«¡La cagué, la cagué, la cagué!», registró la caja negra
La caja negra llega a las dependencias judiciales - abc

«¡La cagué, la cagué, la cagué!», registró la caja negra

El conductor ya está recibiendo ayuda psicológica privada, tras su rechazo inicial

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«¡La cagué, la cagué, la cagué!». Tres veces repite esta frase el conductor del Alvia de Santiago, nada más producirse el accidente en la conversación que mantiene con Adif donde cuenta que ha descarrilado el convoy y que iba a 190 kilómetros por hora. Esa información ha quedado grabadas como el resto en la memoria de las cajas negras del tren, que ayer fueron desprecintadas por orden del juez instructor, tras una diligencia que se complicó porque no se habían hecho copias de seguridad de las dos cajas como es preceptivo.

El juez Luis Aláez estuvo a punto de suspender la diligencia, pero finalmente se optó por pedir instrucciones por escrito al fabricante de las cajas Teloc 2500 sobre como llevar a cabo esas copias de seguridad antes de proceder al volcado de la información. Los peritos se encargaron de llevar a cabo esa pesquisa.

Mientras, tras la sorpresa revelada por la llamada que recibió el maquinista, el juez está a la espera de recibir la información de la compañía telefónica para saber quién hablaba con Garzón y si se trataba de personal de Renfe, como parece.

Franciso José Garzón Amo no ha contado nada sobre dicha comunicación. No se lo dijo a la Policía, ni tampoco al juez. El maquinista del Alvia se encuentra «mal, abatido», según explicaron a ABC fuentes del Sindicato de Maquinistas que han ofrecido a su compañero todo el apoyo tanto personal como profesional en «los peores momentos de su vida». Estas fuentes confirmaron que el conductor, imputado por 79 homicidios imprudentes y una pluralidad de delitos de lesiones imprudentes, ya está recibiendo ayuda psicológica para afrontar lo ocurrido.

Garzón había rechazado ese tipo de apoyo tanto en el hospital Clínico de Santiago donde se le ofreció, tras realizarle varios test psiquiátricos para evaluar si existía riesgo de suicidio, como en la comisaría de Policía de Santiago. En dependencias policiales, donde permaneció arrestado desde el sábado por la mañana hasta el domingo por la tarde, también se mostró apesadumbrado y callado y no quiso hablar con los agentes ni siquiera de manera informal.

Abogados del sindicato

El maquinista rompió a llorar, una vez que la Policía lo detuvo en el hospital el pasado jueves cuando se interesó por el estado de los heridos. Después de declarar durante casi dos horas ante el juez con serenidad y asumiendo su error, Garzón se desmoronó y se echó a llora r desconsoladamente cuando oyó su voz en el audio de la conversación mantenida con Adif tras el siniestro.

El maquinista no ha podido regresar a la casa que comparte con su madre en un barrio de La Coruña debido a la presión mediática. El Sindicato de Maquinistas le ha ofrecido sus servicios jurídicos y ayer por la tarde estaban pendientes de la decisión del imputado, a quien asistió en su declaración judicial un abogado de la aseguradora de Renfe.

Pero Garzón no es el único que ha necesitado ayuda. Varios vecinos de Angrois que vieron la muerte en la puerta de su casa y colaboraron en las tareas de auxilio también han precisado apoyo psicológico para superar la tragedia.