Andrés Herzog, con seguidores, a las puertas del debate
Andrés Herzog, con seguidores, a las puertas del debate - EFE/ BALLESTEROS
Elecciones Generales

Garzón y Herzog luchan por salir del ostracismo mediático

Tras no pactar con los emergentes, Podemos y Ciudadanos les han barrido del mapa político

MadridActualizado:

Alberto Garzón (Logroño, 1985) y Andrés Herzog (San Sebastián, 1974) candidatos de Unidad Popular-Izquierda Unida y UPyD, respectivamente, luchan en esta campaña por la visibilidad. Arrollados ambos por la fuerza de los partidos emergentes de su espectro político, Podemos y Ciudadanos, han visto cómo su campaña electoral apenas suscita interés mediático, lo que suele ser la antesala de unos pobres resultados electorales. Las encuestas indican que el primero sí tendrá representación parlamentaria, aunque pequeña, mientras que la amenaza de la desaparición se cierne sobre el segundo.

Uno y otro han quedado fuera de los debates de primera fila, un hándicap que han intentado superar con imaginación. En el caso de Garzón, y a pesar de no contar con el respaldo unánime de sus compañeros de filas, le favorece un hecho incuestionable: su organización, Izquierda Unida, dispone de una estructura en todo el territorio nacional, está acostumbrada a pisar la calle, tiene tentáculos en la mayoría de los movimientos ciudadanos y además sabe utilizar las redes sociales... UPyD, sin embargo, es una formación en descomposición después de la «opa hostil» lanzada contra el partido por Albert Rivera y la caída de su líder y fundadora, Rosa Díez.

Los mensajes de uno y otro apenas llegan, entre otras cosas porque sus discursos han sido fagocitados por los famosos emergentes, algo lógico por otra parte dado que tienen discursos muy similares; tanto, que si no llegaron a acuerdos para concurrir juntos a estas elecciones fue por cuestiones meramente personales. Y está demostrado que en estas situaciones los débiles, por mucho que nadie les pueda discutir la paternidad de las ideas, acaban siendo arrollados.

La campaña de Garzón pasa, además de por los mítines tradicionales o ruedas de prensa que de antemano sabe que tendrán poco eco, por ir a todos los medios de comunicación donde se le requiera, aceptar cada entrevista -en definitiva, cada posibilidad, por pequeña que sea-, para salir del ostracismo mediático que denuncia, con algo de razón. Es obvio que para llamar la atención cae en excesos -en el pasado debate a 9 de RTVE identificó corrupción con Monarquía, lo que ni siquiera Podemos hace-, dando una imagen algo «friki» y desdibujando el resto de un discurso del que se ha apoderado Pablo Iglesias, eso sí, asegurando que él, los de Podemos, representan la «nueva política».

Su equipo de campaña y aparato propagandístico es muy reducido -recortes obligan-, y en esas condiciones cobra una importancia excepcional exprimir hasta el final los recursos que ofrecen las redes sociales, donde el candidato de Unidad Popular-Izquierda Unida -hasta el nombre de la lista es difícil de recordar-, se mueve con soltura. En este aspecto es clave el grupo de jóvenes que trabaja sin descanso en este apartado y que mañana, tarde y noche bombardea con los mensajes de su líder, pensados para movilizar al sector de la extrema izquierda en el que esta formación tiene su caladero de votos.

En declive

El caso de Andrés Herzog y UPyD es más peliagudo. Con menos perfil público incluso que Garzón, ya que su antecesora Rosa Díez ha acaparado todo el protagonismo de la formación magenta esta legislatura, lucha como gato panza arriba para encontrar un hueco en los medios. Su discurso está centrado en la corrupción, pero ese es un argumento que utilizan ya todos los partidos de la oposición y no les hace visible. Pero lo peor de todo es que es incapaz de superar la imagen de que es un partido en decadencia, sin futuro, condenado a la desaparición si no consigue aunque sea un solo escaño.

También UPyD lucha en las redes sociales, y alguno de sus vídeos ha tenido cierto eco, como el que presentaba, en tono de broma, a su líder, como alguien «al que no conoce ni su padre», aprovechando la imagen de una embarazada... «A algunos les gustaría que esto fuera la realidad, que olvidaras mi nombre, incluso que no me conocieras», continuaba luego el verdadero Herzog. Lo malo para él es que a veces estos vídeos acaban retratando la cruel realidad.