La Diada pierde adeptos
Imagen de la cadena humana independentista del 11 de septiembre de 2013 - abc

La Diada pierde adeptos

De los 600.000 de 2012 a los 350.000 de este año, cae el número de catalanes que se manifiesta el 11 de septiembre

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Cada vez menos catalanes quieren participar de los festejos de la Diada. Y este descenso en número no es leve, sino muy significativo. El año pasado fueron 600.000 personas, según la Policía Nacional y la Guardia Civil (o 1.500.000 personas, según los Mozos de Escuadra y la Guardia Urbana), quienes participaron en la multitudinaria manifestación en la zona centro de Barcelona. Este año han sido unas 350.000 personas las que han tomado parte en la cadena humana por la independencia.

El año pasado la Asamblea Nacional Catalana (ANC) convocó la manifestación con el lema, muy discutido hasta última hora, «Cataluña, nuevo Estado de Europa». Sin embargo, y quizá debido a la confusión en cuanto al mensaje de la manifestación, muchos asistentes no eran independentistas. Una muestra de ello es que asistió el líder de Unió, Durán i Lleida, que fue abucheado por los manifestantes y que no está plenamente de acuerdo con la línea marcada por Artur Mas.

Este año el número de manifestantes que han participado en la iniciativa de la ANC se ha rebajado casi a la mitad. Los propios organizadores cifran en 350.000 personas los «eslabones» que han formado parte de la cadena humana, desplegada de norte a sur de Cataluña desde La Junquera hasta Alcanar. Los motivos principales de este drástico descenso pueden ser dos: uno, el carácter inequívocamente independentista de esta convocatoria; y dos, la curiosa forma elegida para la manifestación, en forma de una larga cadena humana que ha podido disudir a muchos ciudadanos de participar y que además implica la dispersión de los manifestantes.

El año pasado Artur Mas no interpretó bien el sentido de la manifestación de la Diada. Adelantó elecciones al 25 de noviembre creyendo seguir el «clamor del pueblo» y el pueblo le contestó rebajando en 12 escañosla representación parlamentaria de CiU. Fue un batacazo electoral en toda regla, que agrandó las grietas entre un CDC lanzado a la aventura quimérica y sus socios de Unió, algo más moderados y realistas. Veremos si CiU ha aprendido la lección del año pasado y no prosigue su suicidio político a través del empecinamiento indepedentista.