cuente la historia– pero incluso en esto la leyenda suele ser benévola con el forajido. En las memorias de Pat Garrett, «The Autentic Life of Billy the Kid», se narra que el joven confesó a John Tunstall en una ocasión «que no mató ni mataría nunca sino en defensa propia».

¿Asesinatos en defensa propia?

Sin embargo, la muerte de tres indios y el asesinato a sangre fría del sheriff Brady, crímenes que convirtieron a Billy «el Niño» en el enemigo público número uno del país, no parece que tuvieran nada de defensa propia. O al menos no en el sentido habitual. Así también lo consideró el Gobierno Federal que desató una campaña legal para capturar al forajido adolescente, ya fuera vivo o muerto, y juzgarle por su enorme nómina de delitos. La mayoría, dicho sea de paso, cometidos en los cuatro años que vivió en Nuevo México, una región con profundas raíces en el Imperio español.

Como el resto de la antigua Nueva España, la zona de Nuevo México se independizó de España en 1824 y –tras largas disputas con México y con varias regiones estadounidenses que reclamaban repartirse su territorio– consiguió en 1912 convertirse en un estado propio de la Unión. Es por ello, a medio camino entre dos países y varios estados, que sus tierras se convirtieron en el lugar preferente para forajidos como «The Kid» a finales del siglo XIX.

No en vano, la herencia española seguía muy presente cuando el joven de orígenes irlandeses desembarco en la zona, como lo sigue siendo hoy donde el castellano se mantiene como una de las lenguas oficiales. Sin olvidar que Juan de Oñate, en una expedición desde Zacatecas, fundó la colonia de San Juan en Río Grande en 1598, la primera población europea permanente en el futuro estado de Nuevo México y una ciudad en auge durante la trayectoria delictiva del pistolero.

San Juan en Río Grande, la primera población europea permanente en Nuevo México

Billy «The Kid», al que las canciones mexicanas añadieron la traducción de su apodo, hablaba el español arcaico de Nuevo México, era amigo de muchos descendientes de españoles y mantuvo noviazgos con varias mujeres hispanas. Una de estas fue Celsa Gutiérrez, cuñada de Pat Garret, con la que, de hacer caso a los rumores de la época, tuvo una hija que murió de difteria. Paulita Maxwell –hija del terrateniente Peter Maxwell– fue otro de los amores del imberbe pistolero. Según Alfonso Domingo –autor del libro «La balada de Billy el Niño»–, el forajido de madre irlandesa llegó además a leer al menos un libro en español que le prestó su amigo, el maestro y juez de paz José Córdoba, sobre « La conquista de México por Hernán Cortés». Se cuenta que le fascinaba la figura de los conquistadores españoles.

Visto por los hispanos como un héroe del pueblo que se enfrentaba a los abusos del poder, Billy consiguió escurrirse varias veces de la justicia asistido por la población local. Pero el cerco se acortó en el año 1880. Pat Garret fue nombrado sheriff del condado de Lincoln Country –uno de los pueblos más castigados por las andanzas de «el Niño»– e inició una campaña personal que terminó con el arresto del forajido y su banda en diciembre de ese mismo año. Tras haber sido condenado a la horca en la localidad de Mesilla (perteneciente en la actualidad al estado de Nuevo México), Billy logró escapar de la prisión después de asesinar a los dos funcionarios que le custodiaban.

Una figura controvertida sin indulto póstumo

En su huida, el joven forajido se refugió en el rancho de su amigo Pete Maxwell, en Fort Summer, donde fue acorralado por los agentes de Pat Garret. Y a partir de este punto surgen dos versiones diferentes. La que afirma que durante el tiroteo entre Billy y Garret el forajido fue herido mortalmente y, tras una larga agonía sin auxilio alguno, murió desangrado. O la que sostiene que un solo disparo de escopeta en el estómago causó la muerte a Billy, que trataba de escabullirse en ese momento del rancho amparado por la noche. De una forma u otra, el cadáver fue enterrado en una fosa común sin identificación, lo cual dificulta más si cabe conocer los detalles sobre su fallecimiento.

«El romanticismo me inclinaba a otorgar el perdón, pero los hechos no lo sustentan»

Y entre las numerosas investigaciones realizadas sobre Billy en la última década, un reportaje de un canal americano elevó su muerte a la categoría de conspiración. Según esta investigación que empleó un identificador de caras del FBI, el pistolero no está enterrado en Fort Sumner sino que vivió hasta los noventa años con la identidad de un granjero llamado Robert, el cual aparece en una fotografía con sus mismas cicatrices, ojos y nariz. No obstante, Robert, que portaba bigote a diferencia del adolescente, llegó a Fort Sumner cinco años después de que Billy muriera oficialmente.

Entre los que quieren ver en las hazañas delictivas de Billy «el Niño» a un héroe de los hispanos y la tradición que le sitúa como un personaje recurrente de la vileza más cinematográfico del Viejo Oeste, la historia del joven forajido nunca ha terminado de aclararse. El 14 de diciembre de 2010, se inició formalmente el proceso para decidir si el gobierno de Nuevo México concedía un indulto póstumo a William H. Bonney. Los argumentos de la petición se basaban en las simpatías de las que goza en la actualidad su figura y en que el Gobernador de Nuevo México durante la Guerra del Condado de Lincoln, Lew Wallace, había ofreció una amnistía a favor de todos los sobrevivientes del conflicto en 1881. Tras una larga investigación histórica, Bill Richardson (anterior gobernador de dicho estado) anunció en televisión su dictamen en el último día de su gobierno: «He decidido no indultarlo porque no se puede llegar a una conclusión sobre lo que ocurrió tras la Guerra del Condado de Lincoln. El romanticismo me inclinaba a otorgar el perdón, pero los hechos y las evidencias no lo sustentan, y como gobernador debo actuar con responsabilidad en el otorgamiento de indultos».