Viejos adversarios en La Moncloa, unidos por el sentido de Estado
José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar y Felipe Gonzaález, ayer en el Congreso - pool
en la muerte de adolfo suárez

Viejos adversarios en La Moncloa, unidos por el sentido de Estado

González y Aznar olvidaron rencillas y hablaron de sus nietos en el velatorio de Suárez con Zapatero como testigo

Actualizado:

En esta España tan enfrentada en lo político y, paradójicamente, tan mitómana del consenso, si tres expresidentes del Gobierno se dejan ver juntos, aunque sea en un velatorio, es noticia; pero si, además, después intervienen los tres en un programa de televisión, el asunto adquiere caracteres de acontecimiento. Eso es lo que ocurrió ayer. José Luis Rodríguez Zapatero se fue hasta el plató de La Sexta a revelar lo cordial de la conversación que había mantenido con Felipe González y José María Aznar, Adolfo Suárezde cuerpo presente. Y sus antecesores lo corroboraron entrando por teléfono en el programa.

Resultó que los dos viejos adversarios de la década de los 90, González y Aznar, a quienes todos los periodistas intentaban leer los labios en las imágenes que iba suministrando el circuito cerrado de TV del Congreso de los Diputados, no hablaban en ese momento ni de Crimea ni de Putin; se estaban preguntando... por «sus nietos», según reveló Zapatero. Los tres se habían sumado desde primera hora a las más altas autoridades del Estado en la recepción del féretro, y posaron para la posteridad con gesto serio, en actitud diríase consciente de la «auctoritas» política que heredan, ahora que ya no están entre nosotros ni Suárez ni Leopoldo Calvo-Sotelo.

Fue Zapatero, precisamente, quien reguló en 2005 los honores fúnebres a un expresidente y los puso en práctica con Calvo-Sotelo cuando éste falleció, en 2008. Ayer, el socialista realizó una labor impagable para los periodistas: contó la charla de los exmandatarios -«Hoy me recordaba Felipe González que hay expresidentes que no se sabe donde están enterrados»-, y, de paso, no pudo reprimirse y tiró de equidistancia al decir que espera que la visita de Artur Mas al velatorio «sirva para que las posturas» entre él y Mariano Rajoy «se empiecen a acercar».

José María Aznar, con quien, dice Zapatero, la relación «no siempre es fácil», le corrigió porque, a su juicio, no se pueden poner en riesgo los valores de la Transición cediendo al independentismo. No obstante, el hoy presidente de honor del PP también se abona a la tesis de la normalidad institucional que supone su encuentro con los otros dos expresidentes. «Este país ha tenido pocos presidentes en democracia y sería bueno que además de pocos fuésemos bien avenidos y pudiéramos dar de vez en cuando algunos ejemplos como el de hoy», avisó.

«Dedicación y esmero»

En su opinión, que coincidan tres expresidentes de Gobierno debería ser «una cosa normal» y bueno, tanto para ellos como para el país, que los que han liderado el Gobierno sean conscientes de que tienen «responsabilidad institucional» y la cuiden «con cierta dedicación y cierto esmero».

El ex jefe de gobierno reveló cómo compartió con Suárez los momentos más duros de la enfermedad de su esposa y, a modo de homenaje al legado del fallecido pidió «no poner en cuestión los pilares esenciales de la Transición», porque han dado a España «estabilidad, prosperidad y presencia internacional».

Felipe González apoya esa tesis pero con matices. Cree que hay que «revisar la arquitectura constitucional», sin esperar a que «se degrade la crisis institucional y territorial» y que «nada se pueda recuperar». «Las resistencias no son tan grandes» como las que tuvo que afrontar Suárez, dijo pero que, a diferencia de entonces, cuando había que seguir los pasos de las democracias avanzadas, ahora «no hay guión previo, tenemos que encontrar ese guión». González sostiene que pactó con Suárez «incluso las discrepancias, para que no se fuera de las manos el proceso» de Transición a la democracia, y que sólo se utilizó lo que no desestabilizara al Gobierno. Pero la relación entre ambos, admite, se deterioró a partir de mayo de 1980, cuando el PSOE puso una moción de censura al expresidente del Gobierno, que Suárez no «asimiló», sostiene González; y ya no la recuperarían hasta años después, con los socialistas en la Moncloa. A partir de ahí, González encargó a Suárez «algunas gestiones».